A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Pagliacci, Gertrudis, Gianni Schicchi, Madama Butterfly y Cavallería Rusticana serán las obras que se llevarán a la escena de la sala José Felix Ribas del Teatro Teresa Carreño durante el ciclo de ópera del 27 de marzo al 2 de mayo.

Ciclo de ópera comenzará el 27 de marzo en el Teatro Teressa Carreño
Este ciclo reunirá más de 40 cantantes, cuatro orquestas, cuatro directores y más de 300 personas entre técnicos de escena, peluquería, maquillaje, vestuario, escenografía y utilería


AVN | ÚN.- Pagliacci, Gertrudis, Gianni Schicchi, Madama Butterfly y Cavallería Rusticana serán las obras que se llevarán a la escena de la sala José Felix Ribas del Teatro Teresa Carreño durante el ciclo de ópera del 27 de marzo al 2 de mayo.

Este ciclo reunirá más de 40 cantantes, cuatro orquestas, cuatro directores y más de 300 personas entre técnicos de escena, peluquería, maquillaje, vestuario, escenografía y utilería, refiere infomación de la institución publicada en su sitio web, www.teatroteresacarreno.gob.ve.

El 27 y 29 de marzo se presentará Pagliacci, del compositor napolitano Ruggero Leoncavallo, con los vocalistas Francisco Morales, Gaspar Colón, Betzabeth Talavera, Miguel Salas y Juan Luis Domínguez, acompañados por el Coro de Ópera Teresa Carreño y la Orquesta Filarmónica Nacional, dirigida por Ángelo Pagliuca. La dirección escénica es de Francisco "Paco" Díaz.

Los días 10 y 12 abril le tocará el turno a ópera venezolana Gertrudis, de Gerardo Gerulewicz, acompañada por la Orquesta Sinfónica de Venezuela, dirigida por Gerulewicz.

La comedia Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini, se presentará el 16 y 18 de abril, con la participación de Gaspar Colón, Ambar Arias, Guillermo Domínguez y Amelia Salazar, entre otros cantantes, junto a la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, dirigida por Elisa Vegas.

Los días 24 y 26 de abril será el turno de Madama Butterfly, del compositor italiano Giacomo Puccini, que será interpretada por Alberto Colmenarez, Franklin de Lima, Dorian Lefebre, Melba González, Roberto Ojeda y Blas Hernández, entre otros. El maestro Luis Morales Bance dirigirá la Orquesta Filarmónica Nacional y la dirección escénica es de José Rafael "Fucho" Pereda.

El 30 de abril y 2 de mayo, la obra de Pietro Mascagni, Cavalleria Rusticana, se hará presente con los cantantes Katiuska Rodríguez, Eduardo Calcaño, Margarita Troconis, Adriana Portales y Franklin de Lima, acompañados por el Coro de Ópera Teresa Carreño junto a la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, dirigida por Ángelo Pagliuca y con una dirección escénica de Jesús Ernesto Parra.




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En el fondo, sin saberlo, el fotógrado Luis Brito era un gran etnógrafo de lo invisible. Fotografiaba lo no evidente para escarbar a fondo en la condición humana. Tal vez su aporte mayor era la capacidad de sacar el objeto fotografiado de la rutina para llevarlo a la condición de símbolo arquetipal.

Las muñecas también lloran


A la entrada de nuestro apartamento cuelga discretamente un enigmático retrato a color de una de las legendarias muñecas de Armando Reverón, el gran pintor del siglo XX venezolano. Las muñecas han alimentado grandemente la leyenda de exotismo y locura que se tejió alrededor del artista que se hizo ermitaño y austero en su Castillete de Macuto mucho antes de que los hippies entraran en escena. No son, por supuesto, muñecas “bonitas”, como esas industriales con las que juegan las niñas urbanas. Son extrañas figuras de tamaño natural, hechas con telas de desecho, que acompañaban a Reverón en la intimidad de su hogar.
El autor de este retrato a color es Luis Brito, “El Gusano”, como le conocíamos sus amigos, uno de los más grandes y prolíficos fotógrafos de la Venezuela contemporánea quien, para dolor de muchos, partió de este mundo dos semanas atrás víctima de un infarto fulminante.
El retrato tiene algo de aparición. De dulce fantasmagoría. La mirada del fotógrafo ha cortado la figura a la altura del torso. No vemos su cabeza, sus hombros, ni sus senos. Vemos la muñeca sentada, solitaria, como suspendida en el aire sobre un fondo absolutamente negro. Las manos y las piernas hechas de telas y formas toscas tienen el gesto de quien está a la espera o se dispone a levantarse. Una transparente falda de liencillo color ladrillo le confiere un no sé qué de bailarina y se vuelve el corazón cromático de la composición.
El retrato corresponde a una serie de muñecas de Reverón que El Gusano registró para una exposición en la Galería de Arte Nacional. Como sol el encierro era objetp de inquietud.. del Museo ía hacerlo, se encerró con el grupo de muñecas a trabajar por varias semanas en el auditorio del Museo de Bellas Artes. Aquel encierro generaba inquietud y curiosidad. Brito estaba sumido en su mundo. Angustiado. Las muñecas –decía– no le daban nada a su cámara y él las quería vivas, no muertas. Más tarde contaría que comenzó a colocarlas sobre una tela negra y las muñecas, como si hubieran entendido su propósito, ahora se arreglaban, adoptaban formas y miraban frontalmente a la lente. Como cuenta Alexis Trujillo, en el catálogo de la exposiciónEstán allí, habían aceptado que Brito las fotografiara y posaban para él. Como retándolo.
El resultado no fue un registro técnico de las muñecas hecho con la mayor fidelidad posible para el catálogo de una exposición. Todo lo contrario. Los retratos que Brito presentó luego eran una nueva creación. Otras muñecas. Brito, las había interrogado una a una, leído como un psiquiatra las huellas de violencia en sus cuerpos, mirado sin miedo en su extraña y trémula belleza y había entrado en su mundo de tinieblas tal vez persiguiendo las brumas de Reverón. Había logrado el milagro de revivirlas, de crear sobre la obra del creador de Macuto, aquel que aprendió a mirar el sol del trópico sin pestañear.
Porque, en definitiva, esa es la constante de la obra de Brito. No hay espacio para lo bonito en el sentido decorativo del término. La monja de hábito negro que mira severamente a la cámara no es una monja, es la institución eclesiástica de siglos. El hombre de lentes oscuros en la procesión de Semana Santa en Caracas no es él, es la condensación de los misterios de la religiosidad popular. Sus ángeles nunca aparecen completos como en la iconografía religiosa oficial, son retazos de ángeles, fragmentos de ángeles, puestos a dialogar con el vacío del cielo y la textura de las nubes, como si tuvieran dudas de su propia condición.
Porque en el fondo, sin saberlo, Brito era un gran etnógrafo de lo invisible. Fotografiaba lo no evidente para escarbar a fondo en la condición humana. Tal vez su aporte mayor era la capacidad de sacar el objeto fotografiado de la rutina para llevarlo a la condición de símbolo arquetipal.
La mañana de domingo cuando nos avisaron del adiós, Marianella Montenegro, mi esposa, bajó el cuadro y me mostró para que leyera lo que allí estaba escrito. Decía: “Esto es un acto de amor para esta familia, Tulio mi hermano, Marianella mi hermana. Certifico que los amo. Gusano. Caracas, 4/27/2003.”. No pudimos evitar las lágrimas. La muñeca tampoco.

sábado, 21 de marzo de 2015

Elogio del ahorcamiento... Rafael Muci-Mendoza

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Elogio del ahorcamiento...

