A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

martes, 27 de diciembre de 2016

En una proeza de alquimia y empatía sin igual, el joven escritor venezolano Diego Arroyo Gil ha logrado lo que bordea la magia: internarse en ese rico laberinto de historia, vivencias y experiencias existenciales de una de las más destacadas mujeres de nuestro siglo XX venezolano, Sofía Imber. El resultado es un libro de confesiones redactado en primera persona, sin que a quienes conocemos y amamos a esa extraordinaria mujer podamos distinguir donde comienza la personalísima voz de Sofía y dónde termina la brillante pluma de nuestro joven escritor. Sencillamente deslumbrante.


SOFIA IMBER

SRA. IMBER
GENIO Y FIGURA
Un conmovedor testimonio de la otra Venezuela, la grande, la inolvidable, la gran ausente.
Por ahora.
Antonio Sánchez García @sangarccs
A Adriana Meneses y Beatrice Rangel
En una proeza de alquimia y empatía sin igual, el joven escritor venezolano Diego Arroyo Gil, ya consagrado por su extraordinaria biografía de Simón Alberto Consalvi, uno de nuestros más prolíficos, cultos y lúcidos polígrafos, políticos y diplomáticos, ha logrado lo que bordea la magia: internarse en ese rico laberinto de historia, vivencias y experiencias existenciales de una de las más destacadas mujeres de nuestro siglo XX venezolano, Sofía Imber. El resultado es un libro de confesiones redactado en primera persona, sin que a quienes conocemos y amamos a esa extraordinaria mujer podamos distinguir donde comienza la personalísima voz de Sofía y dónde termina la brillante pluma de nuestro joven escritor. Sencillamente deslumbrante.
Sofía pertenece a esa pléyade de grandes figuras llegadas de lejos a construir la que llegaría a ser la pujante, moderna y fulgurante Venezuela del Siglo XX. Su vida no es sólo parte esencial del mapa de nuestra vida cultural y periodística, sino un reflejo de las grandes corrientes culturales, intelectuales, artísticas y pictóricas del siglo. Sólo la polvorienta y cuartelera mezquindad de la Venezuela de la barbarie impide que su nombre corone la más grande de sus obras: el Museo de Arte Contemporáneo, que desde su primera hasta su última piedra es obra única de su ingenio, su laboriosidad y su incomparable talento. Poseída de una voluntad, un buen gusto y un empeño invencibles, comenzó en un pequeño espacio sobrante de algunos metros cuadrados del Parque Central hasta ocupar hectáreas de esa maravilla arquitectónica y ese prodigio museístico que es nuestro principal espacio cultural. Ha de ser la más impactante obra de nuestra democracia, sin que le deba ni un suspiro ni al Estado ni al petróleo. Fue acompañada en esa aventura por ese extraordinario pensador que fuera Carlos Rangel, el más visionario y osado de nuestros intelectuales, y por una fiel cohorte de colaboradores. Pero en esencia, el museo de arte contemporáneo de Caracas, más allá de los atrabiliarios abusos del golpismo militarista, fue, es y será “el museo de Sofía”.
Los hijos del siglo podemos dar fe del insólito universo de grandes personalidades que se cruzaron en su prodigiosa existencia: desde ese maravilloso actor que fuera Gerard Philipe, al que aprendiéramos a admirar, adolescentes,  en Fanfan La Tulipe, hasta los minotauros de nuestra creación artística: Picasso, Neruda y tantos otros semi dioses de nuestra cultura. Se codeó con la flor y nata de la intelligentsia y la creación europeos de la posguerra desde Paris, la capital espiritual de la época, vivió el arte en sus entrañas y acumuló ese tesoro de conocimiento y sabiduría para  compartirlo con la Venezuela que despertaba de la catalepsia dictatorial y se hacía al ancho mundo de la contemporaneidad. Sus dos grandes amores dan fe de su grandeza: Guillermo Meneses y Carlos Rangel. En sus confesiones da cuenta de sus intimidades. Con ese desprejuicio, ese coraje y esa vida “a bout de souffle”, hasta el último aliento, como dicen los franceses. Sin parar mientes en prejuicios aldeanos ni temor a forzar la barra, actuando según los rigores y las apetencias de su conciencia, sin dar jamás su brazo a torcer: intransigente y auténtica, vertical, frontal, única, verdadera.
He comprobado la admiración de que disfruta en los círculos del pensamiento, el arte, la cultura y la política de América Latina. En la presentación del libro que comentamos, efectuado en un homenaje a su figura gracias al generoso mecenazgo del Diario de las Américas y del Miami Dade College, me han conmovido las palabras de Boris Izaguirre, de Carlos Alberto Montaner, del mismo Diego Arroyo Gil. Y conociendo de la profunda amistad que se profesan y ya ronda en una entrañable familiaridad de medio siglo, he disfrutado doblemente del puñado de canciones que Soledad, acompañada de nuestro querido Yasmil Marrufo,  fuera a cantarle en ese homenaje tan merecido. Eran los temas de amor y de lucha que solía cantarles en sus Buenos Días a Sofía, a Carlos y a sus invitados: Palabras de amor, Goettingen, el Polo margariteño. Y Gracias a la vida, que cantara por primera vez en el último aniversario de Buenos Días, cuando junto a Arturo Uslar Pietri cumplieran con el que ya se había convertido en un rito necesario: acompañar a Sofía y Carlos en los aniversarios de su afamado programa. Esa vez Carlos fue el gran ausente. Ya no estaba entre nosotros. Buenos Días llegaba a su fin. Despedido con lágrimas.
Un conmovedor testimonio de la otra Venezuela, la grande, la gran ausente. Por ahora.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Héctor González, escritor venezolano ganador de la Novela Digital en México El Premio Internacional Ink de Novela Digital 2016 se entregó en la XXX Feria Internacional del Libro de Guadalajara

