A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

sábado, 21 de febrero de 2015

La lista de los nominados a los Oscar en las principales categorías

La lista de los nominados a los Oscar en las principales categorías

"Birdman" y "El gran hotel Budapest" lideraron las candidaturas.

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La cinta de Alejandro González Iñárritu opta a nueve premios (Cortesía)
EL UNIVERSAL
jueves 15 de enero de 2015  11:36 AM
Los Ángeles, 15 ene (dpa) - A continuación, los nominados a los Oscar de la Academia de Hollywood en las principales categorías:

MEJOR PELÍCULA

"American Sniper", de Clint Eastwood "Birdman", de Alejandro G. Iñárritu "Boyhood", de Richard Linklater "El Gran Hotel Budapest", de Wes Anderson "The Imitation Game", de Morten Tyldum "Selma", de Ava DuVernay "La teoría del todo", de James Marsh "Whiplash", de Damien Chazelle

MEJOR DIRECTOR Alejandro G. Iñárritu por "Birdman" Richard Linklater por "Boyhood" Bennett Miller por "Foxcatcher" Wes Anderson por "El Gran Hotel Budapest" Morten Tyldum por "The Imitation Game"

MEJOR ACTOR PROTAGONISTA

Steve Carell por "Foxcatcher" Bradley Cooper por "American Sniper" Benedict Cumberbatch por "The Imitation Game" Michael Keaton por "Birdman" Eddie Redmayne por "La teoría del todo"

MEJOR ACTOR DE REPARTO Robert Duvall por "The Judge" Ethan Hawke por "Boyhood" Edward Norton por "Birdman" Mark Ruffalo por "Foxcatcher" J.K. Simmons por "Whiplash"

MEJOR ACTRIZ PROTAGONISTA Marion Cotillard por "Dos días, una noche" Felicity Jones por "La teoría del todo" Julianne Moore por "Siempre Alice" Rosamund Pike por "Perdida" Reese Witherspoon por "Wild"

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO Patricia Arquette en "Boyhood" Laura Dern en "Wild" Keira Knightley en "The Imitation Game" Emma Stone en "Birdman" Meryl Streep en "Into the Woods"

MEJOR PELÍCULA ANIMADA "Big Hero 6" "The Boxtrolls" "How to Train Your Dragon 2" "Song of the Sea" "The Tale of the Princess Kaguya"

MEJOR FOTOGRAFÍA Emmanuel Lubezki por "Birdman" Robert Yeoman por "El Gran Hotel Budapest" Lukasz Zal y Ryszard Lenczewski por "Ida" Dick Pope por "Mr. Turner" Roger Deakins por "Unbroken"

MEJOR DOCUMENTAL "CitizenFour", de Laura Poitras "Finding Vivian Maier", de John Maloof y Charlie Siskel "Last Days in Vietnam", de Rory Kennedy "La sal de la tierra", de Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado "Virunga", de Orlando von Einsiedel

MEJOR PELÍCULA DE HABLA NO INGLESA

"Ida", Polonia "Leviathan", Rusia "Tangerines", Estonia "Timbuktu", Mauritania "Relatos salvajes", Argentina

MEJOR BANDA SONORA

Alexandre Desplat por "El Gran Hotel Budapest" Alexandre Desplat por "The Imitation Game" Hans Zimmer por "Interstellar" Gary Yershon por "Mr. Turner" Jóhann Jóhannsson por "La teoría del todo"

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL "Everything Is Awesome", de "The Lego Movie" "Glory", de "Selma" "Grateful", de "Beyond the Lights" "I'm Not Gonna Miss You", de "Glen Campbell...I'll Be Me" "Lost Stars", de "Begin Again"


MEJOR GUIÓN ORIGINAL "Birdman", escrita por Alejandro G. Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Jr. & Armando Bo "Boyhood", escrita por Richard Linklater "Foxcatcher", escrita por E. Max Frye y Dan Futterman "El Gran Hotel Budapest", escrita por Wes Anderson y Hugo Guinness "Nightcrawler", escrita por Dan Gilroy

MEJOR GUIÓN ADAPTADO "American Sniper", escrita por Jason Hall "The Imitation Game", escrita por Graham Moore "Inherent Vice", escrita por Paul Thomas Anderson "The Theory of Everything", escrita por Anthony McCarten "Whiplash", escrita por Damien Chazelle 

Casi siete décadas después de haber visto luz por vez primera, “Las Memorias de Mamá Blanca” siguen encumbrando a su autora, Teresa de la Parra, entre los nombres más grandes de literatura venezolana. Novela que transita los recuerdos de una infancia feliz en un mundo que fue destinado a su desaparición histórica

