A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

sábado, 16 de agosto de 2014

Las famosas “misiones-milagro” son un negocio vil, ocho mil personas se graduarán de médicos en diciembre pero se desconoce el pensum que estudian ni han visto jamás a un enfermo; sostiene el conocido medico y pionero de la neuro-oftalmología en Venezuela.

El ABC de Rafael Muci-Mendoza – Académico de la Medicina

Es inexplicable  que  se remodelen 36 hospitales al mismo tiempo. Chávez es el factor patogénico por excelencia. Las famosas “misiones-milagro” son un negocio vil, ocho mil personas se graduarán de médicos en diciembre pero se desconoce el pensum que estudian ni han visto jamás a un enfermo; sostiene el conocido medico y pionero de la neuro-oftalmología en Venezuela.

Macky Arenas
MACKY ARENAS Mayo 27, 2011

Rafael Muci Mendoza: “Chávez es el factor patogenético por excelencia”
Es un valenciano internista, veterano de mil batallas al cabo de  sus 46 años enseñando el arte de la medicina en el Hospital Vargas de Caracas. En Estados Unidos, se comprometió con la neuro-oftalmología y trajo la especialidad a Venezuela. En 1.993 llevó a Cuba la inesperada noticia de que la alimentación deficiente era la causa de tan alta incidencia de ceguera en la población.  Es profesor universitario y dice haber incursionado “como diletante” en el periodismo científico, cuando la verdad es que sus numerosos escritos, recopilados en un libro que tituló “Primum non nocere, Primero no hacer daño”, se lee con la admiración de un principiante. Las casi mil páginas cuentan sus vivencias en el Hospital Vargas y es fácil reconocer, no sólo al  sabio profesional, sino una vocación casi religiosa por hacer el bien. Desde su minúsculo consultorio en la Clínica Avila y tras despedir al último paciente, nos recibió su figura de aspecto bíblico en impecable bata blanca. El trato cortés  parece formar parte de la memoria de una extinta época de caballeros de fina estampa. Ahora habla para los lectores de ABC de la Semana.
_ ¿Cómo se lidia con la violencia sin control es este país  a partir de un sistema de salud tan deteriorado?
_ Incide hasta en la resistencia de la gente a enfermarse. Hace unos meses publiqué un artículo “El factor patogenético”. Patogénesis significa la creación de la enfermedad y razoné que Chávez es el factor patogenético por excelencia, el mayor productor de enfermedad que hay en este país. Me parece que todo esto ha sido un plan muy bien diseñado.

¿Se trata de algo deliberado?

_ Por supuesto, al menos en lo que atañe a los hospitales. No es posible que, de repente, a alguien se le ocurra remodelar 36 hospitales al mismo tiempo, con el trastorno que ello  implica para el trabajo en cada uno de ellos. La del Vargas lleva 4 años. Se han robado los presupuestos tres veces y eso a nadie le duele. Tengo toda una vida en el Hospital Vargas y, dadas las cosas, pensé que un día encontraría un guardia nacional parado en la puerta impidiéndome el paso. Pero optaron por otra estrategia: primero destruyeron la emergencia y los pabellones. Como consecuencia, los cirujanos no pueden operar y muchos optaron por irse. Otros se quedaron y comenzaron a operar en el Hospital Militar cuando les daban oportunidades de hacerlo.

_  ¿Y qué pasó con los estudiantes?
_  No tenían cómo hacer clínica quirúrgica. Se han refugiado en la Sala de Medicina, junto a nosotros. Eso les permitió conseguir otro objetivo: destruir la mística hospitalaria. En otras palabras, se fueron al corazón del asunto. Lo mismo ha ocurrido en numerosos hospitales, no sólo en el Vargas.

_  ¿Y los pacientes?