Rafael Muci-Mendoza

De acuerdo a Johannes Escotus Eriúgena (siglo IX, 810-877), ¨la sabiduría se
ilumina por su relación con la insipiencia, la ciencia por su comparación
con la ignorancia que es solo defecto y privación, la vida por la muerte, la
luz por la oposición de las tinieblas, por la ausencia de alabanzas las
cosas dignas; en resumen, todas las virtudes no sólo obtienen alabanzas de
los vicios opuestos, sino que sin esta confrontación no merecerían
alabanzas... En efecto, todo lo que está ordenado según los diseños de la
Divina Providencia es bueno, es bello, es justo. ¿Hay algo mejor que del
enfrentamiento de los contrarios se obtenga la alabanza inefable del
Universo y del Creador?¨.

Es la eterna lucha de los contrarios... Si lo sabremos los médicos que
vivimos y sufrimos tratando en tantos casos y sin éxito el calvario ajeno, y
luego, cuando la desnudez nos atenaza a veces no conseguimos quien nos ayude
a cargar nuestra propia cruz... El dolor y la desesperanza son muy profundos
en mi país y no hay peor sentimiento que el desaliento, hermano del
pesimismo, de la desmoralización y el desengaño, vía rápida a males mayores
y peores. Nos han golpeado hasta el hartazgo, se han mofado de nuestras
ideas, no han tenido compasión con nuestra congoja de padres y abuelos
separados de hijos y nietos, y más bien, desde un empíreo inventado, se
solazan presenciando nuestras penurias. Es increíble que tanta miseria se
acloque en el alma humana, que tanto odio aflore a la superficie del
prodigio de la creación, que no importe para nada la privación, el dolor
ajeno, el sumergir un ser humano en una ¨tumba¨,  celda de 3x2 m, sin
ventanas, sin luz del sol, sin afectos y con premeditada maldad, amenazas de
toda índole, luz artificial noche y día, intenso frío con hambre, bañándolos
con heces fecales y orina en medio del éxtasis gozoso del carcelero...

Un preso político, Rodolfo González de 64 años, llamado el aviador,
aprehendido y sepultado sin fórmula de juicio, es detenido e inducido a
suicidarse en ¨La Tumba¨. Aunque diga que  no lo dijo, el ilegítimo
presidente Nicolás Maduro expresó en cadena nacional que a "El Aviador"
debían enviarlo al Penal de Yare, tenebrosa comarca donde todo vicio cunde,
conocida y temida por albergar los presos comunes de la mayor peligrosidad
que haya parido la tierra. En su pureza de alma se sacrificó para llamar la
atención y evitar que otros compañeros de reclusión, la mayoría jóvenes,
corrieran el mismo destino que ya les había sido ofrecido. Una conmovedora
carta a su esposa entreveía sus intenciones. La ofrenda de su vida logró que
la miseria no tomara pasos de acción contra los estudiantes detenidos para
enviarlos a Yare... Última ofrenda de un alma noble...

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No más hace tres semanas, en plena sala de medicina interna del Hospital
Vargas de Caracas un paciente sin esperanzas y con dolores irredentos se
ahorca: una fístula enteral recalcitrante dicen fue la razón, y a juzgar por
una cura mal hecha sobre su epigastrio eso fue todo cuanto recibió; pero,
más que eso, fue el saberse malquerido, mal atendido, maltratado, sin una
entidad superior a la cual recurrir: Las estampitas pegadas en la pared del
doctor José Gregorio Hernandez, de las Siete Potencias, de El Negro Miguel o
del Arcángel San Gabriel no pudieron interceder para mitigar su dolor. Del
listón metálico que une las divisiones de los cubículos colgó una venda que
terciada en su cuello le sirvió de lazo asfíctico que le llevó de este mundo
injusto. Fue un ahorcamiento asimétrico e incompleto pues sus pies estaban
en tierra y atípico porque el nudo no estaba en el centro del cuello sino de
un lado. Aunque en el campo la gente se ahorca en un árbol en un sitio poco
concurrido y en las poblaciones se eligen los sitios retirados de las casas,
los graneros o el jardín, a veces la ahorcadura tiene un carácter
eminentemente exhibicionista, el sello de un mensaje sin destino cierto, un
¨cúlpese a todos de mi muerte...¨.


¿Pero qué importan estos detalles técnicos cuando de un humano se trata...?
Porque somos lerdos o displicentes es que desconocemos lo que los suicidas
sí conocen: Es decir, que aún en las ahorcaduras en que no actúa como fuerza
todo el peso del cuerpo, se origina una presión suficiente para originar
trastornos considerables de la circulación cerebral con anoxia o falta total
de oxígeno. Que sólo son necesarios 2 kg para obliterar las venas yugulares,
5 kg para cancelar la circulación por las arterias carótidas, 15 kg para
obstruir la tráquea y 25 kg para suprimir la permeabilidad de las
arterias...; así, que ni siquiera tenemos que colgarnos de un árbol ni caer
al vacío como peso muerto cuando se abre la trampa bajo nuestros pies para
entrar en los dominios de  Caronte, el barquero del Hades, el encargado de
guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del
río Aqueronte ...

¡Qué horrible! Adentrarse en lo temido, en lo desconocido, cuando la muerte
tiene más el sabor de la miel, y la vida más el sabor de la hiel...