JURADO COMENTANDO EL VEREDICTO
Las letras venezolanas estuvieron presentes en una de las reuniones literarias más importantes de Latinoamérica. Editoriales privadas y públicas presentaron sus novedades ante un público extranjero siempre curioso por las propuestas de otros países.
El Premio Internacional Ink de Novela Digital 2016 aprovechó los espacios de la feria para anunciar al ganador de este año, quien resultó ser Héctor Luis González por su obra Morir con mi nombre en las pupilas. El joven caraqueño de 27 años ha sido merecedor de numerosos premios, entre ellos, del Concurso Nacional de Cuento Arturo Croce (2014), Concurso Internacional de Escritura Creativa (2015), Concurso Internacional Distancia Breve (2016) y el premio Nacional de Literatura Stefania Mosca (2016).

Morir con mi nombre en las pupilas es un relato de las andanzas de un homosexual frente al pelotón de fusilamiento. En su discurso, da cuenta del último mes de vida de un país de podredumbre en Latinoamérica que se desangra desde cada esquina.
 
El personaje comienza un monólogo que retrata la desesperanza de una generación perdida entre las drogas y el sexo e inscrita en un régimen totalitario y homófobico. La obra sobresalió por su calidad y fluidez literaria para entramar un mundo caótico y alucinante y que describe a una Venezuela delirante.

Este certamen está enfocado al fomento de la lectura desde nuevos soportes. En esta edición concursaron 258 novelas. Los países con mayor número de escritores participantes fueron México con 97, Argentina con 39, España con 35 y Venezuela con 24; además, se recibieron textos de Israel, Suecia y Austria.

El jurado estuvo conformado por la escritora mexicana Ana Clavel, el narrador argentino Raúl Brasca, el novelista colombiano Daniel Ferreira y Geney Beltrán Félix, representante de la editorial Ink.
 
Con información de Boletines UAM. 
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El artista es el creador de cosas bellas...Aziz Efrain Muci-Mendoza lo fue...


El artista es el creador de cosas bellas.
Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte.
El crítico es el que puede traducir de un modo distinto o con un nuevo material su impresión ante las cosas bellas.
La más elevada, así como la más baja de las formas de crítica, es un modo de autobiografía.
Los que encuentran significados feos en cosas bellas están corruptos sin ser encantadores. Esto es una falta.
Los que encuentran significados bellos en cosas bellas son cultos. A éstos les queda la esperanza.
Existen los elegidos para quienes las cosas bellas sólo significan Belleza,
Un libro no es, en modo alguno, moral o inmoral. Los libros están bien o mal escritos. Esto es todo.
La aversión del siglo XIX por el Realismo es la rabia de Caliban viendo su propio rostro en un espejo.
La aversión del siglo XIX por el Romanticismo es la rabia de Caliban no viendo su propia cara en un espejo.
La vida moral del hombre forma parte de los temas para el artista; pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Incluso las cosas ciertas pueden ser probadas.
Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo.
Ningún artista es morboso jamás. El artista puede expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son para el artista instrumentos de un arte.
Vicio y virtud son, para el artista, materiales de un arte. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el músico. Desde el punto de vista de sentimiento, el oficio del actor.
Todo arte es, a la vez, superficie y símbolo.
Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo.
Los que intentan descifrar el símbolo, lo hacen también a su propio riesgo.
Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja verdaderamente el arte.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, compleja y vital.
Cuando los críticos difieren, el artista está de acuerdo consigo mismo.
Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.
Todo arte es completamente inútil.

domingo, 20 de noviembre de 2016

En la mitología griega, Fobos, del antiguo Φόßος (pánico), era la personificación del temor y el horror. Asimismo, Deimos, del griego Δειμος (dolor o pena) era la representación del terror. Ambos eran hijos de Ares, dios de la sangre y la guerra; y Afrodita, diosa del amor. El uno y el otro acompañaban a su padre, junto a las diosas Enio y Eris, en cada batalla.Como el odio y el amor, el miedo constituye uno de los sentimientos más universales, desde el punto de vista filogenético y ontogenético.


La comunicación del miedo


Zapata (27/05/2009) / Archivo
“Como el odio y el amor, el miedo constituye uno de los sentimientos más universales, desde el punto de vista filogenético y ontogenético”

