A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

sábado, 9 de septiembre de 2017

HOMENAJE AL DR. OTTO LIMA GOMEZ, EL MÉDICO DE CABECERA DE MI FAMILIA Y MIO DESDE LA INFANCIA HACE 55 AÑOS:

Carta a un médico venezolano, por Laureano Márquez
TAL CUAL24-05-2017


Ser médico en la Venezuela de estos tiempos es un acto de heroísmo y de amor, de ingenio y de creatividad para salvar vidas en medio de esta tragedia artificial llamada gobierno, que lleva dieciocho años destruyendo lo mejor de nosotros, lo más bueno, lo más noble, lo más sagrado
Querido doctor:
Quiero que sepas que los venezolanos estamos orgullosos de ti, que estamos clarísimos: sabemos que nuestros médicos son los mejores del mundo y los más humanos. En ningún otro lugar se ejerce la medicina como en nuestro país, en el que hasta en una piñata puedes tener una consulta ambulatoria con uno de los papás del amiguito de tu hijo. En Venezuela uno no va a una consulta impersonal, como hace la gente de otros países; aquí tu médico es tu amigo y conoces a su esposa y vas a la graduación de su hija; si lo encuentras en el mercado, pregunta por tu salud y averigua si te estás tomando la pastillita. Él no revisa tu historia porque se la sabe de memoria: la ha hecho parte de la suya y ves en ella los colores de todas las plumas fuente de sus años y los tuyos, porque la relación de un paciente con un médico en Venezuela es “hasta que la muerte los separe”. Tu médico envejece 

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11 jul. 2010
El Dr. Otto Lima Gomez, distinguido médico internista venezolano y profesor titular de la Escuela de Medicina J ...
contigo; podrá pasar de los noventa, como el Dr. Otto Lima Gómez, pero tu confianza en él no merma, porque lo hallas cada vez más sabio, más bueno y hasta más elegante; pero especialmente porque él sabe lo que tú tienes no a partir de los exámenes de sangre, sino del examen que hizo de tu alma en la mirada triste con la que entraste a su consulta y porque su mano en tu hombro es la mejor medicina. Estamos tan orgullosos de ustedes, queridos amigos médicos, tan conmovidos con su quehacer, que no hallamos las palabras exactas de gratitud en esta dolida hora en la que ustedes sacan las balas de los cuerpos de los hijos de esta tierra, caídos en una guerra a la que van con “un canto infinito de paz”.
Ser médico en la Venezuela de estos tiempos es un acto de heroísmo y de amor, de ingenio y de creatividad para salvar vidas en medio de esta tragedia artificial llamada gobierno, que lleva dieciocho años destruyendo lo mejor de nosotros, lo más bueno, lo más noble, lo más sagrado. Seguro que hay algo —los alumnos lo sabrán— en nuestras escuelas de Medicina que hace que quien salga de allí sea dueño de un alma especial, no solo plena de sabiduría, sino lo más importante: de sensibilidad y virtud. Es como si en una cápsula de Petri se hubiesen mezclado la ciencia de Razetti, la santidad de José Gregorio y el sentido de la justicia de Vargas. Ahí están los muchachos de la Cruz Verde, los estudiantes de Medicina, salvando, ayudando, sembrando vida donde otros se la roban. Son nuestros superhéroes, nuestros salvadores, nuestra certeza de que no toda esperanza ha sido arrebatada por la maldad, de que esta tierra es esencialmente de gente buena y solidaria, inteligente y pacífica, por más que el mal, la crueldad y el terror se hayan apoderado temporalmente de las riendas de nuestro destino envileciéndonos a todos; es “el vil egoísmo que otra vez triunfó”: Boves redivivo siembra de muerte los campos de Venezuela. En medio de esta debacle están ustedes, los médicos, más que ejerciendo la medicina, haciendo milagros. Junto a ustedes, las enfermeras y enfermeros, porque si el médico salva vidas, la enfermera salva al médico.
Querido amigo: gracias por dar la cara por la salud y recibir heridas de aquel de quien te vengarás salvando la vida de su hijo o la suya propia. Gracias por tu humanidad toda, por la santidad de tu vida cotidiana, por las causas que apoyas en los lugares más remotos, por actualizarte cada día en un país al que ya no llegan las revistas de medicina. Gracias por hallar un sustituto al remedio que no se consigue, o por dármelo tú mismo, aunque en ello se te vaya la vida cruzando el mar. Gracias por las consultas que no causaron honorarios cuando me suponías pelando. Gracias, pichón de médico, que saliste a una calle insegura a entregar tu vida salvando a tu hermano; ojalá que el que te arrolló siempre encuentre médicos y medicinas; ojalá que viva para siempre. Gracias, doctor, muchas gracias, que Diosito me le pague, como dicen nuestras abuelitas cuando salen de tu consulta. ¡Ah! y no te preocupes: Carujo, esta vez, también pasará, porque “es el hombre de bien el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra y seguro sobre su conciencia”.


