A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

domingo, 29 de junio de 2014

Ramón J. Velásquez Su juicio crítico de la realidad contemporánea fue siempre atinado, desenvuelto con mesura...

Ramón J. Velásquez

Su juicio crítico de la realidad contemporánea fue siempre atinado, desenvuelto con mesura...

VICENTE CARRILLO-BATALLA L. |  EL UNIVERSAL
domingo 29 de junio de 2014  12:00 AM
Mis primeros recuerdos de Ramón J. Velásquez se remontan a los tiempos de mi niñez y adolescencia, cuando le veía con frecuencia en compañía de mi padre y de tantos amigos comunes, Otero Silva, Uslar Pietri, Miguel Moreno, Consalvi, Giacopini Zárraga, Iván Darío Maldonado, Caldera, Rómulo Betancourt. Más tarde conocí a Gustavo en las aulas del Colegio San Ignacio, punto de partida de una entrañable amistad y motivo de acercamiento a nuestras respectivas casas paternas. El intercambio se hizo más frecuente y prometedor; largas conversaciones, desdobladas de manera sencilla y amena, planteando interrogantes, a veces impregnadas de crítica constructiva, siempre estimulantes a nuestro espíritu. La historia nacional y la política contemporánea fueron temas predilectos de aquel repertorio que buscaba orientar criterios y contribuir a nuestra formación cultural y ciudadana.

Ramón J. Velásquez fue sin duda uno de los hombres más singulares de nuestro tiempo. Un hombre honorable, de sólidos principios morales, culto, inteligente, buen padre, amigo sincero, curioso de todo aquello que pudiese contribuir a una cabal comprensión de nuestra historia republicana, emprendedor, polifacético y de un inmenso sentido político que siempre supo desdoblar con acierto y sobre todo acentuada prudencia. Su juicio crítico de la realidad contemporánea fue siempre atinado, desenvuelto con mesura y apoyado en un conocimiento cabal no solo de la historia, sino también del carácter venezolano. Daba gusto sentarse a conversar con Don Ramón y aprender de sus crónicas impecables, nutrirse en su dilatada cultura y don de gente, de su estilo jovial, a veces sarcástico, severo también, agudo en el análisis del acontecer político del cual fue protagonista estelar. Y luego las recomendaciones para Gustavo y sus amigos cercanos; siempre vio en nosotros esperanza, potencial que cultivar y sobre todo proteger ante tanta acechanza que se veía venir en Venezuela.

Ramón J. Velásquez fue para mí un verdadero maestro, un consejero generoso que no tuvo para conmigo sino gestos de afecto y de fraterna devoción familiar. Solía leer y comentar mis ar- tículos de prensa, honor que me hacía y que me sigue sirviendo de orientación en mi quehacer literario. Recuerdo que perdura y que conservaré por siempre, como el privilegio de su amistad. 

Vcbl@cantv.net

Notitarde 28/06/2014 11:34:00 p.m.

Don Ramón J. Velásquez


Monseñor Baltazar Enrique Porras Cardozo
Desde muy joven tengo memoria de haber oído hablar del hijo de Don Ramón, "Ramoncito", porque mi tío Marco Antonio Porras se jactaba de la amistad que tenía con Don Ramón, con quien conversaba con frecuencia en las puertas del Diario Católico de San Cristóbal, periódico que le había sido confiado por Mons. Tomás Antonio Sanmiguel. El contacto con su obra histórica, indispensable para conocer mejor la Venezuela desde Guzmán a nuestros días, me llevó a conversar con él y descubrir a través del investigador, la calidad humana, la sencillez de trato y la agudeza para relacionar el pasado con el presente. Doy gracias a Dios por haberme honrado con su amistad y haber podido compartir deliciosas jornadas en las que me enriqueció con su sabiduría y sapiencia.

Don Ramón J., fue un tachirense universal. A sus afanes se debe esa mina de historia regional que es la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, al igual que muchas otras publicaciones más allá de las de su propia cosecha. Su serenidad de ánimo y ecuanimidad al juzgar los acontecimientos más controvertidos lo convertían en un auténtico maestro de la verdad, el bien y el diálogo. Su aporte a la vida pública como periodista, abogado, intelectual, investigador y político, es invalorable. Si tuvo enemigos se debió más a la mezquindad humana que a sus posibles deficiencias.
De profundas convicciones democráticas, fue también un hombre de fe y de convicciones religiosas profundas. Junto a Doña Ligia levantó un hogar donde se cultivaron las mejores virtudes ciudadanas y cristianas. Ni la envidia ni la arrogancia estuvieron presentes en su vida. Su sonrisa y bonhomía traslucía su paz interior, fruto de una ecuanimidad que no se encuentra fácilmente.
Doy gracias a Dios por haber gozado de su cariño y cercanía. Su vida, ejemplar en muchos campos, es testimonio del venezolano abierto, fraterno, apasionado por la justicia y por la verdad. Fue uno de los hombres sin tacha que transitaron por la Venezuela del siglo XX, modelo de hombre público probo y honesto. Es la mejor herencia que deja a los suyos y al país. Descanse en paz.

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