Las Memorias de Mamá Blanca. Evocación del paraíso perdido

Teresa de la Parra, novelista venezolana | Archivo
Teresa de la Parra, novelista venezolana | Archivo
Casi siete décadas después de haber visto luz por vez primera, “Las Memorias de Mamá Blanca” siguen encumbrando a su autora, Teresa de la Parra, entre los nombres más grandes de literatura venezolana. Novela que transita los recuerdos de una infancia feliz en un mundo que fue destinado a su desaparición histórica

“… Este librito encantador que tiene la frescura de un ramo de flores recién cortadas, sí lo es”, respondió convencida la escritora cubana Lydia Cabrera a Rosario Hiriart, cuando esta le preguntó acerca de la coloratura autobiográfica de Las memorias de Mamá Blanca, la segunda y última novela escrita por su íntima Teresa de la Parra y publicada por vez primera, desde París, en el año 1929.
Contaba 30 años para entonces (nació en la capital francesa un 5 de octubre de 1898) y con aquellas páginas, Teresa de la Parra había optado por evocar una serie de pasajes iniciáticos de sus tempranos días, cuando regresa a Venezuela en compañía de sus padres. Desde los dos, hasta los ocho años vivió en El tazón, la aristocrática hacienda familiar ubicada en los alrededores de Caracas. Y los recuerdos de su infancia, las vivencias felices, el regocijo ante una visión casi paradisíaca de todo ese universo rural encarnado en la ficción por la hacienda Piedra azul, el lugar donde se desarrolla la mayoría de los acontecimientos de Las memorias de Mamá Blanca, fueron los acicates de esta historia. Historia plena de pequeñas, divertidas e ingenuas anécdotas de una niña –Blanca Nieves– que, en palabras de Marisela Álvarez (prólogo de la edición de Monte Ávila), “adquiere esa especie de intemporalidad de los cuentos que el hombre ha ido transmitiendo a través de los tiempos”.
A lo largo de un exilio voluntario por Europa, esta “cantora del paraíso perdido”, como definiera Orlando Araujo a Teresa de la Parra, pergeñó su obra. Comenzó a hacerlo en 1926, cuando había sido ya publicada su cuestionada por “feminista” Ifigenia (Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba). Contando con la distancia como mejor aliada –durante un enclaustramiento férreo en Vevey, Suiza; muy cerca de las riberas del lago Leman–, redondeó febrilmente las páginas de Mamá Blanca. “Vivo como una monja escribiendo”, dijo en medio de su letanía, poco antes de finalizar esta, reconocida como la mejor de sus novelas.
 La humanización de la vida
 “A los ocho días de estar en Caracas nos habíamos dado amarga cuenta de que nosotras, las seis niñitas de la Casa grande, ex princesas de Piedra Azul, éramos unas hormigas, peor, mucho peor que la mayoría de las hormigas, quienes al caminar unas tras otras se pierden felices dentro del anónimo y la uniformidad”, dice el lamento de Blanca Nieves, luego de que su familia abandona Piedra azul para instalarse en la ciudad capital. Y es que a diferencia de otros intelectuales de su época como Pedro Manuel Arcaya, Laureano Vallenilla Lanz, César Zumeta o José Gil Fortoul, en esa reconstrucción del pasado que es Las memorias de Mamá Blanca,dejó constancia de su inconformidad con los desafueros positivistas –si cabe el término– de la modernidad. Hay una intencionalidad de rescate, casi utópica, de los tiempos de la Colonia. Douglas Bohórquez, en su texto Teresa de la Parra. Del diálogo de géneros y la melancolía, escribe: “En el plano ético, Las Memorias … expresan pues un rechazo a la deshumanización que implica el progreso moderno, el positivismo a ultranza, al asumir una visión más bien nostálgica y melancólica del mundo”.
En numerosas cartas y conferencias, Teresa de la Parra hizo hincapié en el valor histórico y humano de la Colonia. Aunque con el advenimiento de la era republicana, la Colonia perdió mucho de su estructura de poder, para ella su poder moral no desapareció por completo. En misiva fechada 1° de octubre de 1930 a Rafael Carías aseveró: “Me interesa mucho conocer la Colonia (…) Yo trato de recordar lo más posible los relatos orales de los viejos que conocí en mi infancia cuando no sabía apreciarlos”.
