A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Primum Non Noncere 10 de agosto de 2014 · Estimados, en vista de que nuestro vehículo de opinión semanal, diario El Universal, me ha "invitado" a reformular el verbo de la líneas que venia allí publicando, y que por razones de dignidad y convicción, he rechazado, hemos abierto esta nueva vía para seguir en contacto con mis lectores. Estaremos publicando aquí y en Tumblr bajo el titulo de Primum Non Noncere, continuando nuestra labor comunicacional . De antemano agradecemos su apoyo!...PRIMUM NON NOCERE (Primero no hacer daño) Presentacion

AGOSTO 10, 2014
PRIMUM NON NOCERE 
(Primero no hacer daño) 
Presentacion


 La tan comentada deshumanización de la medicina contemporánea, creemos, es
en parte debida al proceso de endurecimiento de la sociedad misma. Desde muy
tierna edad, el niño es enseñado con la palabra, el gesto y el ejemplo a ser
egoísta y a menospreciar o ignorar el dolor que no nos

duele: el de nuestros semejantes; y no menos importante, a la creciente
idolatría por el Dios Dinero y al embeleso ante lo visible y manoseable: el
bien terreno, suerte de canto de sirenas que nada vale, pero que nos desvía
sutilmente por rutas de degradación, en desmedro de los reales valores del
espíritu, invisible e intangibles, que propenden a la elevación del ser
humano induciéndole a una perenne búsqueda de la verdad.

Nosotros médicos, también humanos, no hemos sido invulnerables a los
dictados materialistas de estos convulsionados tiempos, donde la vocación de
servicio, el servir tan solo por la gratificación de servir, ha dado paso a
la ayuda subordinada al beneficio personal, económico o social. Las
actitudes transmitidas a la posteridad por el médico hipocrático, unos dos
mil quinientos años atrás, son perpetua invitación a meditar sobre la
tecnificada, altamente desarrollada y fría medicina de las recientes
décadas, que aunque muy efectiva cuando correctamente empleada, es
generadora también de daño cuando empleada sin rumbo y sin mesura o en
condiciones inadecuadas y que paradójicamente ha olvidado que el principio y
fin de su acción es el humano enfermo.

La fundamentación primordial de la actuación del antiguo asclepiades
radicaba el “Favorecer, no perjudicar”, que el hipocratista latinizado
tradujo como Primum non nocere: lo primero, no hacer daño, anteponiendo a su
tarea, la “regla del buen hacer”: “hacer lo debido y hacerlo bellamente”
según la formulación reseñada en “Sobre las úlceras”: hágase bella y
rectamente lo que así haya que hacer; con rapidez, lo que deba ser rápido;
con limpieza lo que deba ser limpio; con el menor dolor posible, lo que deba
ser hecho sin dolor…“

La medicina tal y como se ejerce en nuestros queridos y tan desasistidos
hospitales, en más que en menos dista de favorecer y no perjudicar por no
ser hecha bellamente, y que a fuerza de practicarse en forma inapropiada, se
ha trasmutado en escuela de distorsión de principios, en gestora de dolor e
insensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Ya no es más el médico como ente
asilado, quien decide como ejercer su oficio, ahora ello le es impuesto por
instancias superiores, tan frías y calculadoras como las estadísticas y que
nada saben de aflicciones. El proverbial desorden hospitalario, aupado por
una gerencia sin preparación, ignorante e incapaz, es responsable de una
"permanente carestía” aún en medio de abundantes recursos, que malgastados,
nunca alcanzan su objetivo: el sufrido paciente sea asegurado o indigente,
porque se quedan atascados quien sabe dónde en el camino…, la creciente
comercialización del oficio, la ligereza y el apuro implícitos en poder
atender más enfermos en menor tiempo, la inexistencia de mecanismos, como la
recertificación periódica, que obliguen al médico a estudiar en forma
cotidiana, la partidización excesiva y bochornosa de cuanta junta directiva
se nomine en los hospitales, colegios médicos y organismos federativos-del
todo ajena a los verdaderos intereses de la profesión-que los transforma en
entes de superficialidad y mediocridad supremos, que miran a una realidad
distante y distinta a la que el común de los médicos encaran, e imposibilita
la autodepuración del gremio. Ello y mucho más, ha ido socavando las bases
altruistas del oficio y limitando las posibilidades de un giro en la
dirección correcta. El “abstenerse de lo imposible” hipocrático ya no forma
parte ni deja lugar en la formación todopoderosa del médico moderno, que
hasta parece desconocer que hay un momento para la muerte y que pese a sus
esfuerzos, aquella, más tarde o más temprano, logrará su objetivo. y que en
ocasiones, más le valdrá pactar con ella en beneficio de un fin digno para
su paciente.

