A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

jueves, 4 de junio de 2015

Juro por los Médicos y Esculapio, y por Hygeia y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mí juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento...¨: así comienza el Juramento Hipocrático que hacemos los que decididos, tomamos sobre nuestros hombros el cuidado del hombre enfermo.



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Elogio de quien mira adentro...

Rafael Muci-Mendoza



Nunca perdamos la esperanza ni la fe, Dios y la Patria están con nosotros,
pronto los venezolanos tendremos la medicina que nos merecemos...

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¨Juro por los Médicos y Esculapio, y por Hygeia y Panacea y por todos los
dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mí juramento será cumplido
hasta donde tenga  poder y discernimiento...¨: así comienza el Juramento
Hipocrático que hacemos los que decididos, tomamos sobre nuestros hombros el
cuidado del hombre enfermo. El fin milenario de la medicina fue simbolizado
por los antiguos griegos en las dos hijas de Esculapio (Asclepios), Dios de
la Medicina. Panacea representando la curación de las enfermedades en sus
vertientes de cuidar al enfermo, aliviar su dolor y retardar el advenimiento
de su muerte, e Hygeia o Hígia, en representación de la prevención y fomento
de la salud. La armoniosa relación entrambas constituyó para los forjadores
de la moderna medicina su desiderátum, y por tanto, el resultado final de
ella, siempre, necesariamente, confluía en un humano que sufre: el enfermo y
su circunstancia.

La vida no puede concebirse sin la maldad de la enfermedad y sin el aliento
mágico del médico, pero ser médico no se decreta ni puede manipularse
políticamente, requiere de inteligencia y compromiso, dedicación al estudio
y disposición para largas horas de trabajo donde la frustración está a la
vera del camino y hay que aprender a tolerarla, disposición para aprender un
nuevo lenguaje y al fin de la carrera haber acumulado cerca de cinco mil
nuevos vocablos. Cuando no se tiene salud poco puede hacerse, ya Herófilo de
Calcedonia (335-280 a.C.) de la Escuela de Alejandría, anatomista y médico
famoso definió la salud en términos helénicos, ¨La ciencia y el arte no
tienen nada que enseñar, el ánimo es incapaz de esfuerzo, la riqueza inútil
y la elocuencia ineficaz si falta la salud¨ Somos de ellos conscientes
porque la medicina moderna es una disciplina de elevado orden científico
pero también humanitaria. Lo que en sus inicios fuera arte como único
elemento, ahora reposa en una base científica de alta calidad, complejidad y
solidez.

La medicina interna, por la presencia del ser humano en escena impone una
condición inconmovible: el enfermo no es susceptible de fragmentación, posee
un cuerpo pero también un mundo interno subjetivo y un mundo externo donde
cuenta su familia y más allá, la sociedad. La medicina interna es la
medicina del adulto, desde la juventud hasta el senium: la senectud más
avanzada, desentrañando a la cabecera del enfermo el adentro sufriente,
mirando desde el afuera sapiente, trasladando verdades dolorosas desde el
recóndito interior al claror exterior; su herramienta principalísima es la
historia clínica, la comunicación de humano a humano disecando la queja con
ayuda del intelecto para hacerla patología reconocible, entendible y
tratable; la indicación de la moderna parafernalia de exámenes
complementarios, técnicas y aparatos, tiene que venir después y supeditada a
su juicio clínico; como corolario, sobrevendrá el tratamiento parco, eficaz
y oportuno, teñido de compasión.



En honda convivencia nos reunimos los médicos internistas venezolanos
durante la semana del 19 al 22 de mayo para celebrar el XXI Congreso
Nacional en homenaje al Maestro y mentor, doctor Herman Wuani Ettedgui, un
abridor de caminos, un sembrador de virtudes, y que tuvo como lema,
¨Promoviendo un estilo de vida saludable en Venezuela¨, sin duda una
plegaria a Hygeia; y como reza el saber ser, se inició el domingo 17 en la
Cota Mil con un maratón-caminata de 7 y 5 km respectivamente: el tiempo nos
fue benigno y jóvenes y viejos como yo, nos embrazamos a la salud en un
trayecto de más subidas que bajadas, de entusiasmo y endorfinas, pues nada
mejor para los pacientes que el ejemplo de presenciar el sudor de sus
médicos cuidando su propia salud, tan afines como somos a recomendar pero no
a recomendarnos.