Ubicada cronológicamente a mediados del siglo pasado ­–1855 según cálculo de Elizabeth Garrels, un año después de que José Gregorio Monagas decretase la abolición de la esclavitud (en Las grietas de la ternura. Nueva lectura de Teresa de la Parra)– , Las Memorias de Mamá Blanca aborda las impresiones de una pequeña de cinco años, tercera de una camada de seis niñas, que conviven en el mundo bucólico y libre de la hacienda productora de azúcar cimentada en las cercanías de la capital. Parte de las notas entregadas sobre su infancia por Mamá Blanca a la escritora, con quien no la unía parentesco alguno, salvo una profunda amistad cosechada a lo largo de los años.
En ese terruño natal, la autora establece las relaciones de complicidad de Mamá Blanca –o de la niña Blanca Nieves– con las hermanas (su admiración ante la fuerza “despótica” de Violeta); redondea los contrastes afectivos de sus padres (la romántica dulzura de la madre y el respeto que le inspiraba el poderoso padre, a quien nunca la providencia lo premió con el tan ansiado hijo varón).
También, la novela desenmascara el impacto que produce la muerte (la vaca Nube de Agüita o la hermana Aurora quien, recién llegada a Caracas, fue víctima de sarampión y tos ferina), en aquellas almas inocentes y se encarama en los entornos social y natural de la hacienda. “Por fin, más allá de la casa y de la cocina, había el mayordomo, los medianeros, los peones, el trapiche, las vacas, los becerritos, los mangos, el río, las mariposas, los horribles sapos, las espantosas culebras semilegendarias y muchas cosas más que sería largo enumerar aquí”. A lo largo de 168 páginas serenas, los ojos de Blanca Nieves van describiendo personajes emblemáticos de un país que experimentaba un profundo proceso de transformaciones políticas, sociales, culturales y económicas. Están Evelyn, la estricta mulata traída de Trinidad, quien con su español desprovisto de artículos “exhalaba a todas horas orden, simetría, don de mando, y un tímido olor a aceite de coco”; Primo Juancho, el ilustrado europeísta “de elegante pobreza”, según categoriza Rosario Hiriart, cuyas pasiones lo ayuntaban por igual con los liberales y conservadores; el querido Vicente Cochocho, peón de hacienda tan feo como su apellido, pequeño de estatura física y “grande por la bondad de su alma”, quien se expresaba con palabras propias del siglo XVI (ansina, truje, aguaitar, mesmo, etc.) y se unía a cuanta montonera emprendían las hordas caudillescas, para luego regresar a Piedra Azul con la satisfacción del deber cumplido.
Las memorias de Mamá Blanca constituye la primera gran novela de evocación de la literatura venezolana. Mirada al pasado de una joven escritora cuyo nacimiento en París coincidió con los días de la Belle Epoque y cuya adolescencia estuvo signada por una severa educación religiosa en España, y que se alimenta de una tonalidad intimista, muy cercana a la oralidad y a un depurado sentido del humor (muy a diferencia, por ejemplo, del tono solemne y epopéyico de Doña Bárbara, publicada ese mismo año, 1929, y que aborda el mismo conflicto entre civilización y barbarie). Un libro que, ciertamente, posee la frescura de un ramo de flores recién cortadas.
Dos nuevos cuentos de la señorita
Un par de historias relativamente desconocidas se han añadido a la bibliografía –amén de los numerosos estudios sobre su vida y obra– de esta autora que falleció a los 37 años, un 23 de abril de 1936. Fecha curiosa –23 de abril– que coincide con las muertes de otros dos inmaculados de la literatura universal: Miguel de Cervantes y William Shakespeare y que se ha instituido en Venezuela como el Día del Idioma. De este modo, la serie Carriel 1 y 2 de la Colección Unicornio, publicó el pasado 23 de abril, y por primera vez, los títulos La Mamá XLa Señorita Grano de Polvo, Bailarina del Sol, cuentos que hasta ahora solo habían salido a la luz en Bibliotecas Ayacucho. Ambas consideradas por la crítica como cuentos para adultos, y que ahora se editan bajo la premisa de ser historias fantásticas para jóvenes, La mamá X, de 63 páginas. Contará con ilustraciones de Norma Ruiz, mientras que La señorita Grano de Polvo, Bailarina del Sol, acompañada de una serie de fotografías de Teresa de la Parra. Ambos con contratapas de Velia Bosch. Un par de ricos hallazgos para seguir leyendo y releyendo a la señorita que escribió porque se fastidiaba.