¿QUIEN ES EL DR. OTTO LIMA GÓMEZ?
Internista,
Eminente profesor universitario, nace en Barinitas, Estado Barinas en 1924, hijo de Ángel Custodio Gómez y de Zoila Ortega de Gómez;
En 1941 es Bachiller en Filosofía y Letras en Barquisimeto y en 1948
Doctor en Ciencias Médicas de la Universidad Central de Venezuela,
Presidente de la Federación de Estudiantes de la UCV durante sus estudios;
1951 Postgrado en el Instituto Oswaldo Cruz y Hospital de la Santa Casa de Río Janeiro, Hospital Das Clinicas, Sao Paulo de Brasil y Hospital Rivadavia de Buenos Aires Argentina y
En 1952 Facultad de Medicina de París en diversos Hospitales: Necker. Enfants Malades, Broca, Bichat, Cochin, Saint Antoine y Pitié.;
Hospital Vargas de Caracas: Externo por Concurso 1944-46,
Interno 1947,
Médico Adjunto a los Servicios de Medicina 1949,
Médico Agregado 1950,
Jefe Encargado del Servicio de Medicina 1957,
Jefe del Servicio II de Medicina 1958-78,
Jefe del Departamento de Medicina 1960-70,
Presidente de la Sociedad de Médicos y Cirujanos,
Miembro de la Comisión Técnica y Fundador de la Revista Archivos del Hospital Vargas de Caracas.
1948-1949 Instructor de Clínica Médica,
1949-53 Agregado y jefe de Clínica, 1961 Titular,
1959-1970 Fundador y Primer Director del Curso de Postgrado de Medicina Interna,
1958 Miembro del Consejo de la Facultad,
1960-67 Jefe del Departamento de Medicina Escuela Vargas,
1972-75 Representante del Profesorado ante el Consejo Universitario UCV,
1979 Investigador en el Instituto de Psicología de la Facultad de humanidades y Educación UCV,
1986 Jefe del Departamento de Neuropsicología del Instituto de Psicología;
1999 Jubilación del UCV;
2000 Profesor Emerito de la Universidad Central de Venezuela.
Miembro Fundador de: ASOVAC, Sociedad Venezolana de Reumatología, de Alergología e Inmunología, Sociedad Venezolana de Hematología (Presidente), Sociedad Venezolana de Medicina Interna y de Hipertensión Arterial;
Miembro de: Internacional Society of Internal Medicine, Venezolana de Anatomía Patológica, Gastroenterología, Psiquiatría y Neurología, Medicina Humanística. Franco-Venezolana de Ciencias de la Salud,
Fellow of the New York Academy of Medicine.
Elegido Miembro Correspondiente Nacional Puesto #45 en 1993 de la Academia Nacional de Medicina con el Trabajo "Evaluación Neuropsicológica,
El Protocolo Luria-UCV y Electo Individuo de Número Sillón XXXIV en 1996,
Se incorporó con el Trabajo "Vigencia de la aproximación clínica al paciente, Análisis de 2000 historias clínicas" en 1997 con Juicio Critico del Dr. Augusto León y Bienvenida del Dr. Blas Bruni Celli.
Vicepresidente de la Junta Directiva 2002-2004.
Miembro Emerito de la sociedad Venezolana de Menopausia, Climaterio y Osteoporosis, honorario de la sociedad Venezolana de Neurociencias, American Association for the Advancement of Sciences y de la Sociedad Venezolana de Neuropsicología.
Condecoraciones:
Orden José maría Vargas, Andrés Bello, Francisco de miranda, Diego de Lozada, Libertador, Francisco de Vennanzi y José I Baldó.
Tiene más de 215 publicaciones tanto en Revistas Nacionales como Extranjeras. Libros: Las anemias en Venezuela, ¿Solo Medicina?, Normas y procedimientos de un servicio de medicina interna, Frente al enfermo, Dispersa, Propedéutica clínica médica, Elementos de psiconeurología, Introducción a la medicina psicosomática, Neuropsicología, El hombre, la enfermedad y la medicina, Sobre enseñanza de la clínica y teoría de la enfermedad y Archivos Médico-Psicológicos del Hospital Vargas (1965-1976 Editor). Ha dirigido seis tesis doctorales.