En el Congreso se hizo énfasis en las obligaciones que sobre el internista y
otros médicos recaen: Frente al enfermo curar o aliviar su dolencia sin
agregar un ápice al dolor que ya trae; frente a la sociedad, procurar su
protección, y frente a sí mismo, estar en permanente perfeccionamiento así
que pueda atender sus funciones en la forma noble, oportuna y más eficiente
posible. Puedo decir que nuestra reunión en sí, fue para mí un bálsamo de
optimismo, de confianza en el futuro al presenciar las nuevas generaciones
enfrentando contra todo pronóstico pesimista, con coraje y decisión, las
embravecidas aguas de un gobierno maula e intolerante que cree poder
humillar al verdadero médico venezolano. Todos los subterfugios para
enterrar la medicina venezolana han sido vencidos y muestran un fracaso
llevado a sus extremos; pudo tal vez Cuba inventar que eran una potencia en
salud y vender su bazofia de médicos comunitarios a una bola de gobernantes
ignorantes y creídos, forrados de dinero ajeno, pero ya conocemos del agrio
sabor de la impotencia; la excelencia no puede ser enfrentada con fraude,
con chambonería ni con saltabancos ni aprendices de brujo, ni por
presidentes de colegios médicos vendidos al invasor cubano en acto de
traición a la patria y a sus colegas a quienes deshonran...


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De los estudios paralelos de medicina que oferta engañosamente el régimen,
egresan jóvenes contrahechos en series de miles, malformados y grotescos,
verdaderos fenómenos teratológicos, sin mínimo contacto con el paciente
durante su deformación, faltosos en conocimientos, constituyendo una bomba
de iatrogénesis (del griego iatrós, médico), de transmisión contagiosa de
enfermedades traídos a esta carrera -o a la carrera-¨médica¨, por estos
jóvenes engañados.

Bajo la égida de una junta directiva donde sobraban comprometidas más
mujeres que hombres, y en medio de la estrechez económica, contó con 2184
asistentes, 1813 participantes de los cuales 780 eran internistas, 327
conferencistas -todos menos uno, venezolanos- y 450 estudiantes, 180
trabajos libres y todos tuvimos una fiesta de conocimientos y fraternidad
impartidos con solvencia y desinterés. Aquellos que fueron nuestros
estudiantes alguna vez, bañándonos de genuino orgullo, nos transformaron en
sus alumnos, enseñándonos muchos aspectos del arte que desconocíamos y nos
actualizaron en otras pericias del clínico enmohecidas por el paso del
tiempo. Tenemos muchas reservas morales y científicas para recuperar todo
cuanto se ha malogrado, nunca perdamos la esperanza ni la fe, Dios y la
Patria están con nosotros, pronto los venezolanos tendremos la medicina que
tuvimos y que nos merecemos. Ayer el pueblo brioso salió nuevamente a la
calle a rescatar lo que fuimos, los políticos se quedaron con sus
pequeñeces, la renuncia del ilegítimo Maduro y su corte malandra debe ser el
objetivo de todos, ayer se inició el renacimiento y los votos de todos los
venezolanos terminarán de echarlos...

Finalmente todos los asistentes al Congreso de pie y con la mano derecha
abierta prestamos nuestro juramento,

Como médico internista venezolano, juro:

  Ejercer la Medicina Interna con excelencia, máximo respeto y
compasión por los semejantes, priorizando la visión integral del ser humano,
construyendo una relación médico paciente ética y terapéutica, y utilizando
la evaluación clínica integral, detallada y exhaustiva como la principal
herramienta  de trabajo.

·  Compromiso por mantener mi competencia profesional actualizada, para
ofrecer a mi paciente y comunidad los avances del conocimiento médico en la
prevención, promoción de salud, el  diagnóstico y tratamiento adecuado,
apegado a los principios fundamentales de la ética médica, del
profesionalismo y humanitarismo, que me impidan caer en la tentación del uso
irracional de la tecnología y del ensañamiento terapéutico.

·   Mantener como interés rector de mi práctica profesional, el cuidado
óptimo e integral de la población adulta - desde la adolescencia hasta la
senectud, con criterio de equidad y calidad, por encima de cualquier
beneficio económico o personal en el cumplimiento de mi deber.

·   Respetar y seguir  las nobles tradiciones, así como las normas y
reglamentos de la Sociedad Venezolana de Medicina Interna, participando
activamente en sus actividades académicas, científicas, sociales y de
investigación, orientadas a la formación profesional, educación de la
comunidad, mejoramiento de la calidad de vida de nuestra población adulta y
del desempeño del sistema nacional de salud.

Sentirnos siempre, ¡orgullosos de ser médicos internistas!¡Médicos
venezolanos y llevar muy en alto las enseñanzas de nuestros maestros!


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