_ No les importó para nada su suerte. Yo hago neuro-oftalmología. Somos la única unidad que se ocupa del problema en personas de bajos recursos. Muchos tienen tumores y si no se operan el paciente se queda ciego. Para lograr ser operados, a veces tienen que pasar tres meses esperando cupo en el hospital.
_  Eso parece ser muy cubano-castrista, agotar a la gente, desesperanzar y lograr por esa vía la resignación…
_  Es un agotamiento a todo nivel. Si usted ha tenido alguna vez una persona hospitalizada sabrá lo que eso significa, así sea por pocos días. Es tremendo el trastorno causado a las familias y si el paciente se va pierde el cupo, pues probablemente habrá 30 o 40 esperando.

Rafael Muci Mendoza

_  ¿Será por eso que la gente es remitida a las famosas “misiones-milagro” y enviadas a Cuba?

_  Eso es un negocio vil. También forma parte de enaltecer al médico cubano, mientras se refuerza la matriz de que los venezolanos somos los médicos malos y materialistas, que sólo nos preocupa el dinero. Es verdad que hay mucho de eso en todas partes, pero no somos todos, ni siquiera la mayoría. En nuestros hospitales hay médicos que han dedicado y dedican su vida a la profesión. El mensaje detrás de todo esto es que no servimos, lo que golpea en lo más sensible la moral médica y eso no puede ser sino deliberado.

“DEDICAN EL ESFUERZO AL ADOCTRINAMIENTO POLITICO”

¿Cuán grave es la fuga de talentos?

_  Se calcula que 8 mil médicos han emigrado.

_ ¿Y el relevo de ellos?

_  ¿Cómo van a meter en aulas a 8 mil personas para adiestrarlas en seis meses, que se van a graduar de médicos en el mes de diciembre? ¿Cómo puede ser eso? Nunca han hecho una historia clínica, que es herramienta fundamental del médico. Nunca han visto enfermos. Han dedicado el esfuerzo al adoctrinamiento político, sin importarles la vida de estas personas ni el engaño a que las someten. ¿Cómo evaluarán a un paciente? Es por eso que reaccioné. No voy a cohonestar esta situación.

_ ¿Y qué dice la Facultad de Medicina?
_ Está llena de gente de izquierda y favorecieron el que estas personas fueran a los hospitales.

_  Pero al menos llegarán con cierta preparación… ¿qué hacen en los hospitales?

_  No tienen preparación alguna, al menos conocida. Son alumnos de algo que llaman MIC, esa cosa “integral comunitaria” que inventó Chávez. Son 8 mil personas que estudian 6 años pero nadie conoce el pensum. ¿Cómo puede uno evaluar y avalar a alguien en esas condiciones? No puedo aplicar el parámetro de mis alumnos, quienes entran por la Facultad de Medicina y pasan trabajo, estudian muchísimo, hacen guardias. Es otra cosa. Estos otros no sabemos qué es lo que hacen.

_ ¿Ni siquiera van al Vargas a hacer pasantías?

_ Dicen que fueron, pero yo nunca los llegué a ver. Un día me presentaron a 3 de ellos, no tan jóvenes como mis alumnos, que llegaron a la sala de pacientes a los que pasábamos revista. El que los trajo me dijo: “Mire doctor, ellos van a estar aquí, pero como convidados de piedra, ellos no van a hablar ni a preguntar, sólo verán y tomarán nota”. Yo saludé amablemente y noté que, en efecto, cada uno tenía una libreta. A mí me cayó muy mal aquello puesto que nadie me había informado. Luego el jefe de servicios se excusó, pero le aclaré que no iba a tolerar semejante cosa, no por rechazarlos, sino porque al aceptar esa situación automáticamente estaba avalando su preparación para ir a un hospital. Yo me niego a participar en farsas.

