A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Carta abierta del Dr. Rafael Muci-Mendoza, a Germán Sánchez Otero, Embajador de Cuba en Venezuela

LA PROTESTA MILITAR blog

SAMMY LANDAETA MILLÁN


miércoles, 17 de junio de 2009

Carta abierta del Dr. Rafael Muci-Mendoza, a 

Germán Sánchez Otero, Embajador de Cuba en 

Venezuela


Carta abierta escrita por el Dr. Rafael
Muci-Mendoza, médico
venezolano y Profesor de la Escuela 
de Medicina de la Universidad Central de
Venezuela, al Embajador
cubano.

Excelentísimo señor Embajador:
Debería usted bien conocer que es de ética 
elemental el que
un embajador no se inmiscuya en los asuntos 
internos del país
que le acoge como huésped. Sus insolentes 
declaraciones
sobre los médicos venezolanos, me obligan 
moralmente a
enmendarle. El "sistema de valores" que usted nos 
endilga, según
el cual 'nuestra intención al estudiar Medicina es 
obtener un
título y una acción en una clínica privada', además 
de insultar 
nuestra dignidad, con aviesa intención nos expone 
al desprecio 
público y nos desacredita ante nuestros enfermos; 
después de 
todo, somos sus médicos y con sus miserias todo 
cuanto poseen.



















Germán Sánchez Otero, Embajador de Cuba 
en Venezuela
durante los sucesos de Abril del 2002.
Licenciado en Sociología, profesor titular de la Universidad de 
La Habana y profesor investigador en Chile.Tiene publicados 
diversos ensayos, reseñas, prólogos y artículos históricos y 
sociológicos.

Usted emplea el procaz lenguaje del Presidente de acá, para
dividirnos en 'oligarcas' y 'proletarios', epítetos éstos dichos para
agraviarnos y que nunca antes nadie utilizó. Siendo antitípico
hablar en primera persona, debo expresarle que, como muchos
de mis colegas y aunque a usted le duela, recibí, en LIBERTAD,
una excelente formación moral, ética y académica que coloca al
paciente como principio y fin del acto médico, paradigma que
he tratado de inculcar a mis numerosos alumnos.

Yo, como tantos, por cerca de 40 años y por un magro sueldo,
he trabajado con tesón la mitad del tiempo en un hospital público,
a costo subsidiado con nuestro ejercicio privado. Este último lo
hemos ejercido como profesión liberal en clínicas privadas, en
LIBERTAD, con honestidad, mística y orgullo.

Pero además debe usted saber que en lo personal he visitado Cuba
en tres ocasiones. No lo hice por curiosidad o turismo, y le
confieso que no conozco Varadero. He sido y he continuado
siendo un invitado de sus médicos, y respecto a ellos, nunca hice
uso de cuanto vi u oí en su país.
Su irritante intromisión me indica que es tiempo de hacerlo.
En mayo de 1993, cuando su gobierno al fin dio a conocer al
mundo la epidemia que, a pesar de sus adversas consecuencias,
había mantenido en secreto desde 1991 y amenazaba con dejar
en la umbra visual a más de 40 mil sufrientes, formé parte de una
misión humanitaria que visitó la isla. En compañía de colegas
cubanos y de diversas procedencias, examiné personas
afectadas, ayudé a definir el paciente-tipo y a esclarecer las
causas de lo que se dio en llamar Neuropatía óptica Cubana,
y que en resumen a despecho de que se haya invocado
un factor multifactorial fue trasfondo de miseria y hambre. En
cinco ocasiones me reuní con su Comandante para discutir
estrategias diagnósticas de la epidemia, hoy por cierto trocada
en endemia. En una de estas reuniones, y aunque parezca
una pretensión el decirlo, una de mis colegas cubanas dijo
públicamente que la neuro-oftalmología cubana se dividía
en dos períodos, antes y después de las visitas docentes
del doctor Muci.
A pedido de su Señor, hice mi último viaje a Cuba. Les
comuniqué todo cuanto sabía; guiados de mi mano aprendieron
nuevas técnicas, mis diapositivas fueron copiadas, y mis charlas
vídeo, grabadas. No pedí nada a cambio. Mucho me fue
ofrecido, pero el olvido es traicionero. Una simple esquela
de agradecimiento me fue regateada.

Regresé con la satisfacción del deber cumplido y un rictus de
dolor al recordar la mirada famélica de mis colegas, trasunto
de hambre de LIBERTAD, hambre biológica, pero también
hambre intelectual al carecer de los instrumentos básicos para
adquirir conocimientos: libros y revistas científicas.

Mientras tanto, Cuba exportaba su revolución con los dineros
de un pueblo miserable. Pude apreciar allí dos clases de
médicos. Unos, 'los olvidados' a lo peor, distanciados del
partido comunista que ocupan los escaños más bajos
de la pirámide médica sin esperanzas de ascender. Ésos no
asistieron a mis charlas. En mi universidad asisten a mis cursos,
en LIBERTAD y por libre albedrío, quienes así lo deseen, sean
médicos, estudiantes y aún miembros de otras profesiones.
La otra clase, que llamaré 'la nomenclatura' los ubicados en el
vértice, tenían acceso a la escasa tecnología y eran celosos
guardianes de los libros, depositarios del poder que da
el conocimiento. Ésos, privilegiados del sistema, tienen acceso
a los banquetes, y viajan al exterior con dólares olvidando a
aquellos pobres colegas que se quedaron en casa.
La sociedad cubana es una sociedad triste donde se habla
calladito para no ser escuchados por el Estado policial, donde
se asciende siendo fiel y denunciando; en fin, trepando por sobre
las cabezas de otros. La medicina de avanzada que ostentan,
está apoyada en una ingeniosa propaganda, pero en realidad
es una triste farfolla.

Los delineamientos de su 'mar de felicidad' han encontrado
eco en un gobierno antinacionalista, formado por una chusma
precaria de talentos. Por ello, con la creatividad castrada y a
un coste de 1,3 millones de dólares diarios, prefieren buscar
'asesorías' y enviar enfermos a la isla. Su nulidad y estulticia les
impide tomar medidas de contingencia para ayudar a tanto
necesitado que clama en nuestros hospitales por la resolución
de sus problemas. Como usted declara, traer '1.500 profesionales'
de sus fábricas de médicos, es otro inaudito ejemplo de traición
a la Patria, de desnudez neuronal, un intolerable insulto, una
incomprensible medida si se toma en cuenta, por una parte, el
desempleo local y, por la otra, el que apenas son necesarios
menos de 59 médicos para llenar las medicaturas vacantes
para las que, estoy seguro, hay voluntarios. Las erradas políticas
de salud no son culpa de los médicos. Son exclusiva competencia
del Estado venezolano.

Hago mío el eco lastimero de mis pacientes y reclamo
para ellos el dinero que injustamente se le regala a ustedes.
Esos pobres seres han visto empeorar sus dolencias a lo
largo de cuarenta años de apatía, pero, a no dudar, ahora se
encuentran peor desde que 'el proceso' trata de rasarnos con
ustedes, por lo bajo. Hay en la isla de Cuba demasiados
aspectos que mueven a vergüenza y dolor, demasiados como
para que usted cínicamente nos censure.

Se puede engañar a alguien una vez, pero no a todos todo
el tiempo.
DR. RAFAEL MUCI-MENDOZA
C.I. 1.345.517

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