Como en el caso de muchos suicidas alguno supo de sus intenciones, pero no
lo tomó con seriedad... De entre sus compañeros y en el recinto, nadie dice
haberse percatado del colgante suicida, nadie oyó los estertores de su
agonía ni percibió las sacudidas convulsivas de su cuerpo pues en las noches
de hospital se acrecienta la soledad y el desamparo y los espectros de
tantos muertos acumulados en el tiempo, desfilan sus ayes de reclamo; total
son tan pobres como él, olvidados, molestosos, menesterosos de toda ley y
desechables; no habrá investigación, responsables ni culpables, no dejó una
carta porque era analfabeto, su única y última declaración de desabrigo fue
la propia inmolación, una bofetada a sus tratantes que le pelotearon de un
servicio a otro quizá aduciendo que la institución es un asco donde nada se
consigue, al hospital que le brindó falsaria acogida y al Estado criminal
que nadando entre prebendas, comisiones millonarias, ineptitud e
indiferencia, constituye el principal culpable. ¿Cuántos como él en tantos
hospitales olvidados y desguarnecidos de mi país? En Venezuela el
significado del vocablo ¨hospital¨ carece de todo sentido. La clase
dirigente, una estirpe bárbara y talibana, ayuna de humanidad, se ha trocado
en manada de perros de presa que ordenan tirar a matar a estudiantes
desarmados para ahorcar el sagrado don de la libertad...

De acuerdo al DRAE, el término hospital proviene de una voz latina,
¨hospitalis¨, que significa ¨afable y caritativo con los huéspedes¨, pues
los hospitales deben brindar ¨hospitalidad¨ o ¨virtud que se ejerce con los
menesterosos y desvalidos, dispensándoles buena acogida y recibimiento, y
prestándoles la debida asistencia a sus necesidades¨. Como si fuera poco, en
la práctica médica actual la técnica fragmenta fríamente y por
especialidades la indivisible humanidad, en flagrante ignorancia de que
ningún órgano existe en solitud de los demás, pues es influido por todos, y
todos son influidos por él. En clara conspiración cartesiana, en nuestra
práctica y en los nosocomios en los cuales malpasamos nuestros días, se
malentiende que sólo serán escrudiñados y tratados los cuerpos o somas en
descarada ausencia del individuo todo, su mente, su espíritu y el medio,
tantas veces áspero, en que se desenvuelve su ser total, muy especialmente
en esta ola creciente de pena y pobreza que a todos sin excepción nos abraza
pretendiendo asfixiarnos como lazo en cuello de ahorcado.

Entre tanto maltratado, todavía nos domina la influencia norteamericana del
ensamblaje en serie llevada a la atención del paciente, que desplaza con su
falsario canto de ¨ciencia con eficiencia¨ al hipocratismo de nuestros
maestros y que ha traído consigo el caso clínico, desdeñando al hombre
enfermo, o sencillamente al ¨enfermo¨. El caso clínico, como las
enfermedades, ejerce un poderoso magnetismo en nosotros los médicos; es un
necesario, simple o complicado relato del hecho físico, en ausencia del
hombre que lo sufre, un recuento pormenorizado de síntomas y signos, hechos
fisiopatológicos y bioquímicos, trozos de tejido diseccionados y hasta
biología molecular, imágenes maravillosas de toda ralea que ¨todo¨ pretenden
decirnos, y detalles del tratamiento, sin resonancia afectiva alguna... Bien
podría tratarse de la dolencia que aqueja a un noble bruto o a un primate
superior. Saber de enfermedades... es saber de medicina -se cree
erróneamente-; ¨Quien sólo de medicina sabe, ni de medicina sabe¨,
pontificaba don José de Letamendi y de Manjarrés (1828-1897), Catedrático de
Patología General de la Universidad de Madrid; así que se soslaya que el
juicio clínico se fragua, además, en el conocimiento de la situación
personal, familiar y de los valores intrínsecos al paciente. De esta forma
el verdadero ars médico induce a reconocer el patrón sintomatológico y sus
adjuntos, relacionarlo con las necesidades y recursos del enfermo y
traduciendo todo a términos de cuidado médico, no de manejo médico como
aludiendo a una máquina, término con el cual hoy día fríamente nos llenamos
la boca para estar a la moda.

Tanto se parece el ahorcamiento de las libertades al del ¨aviador¨ y al de
mí paciente del Hospital Vargas: nadie parece enterarse, a nadie le
interesa, nadie está dispuesto a denunciarlo por ese miedo tantas veces
servil disfrazado de indiferencia que sólo protege nuestros cotos
materialistas, olvidando que nada de lo que estamos viendo en esta otrora
tierra de gracia y ahora de desgracias, pertenece a la comarca de las
sociedades civilizadas. Sólo nos falta la autoinmolación a lo bonzo, forma
de inmolación y suicidio en el que el individuo se rocía con un líquido
inflamable y se prende fuego en público como forma de protesta,
desobediencia civil o gesto solidario guiado por algún motivo. Y es porque
el gobierno del ilegítimo Maduro realmente no es una amenaza para el Imperio
Norteamericano, allá ellos que disponen de dinero y herramientas para
defenderse, es una amenaza hecha realidad para todos los venezolanos que no
sabemos cómo, o no podemos defendernos...

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Un 28 de febrero de 1871, Sigmund Freud a sus quince años escribía una esquela de la sociedad secreta "Academia Castellana" a su amigo Eduard Silberstein. Súbito, la nota tomó vuelo como queriendo salir por la ventana, quizás con la intención de que fuera leída en ultramar por un alma gemela que naciera en aquél momento en alguna parte de la vasta geografía de los países hispano hablantes, para que le diera forma a los semblantes que en la mente del gran terapeuta del futuro aparecían como ráfagas de una imaginación reveladora. Efectivamente, aquel destinatario anónimo nacía en ese momento en una casa perfumada por la floresta tropical en la hacienda "Las Dolores" conocida por todos hoy en día como Altamira, en Chacao, entonces un bucólico pueblo en las afueras de Caracas. Su nombre es Manuel Díaz Rodríguez, proveniente de un hogar canario para realizar auténticas postales literarias de su espacio y tiempo como nunca antes se vieron otras en lengua castellana.

Manuel Díaz Rodríguez: el hombre cosmópolis

SANTIAGO QUINTERO |  EL UNIVERSAL
martes 17 de marzo de 2015  12:00 AM
Un 28 de febrero de 1871, Sigmund Freud a sus quince años escribía una esquela de la sociedad secreta "Academia Castellana" a su amigo  Eduard Silberstein. Súbito, la nota tomó vuelo como queriendo salir por la ventana, quizás con la intención de que fuera leída en ultramar  por un alma gemela que naciera en aquél momento en alguna parte de la vasta geografía de los países hispano hablantes, para que le diera forma a los semblantes que en la mente del gran terapeuta del futuro aparecían como ráfagas de una imaginación reveladora. Efectivamente,  aquel destinatario anónimo nacía en ese momento en una casa perfumada por la floresta tropical en la hacienda "Las Dolores" conocida por todos hoy en día como Altamira, en Chacao, entonces un bucólico pueblo  en las afueras de Caracas. Su nombre es Manuel Díaz Rodríguez, proveniente de un hogar canario para realizar auténticas postales literarias de su espacio y tiempo como nunca antes se vieron otras en lengua castellana.