En la mitología griega, Fobos, del antiguo Φόßος (pánico), era la personificación del temor y el horror. Asimismo, Deimos, del griego Δειμος (dolor o pena) era la representación del terror. Ambos eran hijos de Ares, dios de la sangre y la guerra; y Afrodita, diosa del amor. El uno y el otro acompañaban a su padre, junto a las diosas Enio y Eris, en cada batalla.
Según el DRAE, miedo proviene del latín metus “temor” y significa, en su primera acepción: “angustia por un riesgo o daño real o imaginario”. En términos psicológicos, el miedo es adaptativo, cuando afrontamos un posible daño real; pero puede ser irracional e imaginario, cuando no tenemos indicios seguros de que el acontecimiento se producirá.  
Como el odio y el amor, el miedo constituye uno de los sentimientos más universales, desde el punto de vista filogenético y ontogenético. Por una parte, el miedo al extraño o extranjero está registrado en los anales de la historia. Etnocentrismo y xenofobia han ido aparejados en el devenir de las sociedades. Por otra parte, el psicoanálisis de Melanie Klein identificó el miedo en el nacimiento y en el destete, cuando tememos perder el primer objeto del amor: el pecho de la madre. En general, en sus obras, Freud insistió en el papel del miedo a la pérdida del amor.
Desde el inicio biológico sentimos miedo a la aniquilación, es decir, miedo a la muerte. Este miedo sería la causa primaria de la ansiedad. Para algunos, este último es el catalizador de religiones y filosofías. Es decir, el miedo puede ser paralizante pero también dinamizador y generativo.
En otro campo del saber, el planteamiento sartreano establece una diferencia entre el miedo y la angustia. El primer sentimiento se genera ante la amenaza del daño que nos puede causar un objeto externo o un aspecto de la realidad. En la angustia sartreana, estos elementos no están presentes, ni tampoco algún motivo específico. En esta concepción, la angustia no es mero miedo sino miedo a uno mismo y a las decisiones y consecuencias concomitantes, en el entendido de que somos seres libres. La conciencia de libertad es una conciencia de responsabilidad. Lo que ocurre dependerá de nosotros, sin excusas. Sin determinismos tampoco, pero sin tanto optimismo, los autores posmodernos hablaran, posteriormente, de otras situaciones existenciales más inciertas, y de otros miedos.
No obstante, no es la perspectiva psicológica, psicoanalítica o una concepción filosófica del miedo lo que nos interesa, sino la gestión sociopolítica del miedo y su estrategia comunicacional. En la esfera global, ciertos estados han estimulado el miedo al “terrorismo” y a los “terroristas” para justificar el terrorismo de estado, o por lo menos, políticas de vigilancia masiva de los ciudadanos que se han  hecho evidentes, en la opinión pública, a través de distintos casos de espionaje colectivo. Para Zigmunt Bauman (2011), este tipo de miedo, junto al  temor social a la exclusión, entre otros, son temores típicos del mundo líquido contemporáneo.
De cualquier modo, si dicha gestión del miedo se produce en el seno de las democracias occidentales más robustas, en los sistemas autoritarios como el bolivariano conlleva consecuencias más negativas para las personas. Estamos ante un régimen híbrido que combina ciertos atavismos caudillistas decimonónicos con elementos  del socialismo real del siglo XX, el populismo y nuestro particular estatismo rentista. A semejanza de los sistemas totalitarios, cada vez existen menos divergencias entre los objetivos estatales y partidistas, léase, del PSUV. Ahora bien, ¿puede uno hablar de la gestión eficaz del miedo por parte de una neodictadura en crisis, sin internalizar el miedo? ¿Las disertaciones sobre el miedo contribuyen a su reproducción o a su superación?
Desde sus inicios, el régimen bolivariano ha contado con políticas panópticas de vigilancia, que se reflejan en el plano de la comunicación interpersonal y en el ámbito de los medios de radiodifusión masiva, las TIC y las redes sociales.
En el primer plano, cuenta en su haber, con los embrionarios círculos bolivarianos, las milicias y ahora los denominados colectivos, que algunos autores llegan a emparentar con los históricos fascias. Estos grupos cumplen un papel relevante en el control de ciertos sectores populares y como elementos de choques coyuntural, para intentar neutralizar las manifestaciones de protesta y disidencia. Además, cabría incorporar aquí  el papel de la inseguridad y de la violencia citadina en el control social indirecto de los sectores medios, quienes, permanecen recluidos en sus hogares, inmovilizados por el miedo a la inseguridad. Aquí ha habido una política estatal implícita por omisión y colusión. La inclusión reciente de las OLP es un viraje efectista, radical en apariencia, con consecuencias graves en la vulneración de derechos humanos.
El control del sistema de medios públicos y privados a través de diversos mecanismos que garantizan la hegemonía gramsciana en el sector, han estado acompañados de una política comunicacional que combina técnicas y estrategias de marketing con aquellas más propias de los sistemas autoritarios y totalitarios. Las alocuciones presidenciales han sido una mezcla de talk shows con la precariedad de una arenga caudillista decimonónica. La marca política del finado hegemón no ha sido alterada, sino fielmente mimetizada.
La hegemonía comunicacional ha generado censura y autocensura, a través de la confiscación, compra directa o indirecta de medios; y de controles restrictivos de tipo jurídico. La Asamblea Nacional ha tratado de revertir estos últimos mediante la formulación y reformulación de leyes ad hoc. La criminalización de la opinión, las continuas agresiones a periodistas y medios dificultan la labor informativa, propia de los comunicadores sociales. Además, estos últimos han visto restringido o negado el acceso a la información pública, desde las cifras económicas básicas del Banco Central de Venezuela como aquellos datos sanitarios y epidemiológicos relacionados con la reciente emergencia de enfermedades propias del subdesarrollo profundo, entre otros.
A la sociedad venezolana se le ha enviado un mensaje claro y prístino: la opinión y el ejercicio al legítimo derecho a la protesta pueden tener consecuencias lesivas para el ciudadano. Para algunos, esto ha significado la privación de la libertad total o parcial, para otros, la pérdida del derecho al trabajo, o más trágicamente, del derecho a la vida. Las protestas del año 2014 dejaron un saldo lamentable al respecto.