Formas de audacia más atenuadas se nos muestran a diario, cuando nuevos
procedimientos terapéuticos, de diagnóstico invasivo o modernas técnicas
quirúrgicas inundan el “mercado profesional”: y aunque sabedores como
sabemos, que es la regla el que no solo éxitos, sino también fracasos y
complicaciones dolorosas hagan su aparición, no parece importarnos mucho. Es
fácil comprender el que las indicaciones y efectos desagradables de un
novísimo procedimiento no sean aún del todo conocidos, pero pareciera privar
el supuesto de que “lo novedoso es óptimo” y que uno-debe-estar-a-la-moda so
pena de ser tildado de anticuado aunque no sepa con exactitud de que se
trata, por qué se hace y qué ha de esperarse…vale entonces recordar el
mandamiento de la prudencia : de aquellos nuestros sabios antecesores: “Lo
nuevo, cuya utilidad no se conoce, suele ser más alabado que lo tradicional,
cuya utilidad sí se conoce”. En nuestro pedantesco trajinar omnipotente,
hemos olvidado “el salvar la naturaleza sin cambiarla”, o el “atacar a la
causa del daño” o especialmente, el “educar al paciente en tanto que
paciente”, pues ante todo somos científicos-ciegos- que no atisbamos al
hombre tras la enfermedad. Es por ello que todos, como potenciales pacientes
que somos, debemos procurar estar bien informados y preguntar, exigiendo de
nuestros médicos respuestas comprensibles, directas y concretas, y no dudar,
cuando necesario, en obtener una segunda opinión, pues el arte es complejo y
extenso, y sólo un iluso podría imaginar que lo conoce todo. Y por nuestra
parte, nosotros los médicos no debemos olvidar que el educar a la comunidad,
es su única forma de defensa ante nuestras ligerezas y las de nuestros
empleadores.

El 1° de agosto fui informado por el Jefe de Redacción del Diario El
Universal de Caracas, suerte de censor antidemocrático, indicándome que
debía modificar el contenido de mis artículos o no podría escribir más…
Con la dignidad que mi insuflaron mis padres, me despedí cortésmente y ello
abrió una puerta cuando una ventana fue cerrada.  Este blog nace de la
bondad de mis hijos Rafael y Gabriela Muci y a ellos debo un reconocimiento
amoroso. Aquí trataré temas de política social siendo que estamos sometidos
en Venezuela a una dictadura militarista castro-comunista, pero también
incluiré temas de variada importancia y contenido, mis editoriales del
Boletín de la Academia Nacional de Medicina de Venezuela (ANMV), y algunos
artículos de mi autoría provenientes de la Gaceta Médica de Caracas, órgano
de la ANM fundada 1893 y por tanto la revista biomédica más antigua del país
que ha visto y sufrido los avatares políticos de nuestro país y nunca ha
sido descontinuada, así que ya vamos por el volumen 122.

Muchas gracias por contar con el privilegio de su visita.

Caracas, agosto de 2014.

Mis correos electrónicos son  <mailto:rafaelmuci@gmail.com>
rafaelmuci@gmail.com y rafael@muci.com

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