Médico de profesión desde 1891, cambió temprano el escalpelo  por la pluma del escritor. Sus "Sensaciones de Viajes" publicado en París (1896), que recoge sus impresiones en Europa y el exótico Oriente, le acreditan el premio de la Academia Venezolana de la Lengua al mejor libro del año. Al  siguiente (1897), aparece el revelador "Confidencias de Psiquis" donde de manera extraordinaria los personajes son psicoanalizados  dos años antes de que Freud publique "La interpretación de los Sueños" (1899) suceso que inaugura el Psicoanálisis en el universo de la naciente Psicología.

Díaz Rodríguez logra mezclar el parnaso estético de la palabra con el simbolismo profético en una especie de proto cinematografía en donde los personajes recorren los inusitados guiones llenos del colorido de sus vicisitudes y los destellos alucinantes de sus deseos. Así nacen sus "Cuentos de Color" (1899), donde los estados del alma protagonizan con su acuarela una secuela de relatos cortos donde se viven las sensaciones prismáticas de sus personajes, adentrados en el sondeo espeleológico de su mundo interior. Se reunirá al grupo  de la revista "Cosmópolis" que desde 1894 ya conforman Pedro Emilio Coll, Urbaneja Achelpoll y Pedro César Dominici. Encarnará en sí mismo el espíritu modernista y lo hará con la propiedad del hombre global, del hombre cosmópolis. Así entonces, se completará la generación modernista venezolana de 1898 al reunirse al grupo César Zumeta, Rufino Blanco Fombona, Eloy González, quienes ya escribían en la emblemática revista de Herrera Irigoyen, "El Cojo Ilustrado". El esteticismo de la prosa de Díaz Rodríguez es la búsqueda de la perfección mediante la traducción de la clave criptográfica de la evasiva belleza. Sus relatos con tramas sostenidas, comenzaban a preparar el camino para Ídolos  Rotos (1901), Sangre Patricia (1902), Camino de Perfección (1910). Sentimos los aires de Barrés y  D Annunzio atravesar cual brisa fragante sus cuadros narrativos, hasta aparecer  los efluvios de Nietzsche en "Peregrina o el Pozo Encantado" (1922) donde el autor vuelve sus ojos al hogar de sus querencias y  la tierra se quiere como el alma sembrada de vivencias que nutren la existencialidad. Sin embargo, el gran señor de las crónicas de viajes y los cuadros psicológicos, brindaría su postrer aliento en Nueva York, la cosmópolis de su quimera, en 1927. Así es el destino, para los espíritus que siguen abriendo caminos.

santiagoquintero@gmail.com

"Una gran movilización a través de la música, para mostrar a los más desfavorecidos que no están solos". Así se define el proyecto "A kiss for all the world", que contempla la gira de la Orquesta Académica de Madrid, con su respectivo coro, a través de diversos puntos de Latinoamérica, África y Asia.

No solo de pan...

LINDA D' AMBROSIO |  EL UNIVERSAL
martes 17 de marzo de 2015  12:00 AM
"Una gran movilización a través de la música, para mostrar a los más desfavorecidos que no están solos". Así se define  el proyecto "A kiss for all the world", que contempla la gira de la Orquesta Académica de Madrid, con su respectivo coro, a través de diversos puntos de Latinoamérica, África y Asia.

La primera fase del proyecto, que se desarrollará durante los meses de junio y julio, prevé interpretar la Novena Sinfonía de Beethoven, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 12 de enero de 2003, en las zonas más deprimidas de México, Colombia, Perú  y Chile.

La gestión de esta iniciativa corre a cargo de un equipo conformado  por  Óscar Pintado, Ronald Maguiña, Luján Artola, Rafa Cobo y  Santiago Requejo, respaldados por  un conjunto de personajes que han aceptado sumarse al proyecto en calidad de "embajadores". Cuentan asimismo con el apoyo de un patronato de honor del que forman parte figuras tan populares como Plácido Domingo, Luis Rojas Marcos, la  baronesa Carmen Thyssen Bornemisza, Antonio Vázques Romero, Alberto de Elzaburu, Amadeo Petitbo, Antonio Garrigues y Carmen Riviriego. A la cabeza del equipo y de la Orquesta, el maestro Iñigo Pirfano.

No sorprende que sea Pirfano quien haya motorizado las acciones en este sentido, puesto que lo largo de su trayectoria ha mostrado un interés creciente en aproximar el arte a las personas, explorando particularmente el potencial que entraña  la música como factor de desarrollo a través de sus libros "Ebrietas, el poder de la belleza", "Inteligencia Musical" y "Música para leer".  Compositor, escritor, conferenciante y director de orquesta, fue galardonado con el Premio Liderazgo Joven de la Fundación Rafael del Pino en 2011.

La colaboración de un grupo de especialistas de la talla de Baruc Corazón, diseñador de modas; del escritor Mario Tascón; de Tomás Muñoz,  experto en  dirección de escena, escenografía e iluminación, y de Ignacio Vicens, el arquitecto  que concibió el escenario móvil en el que tendrán lugar las presentaciones, hará posible que esta experiencia tenga lugar con el más alto grado de calidad posible.

Acometer una acción de esta naturaleza  puede resultar, hasta cierto punto, polémico. ¿Qué sentido tiene llevar algo inmaterial como la música a lugares carentes de los más elementales servicios?

Inspirado en la filosofía cartesiana, el proyecto parte de la idea de que  las necesidades materiales del individuo deben ser atendidas, pero sin ignorar otras necesidades inherentes a la realidad del espíritu. Al respecto, una de las más recientes entradas de su blog señala: "es preciso darse cuenta de que el arte es necesario, no porque nos ayude a vivir mejor, sino porque hace nuestra vida más digna de ser vivida; no porque sea imprescindible para la vida, sino indispensable para una vida propiamente humana".  En consecuencia, así como otras entidades se ven llamadas a satisfacer determinadas  carencias, "A kiss for all the world" tiene clara la misión que está llamada a desempeñar al promover una experiencia de un impacto emocional único.