"Mi deber es con mis pacientes humildes”...
Probablemente ellos están engañados…
_  Seguramente, pero no puedo aceptarlo, incluso hasta por ellos mismos. Uno no puede ser médico tan sólo porque resuelve serlo. Hay condiciones, evaluaciones previas, hasta la edad cuenta para comenzar una carrera tan compleja y muchos de ellos no son jóvenes.  Todas las escuelas de medicina han tenido filtros. Yo entré en el año 1.955 y éramos 650 estudiantes en la facultad de medicina. Ese mismo año aprobamos sólo 400, el 10%, y terminamos graduándonos 35. Ello quiere decir que hubo filtros a lo largo de toda la carrera que iban dejando en el camino al que no servía para ser médico. ¿Cómo abrir un curso de medicina sin tan siquiera examen de admisión?

_  ¿Qué hospital que se respete aceptaría médicos con esas características?

_  Ningún hospital se va a respetar porque le van a poner la mano a todos. El problema no es para gente como yo, que tengo casi medio siglo en servicio; el problema es para los que vienen en reemplazo. Nos jubilan…¿y qué pasa con los que entran? No hay dinero para abrir plazas.  ¿Qué joven puede trabajar por BsF 1.300 como instructor en una universidad?

_¿Eso es lo que usted gana?

_  Así es. Es un sueldo miserable, ofensivo. Que uno lo acepte es otra cosa. Hay razones románticas que no puedo esgrimirlas ante otras personas. Yo me enamoré del hospital en lo que llegué. Quería ser el mejor médico clínico del mundo, imitar a esas grandes figuras que nos enseñaban, entregar lo mejor de mí a los enfermos. Al principio me dediqué a tiempo completo al hospital, sin atender a quienes recomendaban abrir un consultorio privado. Luego tuve que hacerlo y repartir, como desde entonces lo hago, las mañanas en el hospital y las tardes en el consultorio.

_ ¿Qué enseña usted allá?
_  Soy profesor de Clínica Médica. Enseño el arte de la historia clínica, cómo relacionarse con el enfermo, como extraer detalles que hacen las verdades de un diagnóstico, lo que admiré toda la vida. Ello incluye el humanismo en medicina, el tener presente que los pacientes no son números, sino personas.

_  ¿Cómo se mantiene la dinámica en el Vargas, cuándo cualquier hospital en el extranjero merece recursos que se  niegan a los nuestros?

_  Se mantiene porque muchos de los que estamos allí pudimos vivir esa etapa en que formamos una clientela privada que sostenía nuestro trabajo de servicio público. Así es como funciona. No somos ningunos “José Gregorio Hernández”, pero nos importa dedicar nuestro tiempo a quienes no pueden pagar una medicina costosa. Además, en un hospital uno se enfrenta a la heterocrítica, colegas que cuestionan lo que uno hace y eso enriquece permanentemente; también a casos muy difíciles, como ocurría antes, donde se ponía  a prueba la pericia, la mística, la capacidad de aprendizaje y el esmero en llegar a los diagnósticos. Ahora, en el Vargas sólo hay enfermedades infecciosas, cánceres terminales y uno que otro diabético. Esa es la clientela del hospital Vargas hoy en día, un muestrario de las enfermedades del desamor.

_   ¿O del abandono?

_  Enfermedades producto del abandono, del desafecto, de la desnutrición.

¿Estaremos llegando nosotros a ese extremo de causalidad entre mala alimentación y ceguera que usted una vez denunció en Cuba ante el propio Fidel Castro?
_ Por el camino que vamos es posible. Ahora se reparte comida por aquí y por allá. Pero en Cuba se llegó a un momento, ese que llamaban “período especial”, en que al cubano cada día le exigían más y más sufrimiento, hasta que la gente empezó a enfermarse y a perder la visión. Ellos vendían que la culpa era del “imperio”, que les habían metido un virus, todo un embuste que se fraguó. Como aquí, con este gobierno, que todo lo basan en la mentira y el engaño más descarado.

