A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

sábado, 21 de marzo de 2015

Un 28 de febrero de 1871, Sigmund Freud a sus quince años escribía una esquela de la sociedad secreta "Academia Castellana" a su amigo Eduard Silberstein. Súbito, la nota tomó vuelo como queriendo salir por la ventana, quizás con la intención de que fuera leída en ultramar por un alma gemela que naciera en aquél momento en alguna parte de la vasta geografía de los países hispano hablantes, para que le diera forma a los semblantes que en la mente del gran terapeuta del futuro aparecían como ráfagas de una imaginación reveladora. Efectivamente, aquel destinatario anónimo nacía en ese momento en una casa perfumada por la floresta tropical en la hacienda "Las Dolores" conocida por todos hoy en día como Altamira, en Chacao, entonces un bucólico pueblo en las afueras de Caracas. Su nombre es Manuel Díaz Rodríguez, proveniente de un hogar canario para realizar auténticas postales literarias de su espacio y tiempo como nunca antes se vieron otras en lengua castellana.

Manuel Díaz Rodríguez: el hombre cosmópolis

SANTIAGO QUINTERO |  EL UNIVERSAL
martes 17 de marzo de 2015  12:00 AM
Un 28 de febrero de 1871, Sigmund Freud a sus quince años escribía una esquela de la sociedad secreta "Academia Castellana" a su amigo  Eduard Silberstein. Súbito, la nota tomó vuelo como queriendo salir por la ventana, quizás con la intención de que fuera leída en ultramar  por un alma gemela que naciera en aquél momento en alguna parte de la vasta geografía de los países hispano hablantes, para que le diera forma a los semblantes que en la mente del gran terapeuta del futuro aparecían como ráfagas de una imaginación reveladora. Efectivamente,  aquel destinatario anónimo nacía en ese momento en una casa perfumada por la floresta tropical en la hacienda "Las Dolores" conocida por todos hoy en día como Altamira, en Chacao, entonces un bucólico pueblo  en las afueras de Caracas. Su nombre es Manuel Díaz Rodríguez, proveniente de un hogar canario para realizar auténticas postales literarias de su espacio y tiempo como nunca antes se vieron otras en lengua castellana.

Médico de profesión desde 1891, cambió temprano el escalpelo  por la pluma del escritor. Sus "Sensaciones de Viajes" publicado en París (1896), que recoge sus impresiones en Europa y el exótico Oriente, le acreditan el premio de la Academia Venezolana de la Lengua al mejor libro del año. Al  siguiente (1897), aparece el revelador "Confidencias de Psiquis" donde de manera extraordinaria los personajes son psicoanalizados  dos años antes de que Freud publique "La interpretación de los Sueños" (1899) suceso que inaugura el Psicoanálisis en el universo de la naciente Psicología.

Díaz Rodríguez logra mezclar el parnaso estético de la palabra con el simbolismo profético en una especie de proto cinematografía en donde los personajes recorren los inusitados guiones llenos del colorido de sus vicisitudes y los destellos alucinantes de sus deseos. Así nacen sus "Cuentos de Color" (1899), donde los estados del alma protagonizan con su acuarela una secuela de relatos cortos donde se viven las sensaciones prismáticas de sus personajes, adentrados en el sondeo espeleológico de su mundo interior. Se reunirá al grupo  de la revista "Cosmópolis" que desde 1894 ya conforman Pedro Emilio Coll, Urbaneja Achelpoll y Pedro César Dominici. Encarnará en sí mismo el espíritu modernista y lo hará con la propiedad del hombre global, del hombre cosmópolis. Así entonces, se completará la generación modernista venezolana de 1898 al reunirse al grupo César Zumeta, Rufino Blanco Fombona, Eloy González, quienes ya escribían en la emblemática revista de Herrera Irigoyen, "El Cojo Ilustrado". El esteticismo de la prosa de Díaz Rodríguez es la búsqueda de la perfección mediante la traducción de la clave criptográfica de la evasiva belleza. Sus relatos con tramas sostenidas, comenzaban a preparar el camino para Ídolos  Rotos (1901), Sangre Patricia (1902), Camino de Perfección (1910). Sentimos los aires de Barrés y  D Annunzio atravesar cual brisa fragante sus cuadros narrativos, hasta aparecer  los efluvios de Nietzsche en "Peregrina o el Pozo Encantado" (1922) donde el autor vuelve sus ojos al hogar de sus querencias y  la tierra se quiere como el alma sembrada de vivencias que nutren la existencialidad. Sin embargo, el gran señor de las crónicas de viajes y los cuadros psicológicos, brindaría su postrer aliento en Nueva York, la cosmópolis de su quimera, en 1927. Así es el destino, para los espíritus que siguen abriendo caminos.

santiagoquintero@gmail.com

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