Asimismo, el derecho constitucional a revocar ha generado listas fascistas persecutorias. El secreto a las comunicaciones ha sido vulnerado más de una vez en los canales radiotelevisivos oficiales. La interceptación de las comunicaciones pretende la multiplicación de efectos de control social. La certeza o la simple duda de estar siendo escuchado cumplen con este cometido.
Las listas mencionadas anteriormente circulan públicamente conculcando el habeas data o derecho a la protección de datos de carácter personal, consagrado en la constitución nacional. En todos los casos, no se trata tanto del número de individuos afectados sino de sus efectos panópticos. La idea es que todos nos sintamos vigilados y potencialmente sancionados. Es una estrategia comunicacional que suscribe uno de los preceptos de la Escuela de Palo Alto y de los más actuales planteamientos de la comunicación corporativa. No solo comunica el contenido semántico. Las acciones también comunican y más aún en un sistema estatal autoritario, populista y clientelar. Si firmas, si disientes, no tendrás derecho a trabajar ni accederás a las bolsas de comida de los CLAP. Se comunica entonces también a través de premios (indignos) al consentimiento y sanciones negativas a la disidencia. En términos parsonianos, son las sanciones positivas y negativas, respectivamente. La noche anterior a la huelga nacional convocada para el día viernes 28 de octubre de 2016, el oficialismo amenazó con tomar y expropiar aquellas empresas que se sumaran al paro. De hecho, la policía política asedió las sedes de la empresa y el hogar del empresario más emblemático del país.
No solo se han perdido las características esenciales de instantaneidad y simultaneidad de la televisión abierta, sino también, el derecho a la información oportuna y veraz de acontecimientos en pleno desarrollo, como el asalto a la Asamblea Nacional, el domingo 23 de octubre de 2016, con el antecedente claro del golpe de abril de 2002. Esta situación ha conducido a la migración de los ciudadanos hacia las redes sociales y la televisión por subscripción. En muchas oportunidades, el blackout informativo ha sido subsanado parcialmente con informaciones provenientes de estos medios. Este vacío no se refiere únicamente a acontecimientos sociopolíticos relevantes pero coyunturales. La crisis humanitaria ha sido desplazada de la pantalla chica, salvo puntuales y honrosas excepciones. Apenas podemos ver algunos indicios de la misma a través de la reseña eventual de alguna protesta en el sector salud o la solicitud cotidiana de medicamentes por parte de las plantas, de manera parca y “objetiva”. Es decir que, en los medios actuales, atravesados por la tendencia a la fabulación de las noticias, desde las más nimias hasta las más serias: una crisis humanitaria parece exenta de drama. En otras palabras, no se identifica el drama (colectivo) donde hay una verdadera tragedia social y humana. Asimismo, el clima de conflictividad y protesta social, presente a lo largo y ancho del país, es un asunto ausente en la radidifusión masiva.
Cabe agregar que además del entramado jurídico señalado, existe una Conatel gubernamental, que puede sancionar el medio o no renovarle la concesión. Aquí podemos encontrar claramente la gestión del miedo del medio, que no es otro que el miedo de los dueños, mediadores y emisores de la comunicación.
No es baladí la tipología de los programas bandera del sistema radiodifusivo oficial sean La Hojilla y Con el mazo dando. No es solo el discurso de odio que allí se emplea sino sus efectos punitivos, represivos y lesivos sobre su target. La hojilla es la elipsis de la hojilla de afeitar que connota más afear-destruir que hermosear el estilo, correspondiente a su significado original. En este afeite, el corte no se produce por accidente sino con normalidad e intención alevosa. En un recuadro de la pantalla aparece un juego de dos hojillas, una cubierta por la bandera de Venezuela y la otra, por una sombra. Al final de la animación, la primera se sobrepone sobre la segunda. En la realidad cotidiana actual sucede lo contrario. La sombra se impone sobre Venezuela y esta última no es cortante, sino cortada y herida por este subgénero de la telebasura.
En el otro programa televisivo, Con el Mazo dando, el martillo grande de madera denota la realidad material de un utensilio que sirve para golpear. Es esta acción la que resulta significativa. La connotación viene dada por la estética premoderna y caricaturesca; y por el sujeto potencial de la acción. Si el enunciador es un militar, el mazo es un elemento que desplaza el elemento aparentemente ausente; el arma de reglamento, la orden o mandato, el orden o statu quo. El enunciador militar se transforma en metonimia del ejército bolivariano. El poder entra en escena.
En esta modalidad comunicacional se produce un entrecruzamiento de los códigos gobierno/oposición, partidarios/oponentes, con el de amigo/enemigo, presente en el lenguaje militar y bélico, y propio del poder autoritario y totalitario. En consecuencia, el receptor es interpelado como amigo o enemigo. Capítulo aparte sería la identificación de las técnicas de guerra psicológica y el papel de la ideología y la propaganda en este proceso.
A pesar de algunos cambios aparentes en la forma, que se manifiestan ahora en el anunciado diálogo, el fondo tiende a ser el mismo. En los encuentros iniciales, el marco o frame ha sido del gobierno. Además, simultáneamente, en la presentación del informe oficial en el EPU/2016 de la ONU, sobre los derechos humanos, el canciller venezolano Delcy Rodríguez declaró que la revolución bolivariana es irreversible. Este pretendido carácter del sistema político actual es el que ha impuesto hasta los momentos un duro, pesado y largo monólogo, con transacciones descalificadoras, que adjetivan negativamente la otredad como escuálida, apátrida, golpista, y más recientemente; terrorista, para confirmarnos de que se trata el asunto.
Finalmente, la protesta social cotidiana, dispersa pero regular en todo el país; y las movilizaciones masivas de la ciudadanía democrática del 1S y 26O demuestran que los mecanismos de gestión del miedo no son invulnerables. Cabe esperar entonces que, en algún momento, el sistema de radiodifusión masiva restablezca el derecho a la información y comunicación de los usuarios en todas sus dimensiones, y rompa la espiral del silencio.

