A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

domingo, 24 de agosto de 2014

La defensora del pueblo, Gabriela Ramírez, no ha tardado en reaccionar ante el llamado de la red pública de hospitales y clínicas privadas que han pedido medidas urgentes frente a la crisis de la salud.

¿A quién defiende la defensora?

La Defensora del Pueblo, Gabriela del Mar Ramírez
La defensora del pueblo, Gabriela Ramírez, no ha tardado en reaccionar ante el llamado de la red pública de hospitales y clínicas privadas que han pedido medidas urgentes frente a la crisis de la salud. Los directivos de la referida red han descrito las penurias por las cuales pasan las instituciones a su cargo, y los terribles aprietos de los enfermos de gravedad que acuden a sus sedes, para solicitar una declaratoria de emergencia sanitaria.

El gobierno debe considerar la prioridad del problema que plantean y proceder de inmediato, concluyen los voceros. Como parte del gobierno, la defensora del pueblo salta a la arena para ver cómo colabora desde su alto cargo.

Pero, ¿cómo ha sido la colaboración de la defensora del pueblo? Pide que el tema no se convierta en trajín político. Es un asunto sanitario y eminentemente especializado que no debe salirse de su cauce, afirmó. No es un asunto que competa a los políticos, sino solo a los funcionarios ministeriales que llevan a cabo un diálogo con los responsables de las clínicas.

Aunque hay crisis, aunque faltan muchos insumos y crecen los riesgos de los pacientes, reconoció, parece desproporcionada la declaratoria propuesta por los interesados. En suma, propone que se deje el cacareo y se esperen los resultados del trabajo que lleva a cabo el ministerio respectivo, cuyo titular “está haciendo un gran esfuerzo”.

¿A quién defendió la defensora en esta ocasión? No la emprendió contra los portadores de los reproches debido a la magnitud del problema que plantearon, imposible de ocultar, imposible de minimizar ante los ojos de la ciudadanía, pero tampoco se detuvo en la seriedad de sus planteamientos y en la justicia que reclaman en medio de la angustia. Prefirió hacerles un quite al ministro del ramo y a sus burócratas, como si no fueran los responsables del precipicio en el que se encuentran los asuntos de la salud colectiva. Prefirió llamar la atención sobre la existencia de un diálogo que arreglará las cosas, sin soltar siquiera un mínimo reproche sobre la incuria de un gobierno que ha provocado terribles urgencias, o aún la posibilidad de la muerte de numerosos venezolanos.

Pero la defensora no ocupa su cargo para defender al gobierno. No está en su despacho para ser el escudo de un ministro. No le pagan el sueldo para que le haga propaganda a un supuesto diálogo que producirá una próxima lluvia de medicamentos y de instrumentos para salvar la vida de la gente. Sus funciones no la obligan a mirar desde las alturas las penalidades de la población, sino exactamente a todo lo contrario.

Si considera en serio sus obligaciones, debe tomar partido por los portavoces de las urgencias populares, en lugar de distanciarse de ellos como ha hecho. Si sabe exactamente el papel que le corresponde de acuerdo con la ley y con el espíritu de sus funciones, debe hacer causa común con los reclamantes y presionar con seriedad al gobierno frente a una problemática ineludible.
Antes había declarado más enredada que un kilo de estopa entre obedecer los lineamientos ideológicos de su partido el PSUV y la realidad de Venezuela considerada como el país más inseguro del mundo:



  1. defensora del pueblo venezuela: sensacion de inseguridad

    www.youtube.com/watch?v=su0QacY5mSc

    23/7/2009 - Subido por Plasmatico
    DEFENSORA DEL PUEBLO VENEZUELA: SENSACIÓN DE INSEGURIDAD. ... dios mio sepan que estos k dicen lo mismo, lasensacion de inseguridad ... de Medicina Legal informó quesólo en los primeros 21 días del año  ...
Zapatazo del domingo 24 de agosto de 2014