Elogio de la nueva muerte… El Hospital Vargas de Caracas: de la agonía al estado vegetativo persistente Rafael Muci-Mendoza


¨Yo no he visto que naide que se haiga muerto, haiga vivío otra vé¨.

González, [Provisiones, Cuba 1975].

¡Qué curioso…! Cuando ya era un provecto de 83 años escribimos el jueves 21
de noviembre de 1974 en el diario El Nacional sobre su estado crítico; ahora
cuando cuenta 129 años, es comidilla de La Patilla: ¡Similar enunciado 43
años más tarde…! y se dice así, como si nada hubiera pasado, como en efecto
ha sido…

Desluce paradójico que un ente agonizante por tantos años se resista a
morir y más aún que haya continuado dado frutos hasta hace pocos días a una
sociedad que le ha olvidado; no solo el Estado indigno, sino sus pacientes,
también tantos estudiantes de medicina y médicos que nos beneficiamos de su
pobre clientela para aprender, sin antes haber aprendido el significado de
agradecimiento, empatía y retribución.

Por ello me enerva cuando algunos deudores de sus favores me preguntan
mirándome desde arriba del hombro… Y, ¿cómo está el Vargas…? ¿todavía
pierdes tu tiempo yendo por allá…? ¿Cómo quieres que esté les respondo...?
Ya sus lacras no protruyen tanto porque esa institución señera de la
medicina nacional ya no está sola, sino que es acompañada sin distingos por
todos los hospitales públicos y hasta las clínicas privadas; aquellos ya en
proceso de descomposición cadavérica, y estas paupérrimas, en estado de
extremaunción donde hasta ha desaparecido el poder curativo de la esperanza
y la presencia del médico porque se han marchado de tanto no hacer nada
eficaz o por el derecho y la obligación de llevarse sus hijos a tierras
lejanas donde se respeten la vida, la inteligencia y el derecho al progreso
y el crecimiento...
¿Cómo es capaz de encontrarse agónico y de morirse tantas veces un
hospital…? Con sobrada justicia se ha aceptado que la salud no da votos, y
por ello, la única explicación radica por una parte, en la mala memoria de
los venezolanos y por la otra el efecto de la máxima perrada: el indecente
olvido a nuestros viejos y jubilados ya sean humanos o materiales.
Razonamiento: total, pronto se van a morir y no vale la pena gastar pólvora
en zamuro, y en razón de que la ganancia de los caimanes rojos si se
propusiera una nueva remodelación o puesta al día hospitalaria es apenas una
concha de maní, es por lo que más vale que nos empatemos en los negocios
lucrativos de las plantas eléctricas, los bombillos chinos,  el eje minero,
las construcciones fantasmas de Odebrech, o los infames Clap, porque este
despeñadero moral y económico nos ha llevado al florecimiento de los más
bajos instintos…

Tantas veces vemos cómo la lengua es el castigo del cuerpo cuando de
mentirosos e insinceros se trata, especialmente cuando al que hay que atacar
está en la acera de enfrente y no de la nuestra donde todo es limpio y
perfecto…

¨El país está en calma  mientras el sistema de seguridad social se
desmorona, los hospitales colapsan y la gente se desespera
buscando atención médica¨.

José Vicente Rangel. Los  hechos y los días. 10.08.1997.
¿Hasta dónde se puede desmoronar más sin alimentos, con medicinas vencidas
y sin registro sanitario procedentes de Cuba o India a precios de coltán o
uranio que es lo mismo que no tomar nada. Perdón, creo haber cometido un
error, estas medicinas tienen efectos colaterales perniciosos no conocidos
por los médicos cuando empleábamos drogas de laboratorios serios y no estos
otros de malintencionados alquimistas de pacotilla –léase cubanos-.
Leemos en la Biografía del Hospital Vargas (1961) del doctor Oscar Beaujon
Graterol (1914-1990), en su capítulo VIII, ¨Las dificultades se anuncian¨:
[Los hospitales nacen, crecen y mueren como los hombres. Indefensos al
principio, llenos de fallas en su infancia y titubeantes en sus primeras
andanzas, captan de los hombres su dinamismo, su fisonomía, sus maneras de
actuar y pensar, su esencia de ser útiles y se prolongan en el tiempo mucho
más que los hombres. Por los corredores del Hospital Vargas pasean
satisfechos los espíritus ambulantes de sus primeros ductores, y en la
historia se registran recuerdos imperecederos de los hechos y esfuerzos de
los hombres que vistieron su cuerpo, y de la mano lo llevaron, por el largo
camino de la Asistencia Pública].