La tercera edición del Festival Latinoamericano de Música Suena Caracas comenzará el viernes 25 de noviembre. Para su realización contará con un presupuesto de 2 millones de dólares. Participarán, entre otros, Jorge Celedón, Prince Royce, Guaco, Omar Enrique, Paul Gillman y Serenata Guayanesa

Al Suena Caracas no le faltan dólares

El alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez, informó que el presidente Nicolás Maduro aprobó un presupuesto de 2 millones de dólares y 765.265.213,01 bolívares para la producción de la tercera edición del Festival Latinoamericano de Música Suena Caracas, que se realizará entre el 25 de noviembre y el 3 de diciembre. En los shows participarán más de 65 artistas nacionales y 31 internacionales, una cifra similar a la del año pasado. Aunque fue anunciado, Diego El Cigala no participará, mientras que Jorge Celedón, Eddy Herrera y Prince Royce repetirán.
Dinero, dimes y diretes
Desde su anuncio, la tercera edición del Festival Latinoamericano de Música Suena Caracas ha estado rodeada de controversia. Este año se otorgaron, desde la Presidencia, 2 millones de dólares que, calculados a dólar negro, son más de 3,9 millardos de bolívares, una cifra que representa 65% del presupuesto asignado al Ministerio de la Cultura en 2015.
Pero el presupuesto no queda ahí. En logística se invertirán 765.265.213,01 bolívares, que equivalen a más de 76 millones de dólares a la tasa de divisas protegidas de 10 bolívares. Entre los invitados internacionales se encuentran Eddy Herrera, Tito Rojas, Jorge Celedón, Prince Royce y Felipe Peláez, que repiten en esta edición. Los organizadores anunciaron a Diego El Cigala, pero los representantes del cantaor aseguraron por correo electrónico que no vendría porque está de gira por Estados Unidos.
Guaco, Gustavo Elis, Las Chicas del Can, Melody Gaita, Nelson Arrieta, Omar Acedo, Omar Enrique, Paul Gillman, Ronald Borjas, Serenata Guayanesa y Sixto Rein son algunos de los artistas nacionales que participarán.
Los conciertos se realizarán entre el 25 de noviembre y el 3 de diciembre en la plaza Diego Ibarra, el parque Hugo Chávez de La Rinconada y los teatros Municipal, Nacional y Principal. Las entradas a estos últimos tendrán un costo de 500 bolívares y saldrán mañana a la venta.
En Twitter, Oscarcito –quien participó en 2014– aseguró que la producción lo había invitado. “¡Insólito! Acabo de recibir oferta para cantar en Festival Chavista. ¡Es que ni que me paguen lo que me paguen voy!”, escribió el cantante. La producción del espectáculo emitió un comunicado en el que aseguró que el intérprete de “Tumbayé” no había sido convocado.
El colombiano Jorge Celedón, habitual a los festivales organizados por el gobierno, prefirió no involucrarse en temas políticos. Por teléfono explicó que le debe mucho al público venezolano. “Yo por la música estoy presto a servir en donde sea. En donde quieran escucharme estaré, y más si es en Venezuela, donde me han querido tanto. Las veces que me inviten voy a estar. Yo me debo a la gente”, agregó.
En la edición de 2014, la primera, Zapato 3 fue una de las bandas participantes en la plaza Diego Ibarra. El guitarrista Álvaro Segura indicó que luego de ese concierto decidieron no volver a formar parte de una actividad organizada por el gobierno. Esa misma noche, Desorden Público estrenó el tema “Todo está muy normal”, en el que denunciaron la corrupción que afecta a Venezuela. Fue una participación polémica y durante unos segundos Ávila TV sacó del aire la transmisión mientras el cantante Horacio Blanco hablaba sobre la corrupción en el país desde la tarima.
Al cierre de esta edición, la programación completa del festival no había sido colgada en la página suenacaracas.org.
Café Tacvba participó en la segunda edición del Suena Caracas

Dólares sí hay
Un presupuesto abultado ha acompañado al Festival Latinoamericano de Música Suena Caracas desde su nacimiento en 2014. Ese año, la Asamblea Nacional aprobó un crédito adicional de más de 168 millones de bolívares. A tasa Sicad I, de 6,30 bolívares por dólar, se tradujo en 14 millones de dólares. Se presentaron más de 130 artistas. Zapato 3, Desorden Público, La Maldita Vecindad, Estopa y Aterciopelados, entre otros, fueron parte de la oferta de ese año.
En 2015, los concejales metropolitanos del PSUV aprobaron un crédito adicional de 215.913.491,3 bolívares para la segunda edición del controvertido festival, 34 millones de dólares a la paridad de 6,30 bolívares por dólar. Pero ese año el cartel se redujo y tocaron 94 artistas, entre los que se encontraban Jorge Celedón, La Ley, La Maldita Vecindad, Nicky Jam, Robi Draco Rosa y Maluma, que llegó a cobrar 160.000 dólares. También se realizó en 2015 la primera edición del Festival Suena Maracay, en la que participaron Olga Tañón y Diego El Cigala.
La producción debe afinar detalles de logística

Logística limitada
A pesar de la inversión, en las ediciones anteriores no se hicieron los cálculos suficientes para atender las necesidades del público que se acercó a la plaza Diego Ibarra. No más de una docena de baños portátiles fueron colocados en el lugar y los kioscos de comida tampoco se dieron abasto. El alcalde Jorge Rodríguez prometió que el Metro estaría abierto hasta el final de los conciertos, pero solo prestó servicio hasta la 1:00 am, aun cuando algunas jornadas se extendieron hasta el amanecer. La espera entre una banda y otra fue de entre 40 minutos y 1 hora.