Por mi parte, mientras aguardo con interés las primeras presentaciones, no puedo dejar de considerar que esta acción no solo reviste valor desde el punto de vista  del encuentro de las personas con la música, sino también como reclamo  para  que la atención recaiga en el hecho, aparentemente obvio, de que no solo de pan vive el hombre, y que el desarrollo máximo del potencial que cada persona trae consigo solo es posible cuando se involucran todas las dimensiones de su personalidad.

linda.dambrosiom@gmail.com

viernes, 20 de marzo de 2015

Formado en sus primeras letras por las amorosas manos de Teresa Pérez Bonalde de Sucre, hermana del poeta de “Vuelta a la Patria”, ingresó más tarde a la Universidad Central, pero lo sorprendió en el camino, al tercer año de estudios de Derecho, una pasión periodística que ya nunca más le abandonaría. Aunque más conocido como humorista, su obra poética, y en especial “Graves y agudos”, está signada por una suerte de tristeza que la torna intensa y dramática

Francisco Pimentel, Doctor en graves y agudos

Francisco Pimentel / Cortesía
Francisco Pimentel / Cortesía
Con una escritura llena de humor, donde solo la cárcel hizo paréntesis a su febril obra, Francisco Pimentel nos ofrece libros de auténtico valor literario y testimonial, como lo es el poemario “Graves y agudos”, escrito durante su estadía en La Rotunda. Formado en sus primeras letras por las amorosas manos de Teresa Pérez Bonalde de Sucre, hermana del poeta de “Vuelta a la Patria”, ingresó más tarde a la Universidad Central, pero lo sorprendió en el camino, al tercer año de estudios de Derecho, una pasión periodística que ya nunca más le abandonaría. Aunque más conocido como humorista, su obra poética, y en especial “Graves y agudos”, está signada por una suerte de tristeza que la torna intensa y dramática

Dedicado a mi siempre amiga Angela Rizzo y a "Cielito Lindo" también.
Venezuela inauguró este siglo con una dictadura que venía del siglo XIX, producto de más de 200 guerras civiles e intestinas que convulsionaron el país sin misericordia, hasta que Cipriano Castro se aseguró férreamente el poder.
Un golpe de compadre a compadre, cuya felonía terminara en 1935 con la muerte de Juan Vicente Gómez, nos muestra un siglo XX nacional, donde Caracas era apenas una ciudad de menos de 80.000 habitantes, en la cual todos se conocían, y donde la luz eléctrica no alcanzaba a hacer desaparecer los fantasmas de la Sayona, o de la aún más terrorífica Sagrada, que recorrían las 15 manzanas que conformaban la Caracas gomecista.
En una Venezuela donde aún no había llegado todavía el ascensor y el tranvía era el medio de transporte por excelencia, los poetas, los humoristas y los escritores de época, fueron a dar más de una vez con sus huesos a las mazmorras del Castillo de Puerto Cabello y La Rotunda, por hacer frente a la dictadura inconmovible del Bagre Civilizador, Juan Vicente Gómez.
Entre estos intelectuales y humoristas, geniales inconformes y casi siempre opositores, se encontraba Francisco Pimentel (alias Job Pim, cariñosamente apodado también Jobo), quien desafió una y otra vez al régimen con su verbo y con su verso, con sus caricaturas y su personalidad ética a toda prueba. En crónica, la mayoría de las veces rimada, Job Pim nos radiografió la conducta y costumbres del venezolano de la época, sus estilos de vida, la vestimenta, los condumios, las modas y refranes que hacían de Caracas una capital costumbrista y zagaletona, y que nos muestran con minuciosidad periodística la sociedad patriarcal de su tiempo.
Con una escritura llena de humor, donde solo la cárcel hizo paréntesis a su febril obra, Francisco Pimentel nos ofrece libros de verdadera estatura continental, como lo es su Graves y agudos, libro triple con versos de diverso temple, donde podemos leer los poemas “Graves”, que dan cuenta de lo que fue su vida carcelaria, los “Agudos”, en los cuales el humor se despliega a torrentes en una visión de época magistral, y los poemas que forman el “Intermezzo”, que dan cuenta de lo cotidiano, con una calidad de escritura y conocimiento de nuestro idioma que podemos mostrar con orgullo ante los grandes escritores latinoamericanos de su época.
El sino de su vida
Nació en Caracas en el año 1889, la misma ciudad que lo vería morir en 1942. Se formó en un ambiente literario y humorístico, con un padre reconocido como crítico y fabulista, una madre poeta que colaboraba con El cojo ilustrado y La Semana, y tertulias interminables donde la gente más preclara de la intelectualidad caraqueña, como los Fombona o los Calcaño, hacían galas de su conocimiento ante el niño asombrado que era Francisco.
Apasionado por la lectura y con una memoria prodigiosa, ya a los cuatro años recitaba con perfección de entonación y sentimiento, las muchas poesías que su padre le enseñaba. En el homenaje que se le realizara al pintor Arturo Michelena en el Teatro Municipal, con tan solo 7 años, Francisco conmovió a la audiencia, como lo refiere Key Ayala en Páginas Venezolanas.
Tuvo pasión desmedida por la música, de manera tan profunda, que aún enterrado en las mazmorras gomecistas, sus compañeros le oían silbar de memoria, óperas completas, sus favoritas La Bohemia,Madame ButterflyRigolettoAída, negándose a doblegar su espíritu sensible y su noble hombría, aún en los momentos en que era torturado. Bajo la más terrible de las tristezas, la de la solitaria Rotunda, solía consolar a sus compañeros de celda silbando valses o recordando canciones, con tal perfección que su sonido llegaba a parecer una flauta.
Formado en sus primeras letras, por las amorosas manos de Teresa Pérez Bonalde de Sucre, hermana del poeta de Vuelta a la Patria, ingresó a la Universidad Central a estudiar Derecho, donde en un tercer año con magníficas notas le sorprendió la pasión periodística, que ya nunca más le abandonaría.
Su obra: la inteligencia contra Gómez
Cinco son sin duda los grandes nombres de nuestro humorismo de este siglo: Francisco Pimentel, Leoncio Martínez (Leo), Andrés Eloy Blanco, Miguel Otero Silva y Aquiles Nazoa, en un país donde el humorismo ha sido elemento clave en la formación de la personalidad del venezolano.
Frente al absolutismo carnívoro de nuestro siglo, los humoristas reaccionaron con el ingenio mordaz de la sátira política. Pero dentro de esta lista conmovedora de grandes nombres, un dúo brilla con luz propia. Nacidos con apenas dos años de diferencia, en toda la Historia de la literatura venezolana no hay amistad más hermosa y entrañable que la de Leoncio Martínez y Francisco Pimentel, cuya profunda y mutua admiración podemos leer en versos de Job Pim: “Mi querido compinche: tu destino/ empalma mi camino a tu camino/ y tu acción a mi acción;/ desde hace un siglo que nos conocimos/ y a la vida de prensa recurrimos,/ soy tu medio limón”.
En 1913 comenzó Job Pim a publicar una sección humorística en verso en El nuevo diario, titulada “Pitorreos” (que más tarde se convertiría en libro). Un año después, el 26 de mayo de 1918 fundó una revista con el mismo nombre cuyo éxito le obligó a convertirla en diario. Es en este momento que el Jobo decide asociarse con Leo, para constituir el inmortal dúo de humoristas, que supo con el pecho henchido de valor, colocarle una tierna sonrisa a la triste Venezuela de Gómez. Como tercer socio de esta aventura periodística se encontraba el no menos intrépido José Rafael Pocaterra, quien firmaba una columna en el periódico con el pseudónimo de “Le Démon du Midi”. También Rafael Guinand tuvo su lugar en estas páginas y en ellas publicó algunos de sus cuentos como “Jacinto”.
El 17 de Enero de 1919, cinco meses después de la constitución de “Pitorreos” en El nuevo diario, el general Gómez ordena su clausura y la prisión de los responsables. Leo y Job Pim son violentamente mudados a la Rotunda, donde les acompañan los dos hermanos de Pimentel: Tancredo y Luis Rafael.
Durante esos tres años de duro encarcelamiento y torturas, escribe Job Pim sus más conmovedores poemas: “La bordadora” y “Hierro dulce”, y su amigo Leo escribe a su vez la inmortal “Balada del preso insomne”. Es allí donde Job Pim escribe sus “Graves”, poemas de la mejor factura de la época.
Al salir de la cárcel, de nuevo los dos humoristas se alían, y en abril de 1923 Leo funda el semanario Fantoches, donde Job Pim colaboraría con su humor ácido y picante, junto a la joven intelectualidad antigomecista.
Hasta la muerte de Gómez y aún después, bajo la presidencia de López Contreras, que lo nombró Cónsul en España, Job Pim continuó ejerciendo el periodismo humorístico sin descanso.
Humor y más humor
Notables tanguistas y fanáticos de los toros, Leo y Job Pim, definidos por sí mismos como “calaverones”, en medio de los carcelazos y las persecuciones, tuvieron tiempo para hacer burla del régimen, también de otras maneras creando una comedia tropical: la gran joda del Gran culto de Osiris. Este supuesto culto o sociedad cómico-secreta, se reunía en la esquina de Manduca. Allí, una cuerda de literatos y jodedores, bajo la influencia de la francomasonería y su ceremonial de símbolos y oficios, disfrazados y recordando los ritos de Osiris, componían pantomimas contra el gobierno, contribuyendo al gozoso misterio del humorismo nacional. Figuras como Pedro José Muñoz, Rafael Carías, Pedro Sotillo, Juan Vicente Lecuna (músico mayor), entre muchos otros, parodiaban a las deidades momiformes como la dinastía Amenhotep, cambiando sus nombres y representando en funciones públicas y pantomimas contra los ministros gomecistas, dedicándose a “mamarle el gallo egípciacamente” a la sociedad caraqueña, usando a los políticos del Bagre como corderos de sacrificio al Gran Dios Osiris.
De este “culto”, todavía en los años cuarenta, se recordaban los “Juegos frutales” (por los “Juegos florales”, competencias poéticas puestas en boga por el Modernismo), los espectáculos dadaístas y las veladas etílicas, que fueron las delicias de propios y extraños en aquella época.
Como vanguardia literaria y política, gente como Leoncio Martínez y Francisco Pimentel dejan una huella difícil de seguir. Al recordar a Job Pim, y leer su extensa, culta y pulida obra, nos preguntamos, dónde están en este momento aquellos de nuestra generación que puedan continuar hacia el siglo XXI, ese ejemplo de ética humana y literaria, que hizo de la sonrisa, el arma más poderosa contra la corrupción y la tiranía.