     Mezclando lo inmiscible y confundiendo lo inconfundible...

Si comparáramos el insulto cerebral agudo en un ser humano con un cuadro
degenerativo del corazón o cerebro con aquel que regula un ente físico,
podemos asumir que el estado marasmático del Vargas se trata de un estado
vegetativo permanente donde existe un estado donde una resonancia magnética
funcional (RMf) mostraría oquedad donde debería materia noble cerebral en
cuyo, lo que significa que se encuentra ¨ funcionalmente decapitado ¨… Por
supuesto que siempre hay un flamante director de hospital, dúctil y
adaptativo, cuya función es sentarse a ver el paso del muerto, vale decir,
pagado para que no dirija ni cambie nada so pena de ser considerado ¨enemigo
de la revolución¨, despedido ipso facto y lanzado a la jauría…

Volvamos al ser humano, luego de un accidente cerebrovascular agudo (ACV),
algunos pacientes se recuperan bien, pero otros no se recobran de inmediato
sino que pasan a un estado vegetativo o situación en la cual el cerebro (la
parte del encéfalo que controla el pensamiento y el comportamiento) no
funciona, pero el hipotálamo y el tronco o tallo cerebral (las partes que
rigen las funciones vitales, como los ciclos de sueño, la temperatura
corporal, la respiración, la presión arterial y la frecuencia cardíaca)
siguen funcionando. Por lo tanto, una persona en estado vegetativo puede
abrir los ojos pero por lo demás, no responde a la estimulación de manera
significativa, no puede hablar y no tiene conciencia de sí mismo o de su
entorno. Lo hemos resumido en la diapositiva que sigue…

Desde esta situación el sujeto puede reganar la conciencia dentro del
primer mes de la injuria; si no lo hace después de ese tiempo, se le llama
estado vegetativo persistente y las posibilidades de recuperación disminuyen
en la medida que más tiempo pasa.  Si el enfermo no muestra signos de
conciencia en un período de un año después de un evento traumático o tres
meses después de una lesión vascular o producida por hipoxia o falta de
oxígeno, las oportunidades de recuperarse se aproximan a cero y entonces la
situación es llamada estado vegetativo permanente. En muy raros pacientes
existe recuperación luego de este tiempo.

MI querido Hospital Vargas por infortunio se encuentra en esta difícil
situación. Ahora bien, imaginemos que la medicina progrese tanto en los
próximos decenios que el cerebro de los enfermos con estado vegetativo
permanente puedan ser manipulados y puestos de nuevo a funcionar con
procedimientos de salvamiento como empleo de células madre, de esas llamadas
mesenquimales primitivas que son multipotenciales o capaces de transformarse
en otras células; tienen morfología de fibroblastos y se originan a partir
de una capa germinal llamada mesodérmica, que tienen la capacidad de
diferenciarse en diversos tipos de células, incluyendo neuronas (células
nerviosas), osteocitos (células óseas), condrocitos (células del cartílago),
adipocitos (células grasas), y otros nombres complicados... Se
reconstituiría el cerebro, volvería a la vida con nuevo equipamiento…
Entonces volvería a existir y funcionar con ímpetu de primavera pero quizá
yo ya no esté allí para verlo: se encontraría con médicos de buena voluntad
y preparados para el nuevo desafío, dispuestos a rehacer lo destruido y a
recuperar el tiempo perdido, a enseñar a jóvenes estudiantes cómo hacer una
buena medicina donde se respete al semejante y se le trate con ciencia con
conciencia, volvería la seguridad al área roja donde se encuentra, se
reavivarían los posgrados e inclusive volverían fellows de otros países, y
el sabio Vargas en su mutismo centenario mostraría una sonrisa de
satisfacción…
PS: Por cierto, el Hospital Vargas, NO se llama Hospital José María Vargas,
solo VARGAS, a secas…