LAS CIFRAS
765 millones de bolívares fueron asignados a través de un crédito adicional, una cantidad que triplica el presupuesto de la edición de 2015
1,4 millones de personas se espera que asistan al Festival Latinoamericano de Música Suena Caracas

Ponencia leída en el Foro sobre Jorge Luis Borges por JOSÉ SÁNCHEZ LECUNA junto con otros dos ponentes: la escritora y profesora francesa Mélanie Sadler y el escritor y conferencista argentino Guillermo Cerceau. Naguanagua, domingo 23 de octubre 2016

Jorge Luis Borges: el hacedor en su laberíntica biblioteca imaginaria


Jorge Luis Borges / Archivo El Nacional
En el año de 1938, la muerte de su padre tuvo una enorme y fundamental repercusión en la creatividad del autor, ya que esta experiencia lo llevó a empezar a escribir sus famosos cuentos fantásticos

“Los rumores de la plaza quedan atrás y entro en la Biblioteca. De una manera casi física siento la gravitación de los libros, el ámbito sereno de un orden, el tiempo disecado y conservado mágicamente. A izquierda y a la derecha, absortos en su lúcido sueño, se perfilan los rostros momentáneos de los lectores”
Así empieza Jorge Luis Borges su dedicatoria a Leopoldo Lugones en su libro El hacedor, imaginando un encuentro con aquel poeta que, por supuesto, solo conoció en su nostálgica añoranza de mundos imposibles que es donde, paradójicamente, acontece la verdadera irrealidad de la conciencia: la unánime presencia de lo real. Borges, además, se reconoce en estos rostros momentáneos, él que fue principalmente un gran lector, rostros que no puede ver sino en aquel espacio amarilloso que se parece al rostro anónimo de un dios que habita en su conciencia, percibiendo sabores, recordando versos, descifrando  el enigma de los espejos en los que ya no puede contemplarse. Probablemente haya sido providencial, para él, no poder contemplarse más en un espejo ya que el reflejo del espejo le confirmaba, dolorosamente, que no era él el que se contemplaba sino otro. Espeluznante pesadilla. A Borges, desde niño, le espantaban los espejos.
¿Acaso los espejos no son los que duplican nuestra realidad invitándonos a empezar a habitar una realidad irreal, onírica, inefable? ¿No será esta realidad la misma que comparten los libros con los que nuestra imaginación empieza a tejer los hilos invisibles de la aventura de las palabras que se atreven a sustituir lo tangible de la existencia por unos sueños intangibles? En lugar de aportarle una seguridad, el descubrimiento del espejo que duplica ratificó, en Borges, el dolor y la intolerable conciencia de ser otro, prisionero en su propia cárcel interior, como un Minotauro aislado en su laberinto. Porque los espejos son un laberinto en el que uno puede perderse para caer del otro lado de la apariencia, como sucede con los libros, y ese laberinto, para Borges, cuando era niño, resultó ser la biblioteca paterna, en su Palermo de la infancia, una biblioteca donde podía refugiarse y apaciguar su angustia.
Señala Borges: “Si se me pidiera designar el hecho principal de mi vida, diría que fue la biblioteca de mi padre. De hecho, a veces pienso que nunca me alejé de esa biblioteca”. La metáfora está clara: el padre simboliza a Dédalo y el pequeño Jorge Luis al Minotauro en cautiverio en ese laberinto infinito que es la biblioteca permanente, saciada de personajes imaginarios y situaciones inverosímiles, de la que nunca más podrá emanciparse.
Prisionero de la sabiduría del tiempo de las palabras, de la magia de los libros, Jorge Luis Borges, en aquel espacio benévolo y protector que era la biblioteca de su padre, pudo empezar a vivir el mundo onírico de la literatura y de la filosofía, de las sagas y de las mitologías, de las enciclopedias y de la metafísica, creando una hermandad irreversible entre la creación de las palabras y el mundo ordenado por algún dios imaginario, porque ambos abolen la hiriente muerte, aliviando momentáneamente la profunda herida de la conciencia.
                                                  ***
En el año de 1938, el año de la muerte de su padre y del posterior accidente de Borges con el filo de una ventana generándole una septicemia, hecho que tuvo una enorme y fundamental repercusión en su creatividad ya que esta experiencia lo llevó a empezar a escribir sus famosos cuentos fantásticos, en ese mismo año de 1938, Borges tuvo su primer empleo como primer auxiliar de la Biblioteca municipal Miguel Cané. Sin embargo fue en 1955 cuando él fue nombrado director de la Biblioteca Nacional en Buenos Aires, cargo que mantuvo por muchos años y que representó para él la más idónea ocupación de su vida ya que, acompañado por tantos libros, se volvió a sentir en su elemento vital para su paz interior como para sus interminables lecturas e investigaciones de textos apócrifos, desconocidos y hasta cabalísticos.
Sin embargo nos podemos preguntar qué significaba una biblioteca para Borges. En su cuento “la Biblioteca de Babel” Borges equipara el universo a una biblioteca y señala: “el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, solo puede ser obra de un dios…. Es un mero laberinto de letras… la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos… la biblioteca es ilimitada y periódica”.
Esa biblioteca de la que habla Borges es una biblioteca donde se encuentra “un libro circular de lomo continuo que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios…En algún anaquel de algún hexágono debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios… la certidumbre de que todo está escrito nos anula y nos afantasma…”
Y Borges concluye: “Quizás me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana –la única– está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta. Acabo de escribir infinita (…) digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito”