Sal de Pim
Los poetas festivos, los caricaturistas felones y los dibujantes guasones no pararon de burlarse de la dura dictadura gomecista. El genial opositor que fue Job Pim, supo resistir los terribles años de cárcel feroz a los que fue sometido, con una dignidad que mucho serviría hoy en día de ejemplo a nuestros intelectuales comodones, pues en aquellos años, venezolanos de la talle de Leoncio Martínez, Andrés Eloy Blanco y Francisco Pimentel, se jugaban el destino de sus letras junto al de sus vidas, apostando a la gloria, no de “aparecer en la Historia” sino de hacer la Historia, aportando su parte en el largo drama nacional de allanar un camino hacia la democracia. Siempre con valor y con una finura rallana en la genialidad, hasta en los momentos más difíciles brillaba el genio, como cuando Job Pim asiduo huésped de La Rotunda, era interrogado por la policía a la entrada de la cárcel sobre su profesión y contestaba con sarcasmo: “Preso político profesional”.

Retrato en familia
Por Jesús Sanoja Hernández
Cecilia, una de sus hermanas, publicó en 1970 el libro Bajo la tiranía, donde se mezclan biografía familiar y biografía del gomecismo, estableciendo el contraste entre lo que es la lucha por la libertad y lo que representa el régimen que la ahoga. Como grupo familiar, los Pimentel encarnaron la Venezuela creadora, rebelde y ética. El Jobo, además, asumió esos valores con una valentía donde el humorismo, que manejaba como pocos en Latinoamérica, nunca cedió un palmo.
Fue la misma Cecilia quien años antes escribió el prólogo a las Obras completas, ayudada en la tarea investigativa por la viuda de Job Pim, doña María Luisa Vegas, promotora de la idea de recopilar cuanto hubiese en viejos periódicos y revistas y que no estuviera ya guardado en el archivo o biblioteca de la familia. Esa introducción constituye una importante fuente de información para entender lo que fue la vida del Jobo: su actividad literaria, su pasión periodística, sus tres, y no cortas, prisiones, así como las de sus hermanos, el sentimiento profundo del hogar, la solidaridad con los humillados y ofendidos. El Jobo (como los suyos) afrontó todas las desgracias bajo la tiranía sin apelar al apóstrofe y al panfleto. A diferencia de Pocaterra, cuyo estilo y actitud eran opuestos, el Jobo tomó aquello con humor impar, dentro del tono de sus “agudos” y sus “pitorreos”, o con dramatismo dulcificado, sin vehemencia ni fogosidades.
Graves y agudos fue reunido en volumen, en 1940, poco antes de su muerte, e incluido un decenio más tarde en la antología que editó el Ministerio de Educación. Pero aquel que tenga la fortuna de conseguir un ejemplar de las Obras completas, cuyas 1290 páginas se abren, precisamente, con ese poemario, logrará tener una mejor idea de lo que representó Job Pim en la literatura y el periodismo de nuestro país. Me atrevería a afirmar que allí se encuentra casi todo lo que acaeció en Venezuela (y muchísimo de lo acaecido en el mundo) entre 1911, cuando comenzó a publicar sus Pitorreos, y 1942, que fue el año de su muerte.
En la hora final Andrés Eloy Blanco y Miguel Otero Silva lo despidieron con poemas donde el tono “grave” se contaminaba de “agudos” que hubiesen sido de su agrado. Aquiles Nazoa lo enalteció en admirable selección Los humoristas de Caracas. Picón Salas recordó cómo él había hecho “la burla de todo lo solemne y falso del folklore racional, y de la más expresiva lengua y vernácula, los símbolos e imágenes de su tragicomedia”.
En el cuarto tomo de su acuciosa indagación sobre el humorismo venezolano en verso, Efraín Subero cedió a Francisco Villalba Pimentel, sobrino de Job Pim, la presentación del “Jobo triste y jovial”, quien acudió, entre otros, a la opinión de un monstruo del humorismo, por un lado, y por el opuesto, a la del poeta más venerable en estos tiempos por la generación desacralizadora. A la de Leoncio Martínez, Leo, y a la de Ramos Sucre, el solitario.
Decía Leo que Job Pim constituía un caso insólito de fertilidad en un medio árido. Y decía Ramos Sucre que era “la más grande inteligencia” que había dado Venezuela “en los últimos años”.
Como Job Pim, su amigo Leo, el de Fantoches, y antes el dePitorreos, fue cliente seguro de La Rotunda. Ambas publicaciones fueron acosadas por el tirano, pero ninguno de los dos se acobardó. Más fuerte resultó, es verdad, el golpe para el Jobo, porque el impacto alcanzó al ámbito familiar. Su hermano Luis Rafael había sido gestor, desde el campo de la juventud militar, del movimiento que en enero de 1919 planeaba derribar a Gómez, y en el que figuraban universitarios como Gustavo Machado y Salvador de la Plaza, e intelectuales como Pocaterra (que fue injusto con el Jobo). Entre la prisión de Luis Rafael y la suya solo hubo cuatro días de diferencia. Pero nunca hubo diferencia entre su actitud, la del capitán de artillería y la del resto de la familia.