_  ¿Cómo entonces pretenden en Cuba curar la vista a los venezolanos?
_ Todo es propaganda, puro efectismo. Es una barbaridad, no tienen controles. ¿Cómo puede usted entender que tengan un paciente hospitalizado 3 y 4 meses para operarle unas cataratas? Y nosotros, mientras tanto, pagando desde aquí.
_  ¿No es frustrante para ustedes, por mucho espíritu de sacrificio que conserven, ver nuestros hospitales decaer  en medio de la impotencia?

_  Es necesaria una gran dosis de masoquismo para tolerar eso. Yo entro al hospital dando los buenos días. Si tengo suerte, me responden. Pero estoy resuelto a que los daré, me contesten o no, puesto que eso me enseñaron en mi casa. Luego, el rebaño de gente que pulula sin orden ni concierto. En ocasiones, le confieso que siento todo en mi contra. Pusieron en un pasillo una agencia de un banco, cajero incluido, que interrumpe por completo la circulación. Cuando, finalmente, logro llegar a mi Sala lo primero que encuentro son seis o siete gatos.

“ESTERILIZAN LAS GATAS”
¿Gatos en un hospital???

_ Si, cantidades. Hay un letrero que dice: “Las últimas cirugías que se han hecho en el Vargas son para esterilizar las gatas”, con todo y foto. Será porque proliferan los ratones que hay tantos gatos. Después que uno pasa los gatos, aparece una gran zanja que abrieron hace como dos años, no se sabe para qué propósito, pero allí sigue. Por fin llego a mi Sala y están esperando mis pacientes y alumnos…hasta que se acaban los pacientes y me voy.

_  Pobres pacientes los suyos si caen en otras manos…

_  Me gusta atenderlos y me gusta enseñar a los alumnos. Qué agradable debe ser para un paciente decir “yo tengo mi médico en el hospital Vargas”, que me atiende, que me conoce, que me trata bien. Yo no dispongo de secretaria ni enfermera. Todo lo hacemos entre los mismos médicos. Eso enseña. Nacimos con demasiados privilegios, nos dieron buena educación, buenos ejemplos, estudiábamos a tiempo completo, sin necesidad de trabajar. Eso debe ser devuelto a la sociedad. Mi deber es con mis pacientes humildes, que se aterran cada vez que circula la especie de que yo pueda irme del hospital. Yo estoy allí, como quien dice, atrapado y sin salida. Con la única ventaja de que disfruto mi trabajo y hago que mis alumnos aprendan a disfrutarlo. Bromeo con los pacientes para relajarlos un poco. Pero todo lo que necesito para mis cursos lo llevo yo. En el hospital jamás me han preguntado “Doctor Muci, ¿usted necesita algo…?”

_ Por lo que se ve, las clínicas privadas van por esa línea…

_  Claro, aquí estamos por ahora. Al gobierno no le conviene acabar con esto porque no hay otra cosa. Pero se sienten los efectos, todas las clínicas están atiborradas de gente. Los pacientes ya no pueden ir a los hospitales. Además, está la perspectiva de los 8 mil médicos que van a salir a la calle,  a tomar los puestos que debían tomar mis alumnos. Ellos hicieron las cosas como se deben hacer, pero seguramente estarán en alguna “lista de Tascón” y quedarán fuera por “escuálidos”. ¿Qué va a hacer un muchacho en esas circunstancias? Tendrá que irse, no porque quiera sino porque no le quedará otra opción. En otras partes serán bien recibidos pues están excelentemente preparados. Volvemos al principio: esto es una estrategia calculada para que todo termine así, con la mística médica perdida, los hospitales en el suelo y el personal competente abandonando.

_ ¿Qué pasará el día en que usted deje el hospital, que inexorablemente llegará?
_  Se acabará eso porque ¿quién va a querer una herencia de trabajo donde no te pagan? Es obligación y es frustrante porque no puedes dar a tus pacientes lo que sabes que necesitan. Allá se piensa hasta a la hora de ordenar una resonancia a un paciente porque primero hay que considerar: “¿Cómo va este pobre ser a pagarla?”.-
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