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La biblioteca y el libro.  ¿Qué simbolizan para Borges, qué metáfora se esconde en estos arquetipos de la imaginación y del tiempo, tal vez de la eternidad, ya que la biblioteca es ilimitada y periódica y el libro, todos los libros, es circular y, por esta misma razón, no tiene fin?
¿Acaso los libros y una biblioteca no son los que duplican nuestra realidad invitándonos a empezar a habitar una realidad irreal y onírica?
Para Borges una biblioteca simboliza la memoria humana. Es un registro de la Historia y del conocimiento humano que no tiene fin por eso mismo es metáfora del tiempo que no acaba nunca. Sin embargo una biblioteca es también un espacio cerrado, como el tablero de ajedrez en el que se juega a la vida y a la muerte, por esta misma razón tiene que contener todas nuestras esperanzas.
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Es curioso observar que los bibliotecarios en Borges, tanto el de La Biblioteca de Babel como el de El milagro secreto, son ciegos, como lo fue Borges, y como lo es el personaje de Umberto Eco de su novela “El nombre de la rosa”, el venerable padre Jorge de Burgos, que es una referencia innegable, y un homenaje a Borges por parte de Eco, como figura simbólica del guardián de un libro prohibido en una recóndita biblioteca infinita de una abadía medieval, con escaleras en espiral y galerías que se abisman y se elevan hacia lo remoto concibiendo, como las cárceles de Piranesi, un interminable laberinto en el que se pierden los que se atreven a entrar.
La borgeana biblioteca arquetípica simboliza ambas bibliotecas donde Borges estuvo trabajando como bibliotecario y, muy en particular, la Biblioteca Nacional con sus novecientos mil libros, biblioteca en la que Borges permaneció unos 18 años, estando ciego, “los años más felices de su vida”, atestigua María Esther Vázquez. Así como para Borges el Minotauro era una figura que lo fascinaba ya que consideraba que este, prisionero en un laberinto que él concebía no como un espacio para confundir sino que era un espacio en el que este hallaba protección, la laberíntica Biblioteca Nacional simbolizó, para él, un lugar seguro, como la biblioteca paterna donde él se refugiaba como si fuera una regresión al útero materno, un regressus ad uterum, como lo llamaría Carl Gustav Jung. Se pueden hacer varias lecturas de este comportamiento infantil en Borges, porque estar en una biblioteca es sentirse protegido por la sabiduría del mundo puesto que representa una oportunidad para dedicarse al juego arbitrario con las palabras que hay en los mapas, las enciclopedias, los diccionarios y también los libros de cuentos, de filosofía y de mitología que tanto le gustaban. Por consiguiente la biblioteca simboliza aquel laberinto que él describe con maestría en La Biblioteca de Babel.
En una entrevista que le hizo María Esther Vásquez, Borges afirma acerca de la idea del laberinto lo siguiente: “el laberinto es un símbolo evidente de perplejidad y la perplejidad –el asombro del cual surge la metafísica según Aristóteles– ha sido una de las emociones más comunes de mi vida. Yo, para expresar esa perplejidad, que me ha acompañado a lo largo de la vida y que hace que muchos de mis propios actos me sean inexplicables, elegí el símbolo del laberinto, porque la idea de un edificio construido para que alguien se pierda es el símbolo inevitable de la perplejidad”.
Y una biblioteca es el espacio más idóneo que existe para que uno se pierda definitivamente.
Como señala Emir Rodríguez Monegal: “Si es difícil encontrar el camino para entrar al laberinto, lo es igualmente el encontrar la salida. (…) en el centro del laberinto hay un misterio. Los laberintos se convierten así, según la tradición, en la representación de un caos organizado, un caos sometido a la inteligencia humana, un desorden deliberado que contiene su propio código. (…) una biblioteca es un laberinto de árboles procesados; una ciudad es un laberinto de calles. El mismo símbolo puede ser usado, asimismo, para invocar la realidad invisible del destino humano, de la voluntad de Dios, del misterio que es la creación artística”.
Y para Jorge Luis Borges los diccionarios, las enciclopedias, las mitologías, las sagas y también la metafísica y la filosofía, el pensamiento humano, son los laberintos en los que nos extraviamos. De esta forma tanto el conocimiento como el pensamiento humano se convierten en un misterio que no tiene fin. Y todo este cúmulo del saber se halla, inconstante, unánime y relativo, en una biblioteca.
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Toda biblioteca es en sí una ciudad, una Polis, convirtiéndose en un símbolo de un proceso de concientización, de individuación que culmina con Borges en una imagen metafórica de la unión del alma con Dios, que es un enigma. Para Borges el mundo laberíntico es una tautología, un todo que se basta a sí mismo, siendo a la vez una ilusión puesto que resulta ser el sueño de otro, siendo las imágenes oníricas unas simples representaciones simbólicas como lo comprendemos con su cuento “Las ruinas circulares”.
En ese laberinto, Jorge Luis Borges se siente cómodo porque es su hábitat natural. Ese laberinto es sin duda la gran biblioteca que representa la Biblioteca Nacional en Buenos Aires donde Borges recibía a sus amigos como, en una oportunidad, al propio Emir Rodríguez Monegal, y cuyas galerías y escaleras recorría sin tropiezo, siendo ciego, con una inusitada y asombrosa facilidad, cual un Minotauro en su laberinto:
“De esta ciudad de libros hizo dueños
A unos ojos sin luz, que solo pueden
Leer en las bibliotecas de los sueños
Los insensatos párrafos que ceden
Las albas a su afán.
Enciclopedias, atlas, el oriente
Y el Occidente, siglos, dinastías,
Símbolos, cosmos y cosmogonías
Brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
Exploro con el báculo indeciso,