*Publicado el 24 de mayo de 1998

La disciplinada dedicación del Doctor en Filosofía, Luis Fernando Moreno Claros, a la vida y obra de Schopenhauer, agrega ahora una clarificadora biografía. A sus traducciones de la “Dialéctica Erística” (2011) y de los “Diario de viaje” (2012), y a su notable estudio sobre su pensamiento filosófico publicado en el 2010 (Biblioteca Grandes Pensadores, Editorial Gredos), se suma ahora “Schopenhauer. Una biografía”, equilibrado texto que se aproxima a la vida del hombre, al tiempo que desgrana los trazos esenciales de su contribución al pensamiento de occidente

Arthur Schopenhauer: el genio y sus reveses

Arthur Schopenhauer, una biografía por Luis Fernando Moreno Claros
Arthur Schopenhauer, una biografía por Luis Fernando Moreno Claros
La disciplinada dedicación del Doctor en Filosofía, Luis Fernando Moreno Claros, a la vida y obra de Schopenhauer, agrega ahora una clarificadora biografía. A sus traducciones de la “Dialéctica Erística” (2011) y de los “Diario de viaje” (2012), y a su notable estudio sobre su pensamiento filosófico publicado en el 2010 (Biblioteca Grandes Pensadores, Editorial Gredos), se suma ahora “Schopenhauer. Una biografía”, equilibrado texto que se aproxima a la vida del hombre, al tiempo que desgrana los trazos esenciales de su contribución al pensamiento de occidente