El naufragio

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Me desperté pensando que necesitamos digerir mejor el descaro. No es fácil. Si hubiera una pastilla en contra de la desfachatez, además, de seguro ya tampoco la conseguiríamos en las farmacias. Pero sería ideal que alguien, al menos, tuviera un remedio casero. Por ejemplo: poner a hervir una rama de romero, un gajo de mandarina y una hoja de un libro de Krishnamurti. Colar con cuidado y agregar una ralladura de concha de ñame. Tomar siempre en ayunas. Necesitamos algo así. La mezcla de hiper inflación con hiper indignación es insostenible. Lidiar con la ineptitud, la corrupción y el autoritarismo es una cosa; lidiar con el descaro es mucho más difícil.
Gabriela Ramírez, quien cobra cada mes un sueldo por ejercer la “defensoría del pueblo”, dijo esta semana que la petición de declarar el sector salud en “emergencia humanitaria” le parece “absolutamente desproporcionada”. Reconoce que hay “algunas fallas” pero denuncia la “politización” del caso. Si Gabriela Ramírez tuviera una emergencia clínica en este instante de seguro no acudiría a ninguno de los hospitales públicos. Probablemente, además, tendría un trato privilegiado en cualquier institución privada. La noción de emergencia y de humanidad, para ella, es diferente. No necesita incluir al pueblo.
Esta semana, Delcy Rodríguez dedicó unos mensajes al tema de la moralidad y periodismo, refiriéndose al uso de bombas lacrimógenas en Missouri. Se trata de la misma Ministra que, aprovechando la existencia de algunas imágenes falsas, descalificó en general las denuncias sobre represión y uso y abuso de fuerza en contra de las manifestaciones recientes en el país. Para ella, lo que ocurrió en Ferguson es represión siniestra. Lo que ocurrió en Caracas fue solo una conspiración mediática.
El vicepresidente Arreaza, esta semana, declaró que aquel que haga críticas sobre las medidas que ha tomado el Presidente Maduro con respecto al contrabando es, por definición, o mafioso o desestabilizador. “De ellos hay que sospechar –afirmó–. Esos son los enemigos de la patria”. Es el mismo vicepresidente que cada vez que puede cita, invoca o habla de la democracia participativa y protagónica. Para él, la pluralidad solo es posible si no hay críticas. La diversidad le parece sospechosa.
Por no hablar de la inverosímil desvergüenza de darse un saltico a La Habana para celebrar el cumple de Fidel. Maduro tiene un país en crisis, sus 107 ministros y viceministros le han puesto el cargo a la orden, y él anda de paseo, quién sabe dónde, y termina después en una tenida personal, tan divertida y cordial, con el compañerito Castro. Como si en el país no pasara un carajo. Para él, la realidad no es un derrumbe. No hay alarma. No hay urgencias. No se preocupen. Por ahí, muy pero muy pronto, viene un sacudón.
El descaro es muy difícil de combatir. Siembra impotencia. Contagia una avasallante sensación de locura. Distribuye la idea de que cualquier debate es imposible, de que no hay manera de manejarse contra tanta hipocresía. Un tuit de Luis Carlos Díaz, esta semana, recordaba que la ayuda humanitaria a Palestina es menor que el gasto en compra de armas que el gobierno le ha hecho a Israel.
Mienten con naturalidad, con desparpajo. Ahora TVES es un canal revolucionario, alternativo que, por cierto, cada vez, se parece más a Venevisión. Muy pronto nos dirán que un show como el Don Francisco y una televisión se servicio público son la misma cosa. Mienten sin pudor, como si las mentiras no tuvieran consecuencias. Cuando comiencen a aparecer los renta huellas, los compatriotas que alquilen sus dedos en cualquier cola, Maduro entonces nos dirá que es culpa del imperialismo, de la burguesía, de las telenovelas o de Álvaro Uribe. Nos explicará seriamente que estamos enfrentado una nueva guerra dactilar.
En Días Malditos, su diario en Moscú y Odesa en 1918 y 1919, Ivan Bunin escribió: “Hay tanta mentira que uno podría ahogarse en ella”. Así estamos también ahora. Naufragando entre de palabras.

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