Yo, que me figuraba el Paraíso
Bajo la especie de una biblioteca”               
La biblioteca borgeana simboliza la memoria de la humanidad que se manifiesta como un espejismo ya que se concibe, para Borges, como un universo conocido que, a su vez, es una inabarcable ilusión como si fuera un sueño. Sabemos muy bien que el Paraíso, que tiene forma de biblioteca, resulta ser el sueño de los crédulos. La biblioteca es, como un lejano recuerdo, una imagen de la melancolía, del deseo de regresar a un espacio utópico sin embargo benévolo: “Ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono donde nací”.
Parece el sentimiento de un dolor genuino que remite a la expulsión de un Paraíso, como el drama del nacimiento que arranca al ser de su cobijo natural: el vientre materno o la biblioteca, para Borges hay entre ambos una analogía.                                                                                     
La biblioteca borgeana es una utopía ya que se supone que contiene toda la inteligibilidad del mundo, y también su ignorancia, como lo señaló él en una oportunidad, ordenadas ambas según un criterio absurdo y acumulativo que pretende plantear el sentido mismo de esta abstracción que Borges describe como “una memoria de infamias”.
La biblioteca borgeana resulta ser un caos de confusión e incomprensión, una “ilusión de infinitud” que conforma un universo que solo se encuentra en la memoria de los libros que es, a su vez, ininteligible.
Así como la vida, cualquier biblioteca, para Borges, es inútil y no hay salida ni respuesta fuera de esa infinita biblioteca del universo. Para él, como lo señala en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, “el presente es indefinido, el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente” ya que “los días son una red de triviales miserias ¿y habrá suerte mejor que la de la ceniza de que está hecho el olvido?”
Y uno se pregunta: ¿qué es lo que queda, que es lo que realmente permanece, o quizás sobrevive, a tanta lucidez? Un vacío, un vacío abismal.
Lo que ha hecho Borges fue estructurar espacios imaginarios que sucumben, al final, en el pozo del olvido.
Por consiguiente, todo parece ser en vano, cualquier acción, cualquier pensamiento. Imagen de un nihilismo atávico, tal vez, que remonta a su infancia en aquel jardín de Palermo o encerrado en la biblioteca paterna. Sin embargo no es posible asumir la obra de Borges desde un punto de vista nihilista. No es una obra poética, una cuentística y una ensayística nihilistas. El universo que él mismo crea no es caótico: configura un mundo ficcional que se basta a sí mismo, como un uroboros o un mandala. La visión nihilista de Borges solo hace referencia al mundo de las apariencias, así como una relectura del Mito de la caverna de Platón. Todo es una ilusión inequívoca e irrefutable.
Tal vez sean los símbolos y los arquetipos los únicos que puedan rescatar la nada del mundo.
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Para Borges, la realidad es un gran Libro que va del mundo cerrado innominado al universo infinito creado por la palabra. Comprender la “sabiduría de la incertidumbre” (Milan Kundera) en la que se inicia todo relato borgeano, y donde también culmina, nos permite aprehender la incertidumbre de la vida como una simple certidumbre verbal, por consiguiente conjetural y paradójica porque la palabra rescata lo perecedero, ubicándolo para siempre en el Museo verbal de la eternidad, esa descomunal e inabarcable biblioteca borgeana.
Por consiguiente es en la inmanencia de las palabras que se traduce la trascendencia del ser como ilusión de eternidad del verbo.
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El relato borgeano deja de contarnos para narrarnos lo que cuenta. El tiempo, por consiguiente, en Borges, es el espacio que ocupan las palabras en el mismo momento en que son escritas o leídas y que conforman una ilusión de duración. El tiempo es el tiempo de una palabra que culmina en el silencio de la muerte.
Por eso mismo los cuentos de Borges constituyen, en su mayoría, un esquema estético que se repite, enmarcándose dentro de una tradición arquetípica de iniciación: el descenso al Hades, la iluminación, la revelación, la epifanía y, ocurriendo al final, un verdadero despertar luego de una transmutación del dolor iniciático en autoconocimiento. Borges no plantea, en el fondo, el camino del héroe, que no es el camino de un antihéroe. Borges nos propone el camino del héroe caído, como imagen del hombre moderno en busca de la libertad espiritual. Tal vez el único refugio posible sea una biblioteca.
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Así como todo escritor escribe para sí mismo, Jorge Luis Borges fue creando un mundo imaginario, conformando un espacio escritural que llevaba el sello de sus sueños, de sus fantasías, de sus lecturas, de sus experiencias sentimentales, como una realidad más añadida al mundo, es decir, otra irrealidad más del mundo aparencial. Esa contaminación de la realidad por el sueño borra todo límite preciso entre la realidad y el sueño, proponiendo constantemente una imagen del universo y del destino humano, como una pesadilla, la del encierro inevitable y definitivo, porque la existencia humana está condenada a vivir en el  peor de los laberintos que es el de las arenas de un desierto. Así la metáfora de la condición humana para Borges. Y dicha realidad, que no es real porque es una invención, es igual a cualquier biblioteca que resulta ser un inconmensurable laberinto y un definitivo engaño como las inefables arenas del desierto que es este mundo.
Ponencia leída en el Foro sobre Jorge Luis Borges junto con otros dos ponentes: la escritora y profesora francesa Mélanie Sadler y el escritor y conferencista argentino Guillermo Cerceau.

Naguanagua, domingo 23 de octubre 2016