Un privilegiado: su padre fue un comerciante rico y republicano, culto y reputado (una sugerente señal: fue heredero de un dibujo original de Durero); su madre, ingeniosa, versátil y de firme carácter, como lo demostraría muchas veces en su vida. Arthur Schopenhauer nació en Danzing, el 22 de febrero de 1788. Siempre agradeció a su padre el que le haya provisto de las condiciones y recursos que hicieron de él, un hombre de estudio y pensamiento.
Las diferencias entre los padres de Schopenhauer no se limitaban a la edad (Johanna, la madre, nació en 1766; Heinrich, el padre, en 1747). Constituyen una marca profunda e irreversible en el carácter y la visión del mundo de Schopenhauer. Lo más probable es que haya sido él mismo, el primero en preguntarse y responder a la doble cuestión de qué había heredado del padre y qué de la madre.
La infancia de Arthur parece haber transcurrido sin perturbaciones. Tenía cinco años, en marzo de 1793, cuando la familia debió partir a Hamburgo, ante la inminente ocupación militar de Danzing por parte de Prusia. “En la más tierna edad me quedé sin patria. Desde entonces jamás he vuelto a tener otra”. La familia se estableció allí. Adele, la única hermana de Arthur, nacería en Hamburgo (1797). Los negocios del padre prosperaron. El pequeño fue educado con primor. A los diez años vivió en Francia, donde aprendió la lengua francesa, además de los primeros rudimentos del latín: con el tiempo, Schopenhauer se haría políglota. Siendo un adolescente, hizo dos viajes por Europa, el primero entre julio y octubre de 1800 (conoció Hannover, Weimar, Praga, Carlsbad, Dresde, Berlín, Leipzig y otras ciudades); el segundo, de mayo de 1803 a agosto de 1804, en un recorrido que incluyó decenas de lugares, museos, monumentos, paisajes y el encuentro con personalidades en Holanda, Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Suiza y Austria (un ejemplo: a Friedrich Schiller). Los diarios que escribió de ambos recorridos son, hasta ahora, los primeros textos suyos conocidos. En ellos queda patente la estupefacción del adolescente ante el estado de galeotes y presos (también a su madre, que mucho más adelante se convertiría en una popular escritora, estos viajes le marcaron de forma indeleble). Su amor por los libros se hizo presente muy temprano: mientras su padre le conducía hasta Voltaire, el adolescente leía poesía. Desde su primera escritura, su estilo desecha la palabrería y se impone la premisa de la claridad. Su pensamiento –su empresa filosófica– se fundamentaría en la experiencia, derivaría del contacto con la realidad. Muy temprano aparecen, su fascinación por la naturaleza –su pasión por las cumbres- “la desconfianza que ya le provocaban las formas externas de la religión”. Pero también muy temprano la hosquedad, cierta inflexibilidad, un orgullo que podía salirse de su contenedor, sus modos arrolladores de opinar, los trazos más gruesos de su carácter, comenzaron a moldear sus relaciones con los demás.
La formación del pesimista
Sobre el joven pesaba lo que él experimentaba como una amenaza: su padre ansiaba que siguiera sus pasos y se convirtiera en comerciante. En abril de 1805 –acababa de cumplir 17 años– su padre apareció muerto en las adyacencias de su casa. Se inicia una época que le marcará en su vocación y en las relaciones con su madre. Ella se mudó a Weimar, la ciudad donde vivía Goethe, centro intelectual de Alemania (allí, Johanna Schopenhauer fundaría un prestigioso salón literario al que asistirían hombres como Goethe y Wieland, y daría inicio a su exitosa carrera como autora de novelas románticas).
Con cuidada delicadeza argumental, Moreno Claros establece una posibilidad que explique el origen del pesimismo de Schopenhauer: habría sido en aquellos tiempos, tras la muerte del padre y disuelta la familia en la práctica, cuando el pesimismo estructural que es el sello de su pensamiento, podría haber arraigado. Sus cartas de entonces dan cuenta del sombrío. En abril de 1807, Johanna le escribe y le insta a tomar un camino. Le advierte: dejar atrás la opción de convertirse en un comerciante, y escoger la vía del estudio, tendrá consecuencias, dificultades. Vanas advertencias: el joven ya llevaba una vida dedicado al estudio y al pensamiento. Era dueño de una inteligencia descollante. Con el paso del tiempo, políglota. Su conocimiento de los clásicos sobrepasaba cualquier probabilidad. Luego de una corta estadía en un instituto en Gotha, de donde fue expulsado (Johanna le escribió: “sé que hay pocos que sean mejores que tú, pero, no obstante, eres pesado e insoportable, y considero harto penoso vivir contigo”), prosiguió sus estudios en Weimar. A finales de 1809 comenzó a estudiar medicina en la Universidad Georgia Augusta, de Gotinga. Sus cuadernos de notas testimonian su dedicación a Platón y a Kant. El hombre solitario e incompetente para la amistad, se instaló en Berlín en el otoño de 1811, ahora sí para entregarse de lleno a la filosofía y a la meditación de la ciencia.
Lee. Su entrega al estudio es casi desproporcionada. Marco Aurelio, Montaigne, Rabelais, Locke, Schelling, Hume y más. En sus cuadernos, aparecen los primeros elementos de lo que será su pensamiento. Moreno Claros, traductor de los diarios de viaje del joven Schopenhauer y autor de un clarificador estudio sobre su pensamiento, ordena algunas evidencias de cómo la filosofía de Schopenhauer comienza a aparecer y a interconectar unas piezas con otras. El joven siente que algo grande se incuba en su mente (“me siento fructificar”). En 1813 obtiene el título de doctor en filosofía, magna cum laude, por la Universidad de Jena, por su tesis doctoral, “De la cuádruple raíz del principio de razón suficiente”, que redactó como inquilino de una pensión en Rudolstadt. Allí aparecían, de forma más nítida, algunos de los fundamentos de su pensamiento (“Una de sus tesis principales será la siguiente: que el mundo es, existe, mientras hay un cerebro que se lo representa, fuera de ese cerebro no hay mundo tal y como lo conocemos”). El empuje de la mente de Schopenhauer era tan frontal, implacable y desafiante, que ni siquiera Goethe, más adelante, pudo confrontar su “Teoría de los colores” (1810) con “Sobre la visión y los colores” (1816), el libro de Schopenhauer que abordaba casi la misma problemática. Ante la posibilidad de verse arrollado por el joven, Goethe optó alejarse del impetuoso hijo de su querida amiga Johanna.
Nueva vida
Por aquellos años, 1813 y 1814, con firmes posiciones de parte y parte, el vínculo entre madre e hijo se fracturaría para siempre. En abril de 1814, Arthur fue conminado a abandonar la casa de Johanna. De allí partió a Dresde, donde viviría los siguientes cuatro años. En ese tiempo, años de hondura en el estudio y la reflexión, y en ese lugar ocurrió lo que a mí, no más que un lector aficionado me luce como un resultado simplemente descomunal: crea las bases de “El mundo como voluntad y representación”. Moreno Claros reproduce dos anotaciones del cuaderno de Schopenhauer correspondientes a 1814: “El mundo como cosa en sí es una gran voluntad que no sabe lo que quiere; como no sabe solo quiere, precisamente porque solo es voluntad y no otra cosa” (…) “El mundo es mi representación y el mundo es simple voluntad”. En apenas un año, Schopenhauer escribió su obra, que estuvo lista a finales de 1818, y que fue publicada por primera en 1819.
Aunque a los 30 años ya había escrito su obra magna, y era una persona excepcional en cuanto a que había heredado bienes que le permitían vivir sin mayores apremios (“un fausto destino me otorgó el ocio exterior y la íntima y vigorosa energía para poder producir pronto y fresco lo que otros, por ejemplo Kant, aun siendo fruto de su juventud, solo pudieron servir marinado en el vinagre de la vejez”), quizás Schopenhauer no fue feliz. Fue un hombre sin patria y sin familia; se desencantaba de sus maestros en corto tiempo; no logró tener relaciones duraderas con las mujeres; era puntilloso y engreído, por lo que tuvo pocos amigos y todavía menos interlocutores; sus intentos por establecerse como profesor universitario fueron fallidos; tarde, muy tarde, le llegó el reconocimiento a su obra. Fue un genio, la vida cargada de reveses.
En lo fundamental, un solitario. No fue una persona especialmente enfermiza, pero no resistió la neumonía que lo mató en septiembre de 1860. Los últimos cinco años de su vida disfrutó de reconocimiento y de lecturas comprensivas de su obra. Le llamaban “el Buda de Fráncfort”, ciudad en la que se instaló en 1832. En 1838 murió su madre. En 1849 su hermana Adele. En 1851 aparecieron los dos tomos de “Parerga y paralípomena”, que reúne sus ensayos, opiniones y escritos breves. 
Una temprana anotación de 1822-1823 (Schopenhauer tenía alrededor de 34 años) es reveladora de su dificultad para acomodarse a las asperezas de vivir: “Cuando a veces me sentía desdichado, fue a causa de una ‘méprise’, de un error personal; fue por haberme creído otro hombre distinto de aquel que soy, de cuyas desgracias me lamentaba; por ejemplo, un profesor que nunca llegará a catedrático y que no tiene alumnos; o un hombre del que habla mal un filisteo o del que chismorrea una comadre; o el acusado en un proceso por injurias; o el amante del que nada quiere saber la muchacha de la que se ha encaprichado; o el paciente al que su enfermedad recluye en casa; u otra persona, atormentada por miserias similares. Pues bien, yo no he sido ninguno de estos; conforman un tejido que me es ajeno y que, como mucho, sirvió para que se confeccionase un frac que solo me he puesto unos momentos y que enseguida cambié por otro. Entonces, ¿quién soy yo de verdad? Pues el que ha escrito “El mundo como voluntad y representación” y que ha dado tal solución al gran problema de la existencia que deja obsoletas las precedentes y que, en cualquier caso, mantendrá ocupados a los pensadores de los siglos venideros. Este soy yo, ¿quién podrá disputarme este mérito?”.

Schopenhauer. Una biografía.
Luis Fernando Moreno Claros.
Editorial Trotta,
España, 2014.