Teresa entre dos novelas
Por Jesús Sanoja Hernández
Con prólogo de Francis de Miomadre, a quien bastante le debió la entonces “nueva literatura” venezolana, apareció en París (Editorial Franco-Iberoamericana y 255 páginas de texto exploratorio del “alma femenina”, la novela Ifigenia. Corría 1924 y la prensa caraqueña se ocupaba, a través de crónicas enviadas desde Europa, de mujeres singularísimas como Isidora Duncan, “loca vibración inmóvil” de la danza, Eleonora Duse, la italiana que en las tablas rivalizó con la Bernhardt y que murió aquel mismo año, y Sofía Casanova, española que en el periodismo y la narrativa había penetrado en los “ismos” políticos e ideológicos.
Hasta entonces, pese a que parte del diario de la señorita que “escribió porque se fastidiaba” había sido publicado en diario capitalino, Teresa de la Parra, nacida Ana Teresa Parra Sanojo, no había llamado la atención. Uno de los primeros escritores en saludar la obra fue Enrique Bernardo Núñez, el 31 de Agosto de 1925. Aunque en su artículo EBN no se desbordó con su característico don crítico, sí anotaba el sacrificio de María Eugenia Alonso (esa nueva Ifigenia “vencida por los prejuicios”) como significativo contraste con César Leal, “director de un Ministerio, con sus ideas dogmáticas, su automóvil Packard, una botonadura de rubíes y su famoso discurso en el Senado”.
El 25 de noviembre de 1928, Teresa le escribió una carta a Enrique desde París, en la cual, como en otras tantas de su epistolario, contraatacaba. Un tal Carlos de Villena, seudónimo con “furia moralista”, había editado un folleto en Bogotá, pleno de chabacanerías y prejuicios: “A lo mejor –replicaba Teresa– Villena es un ungido cura o sacerdote, pero en todo caso es un sátiro”.
Bogotá, para ambos, equivalió a un trauma político, pues Núñez había sido atacado por el estudiante Gonzalo Carnevali, con cuatro años en La Rotunda a cuestas, y lo mismo habían hecho los jóvenes exilados con Teresa, a sus paso esta por Colombia, tal como lo relata José Vasconcelos en el tomo El proconsulado. Teresa le habría dicho al maestro de América: “No niego que es malo Gómez, Vasconcelos (...) pero ¿con quién vamos a sustituirlo?”.
Estaba por concluir Teresa Memorias de Mamá Blanca y le anunciaba a Enrique que si el libro gustaba seguiría la serie, puesto que la novela terminaba al cumplir Mamá Blanca 7 años. Las angustias de la escritora, tanto por los reproches del destierro como por los de los pacatos, continuaron por algún tiempo, y semejantemente las del periodista y narrador que en 1931 habría de sorprender con Cubagua, para cuya edición, en Le Livre Libre, lo ayudó Teresa, entonces residente en París. Para el momento, Teresa trabaja intensamente en la recopilación de materiales sobre Bolívar “íntimo”, no el heroico. Quería incursionar, como le confesaba al bolivariano Lecuna, en una “vida célebre” novelada. Su obsesión era volver a Caracas, conocerla a profundidad, acercarse a la historia por la vía de los testimonios orales, indagar acerca de la vida colonial, tocar en lo profundo del Bolívar emocional y cotidiano.
Pues bien, entre Ifigenia y Las Memorias transcurrieron 5 años. El puente entre una y otra unió el presente con el pasado, la Caracas de los años 20 con la vida rural a mitad del pasado siglo, la juventud con la infancia, los desafíos de una señorita con el mundo fabulado y fabuloso de la niñez.
Amó Teresa la frescura del relato, el abordaje sentimental, la transparencia textual. En sus cartas se burlaba del “esplendor hermético”, las exposiciones cubistas, las antologías dadaístas, los desenfrenos teóricos de los “minoristas” cubanos (ojo, que por allí venía Carpentier) y en fin, de los impertinentes intelectuales, seres de los que huía tanto como se aproximaba a los inteligentes.
1899 la vio nacer en París y 1936, 23 de abril, morir en Madrid luego de larga travesía por sanatorios suizos y españoles. En 1989 Zulima (Lina López de Arambura) publicaba su segunda novela, Un crimen misterioso, inscrita en el folletín sentimental, y en 1936, la gente del exilio, políticamente cuestionadora de Teresa, regresaba para comenzar la labor substitución de Gómez. Por encima de tales contingencias, quedaron dos grandes novelas de ruptura y un epistolario, que en el caso de las cartas a Gonzalo Zambulbide, equivale a frustrada, aunque bella, novela de amor.

* Publicado el 28 de abril de 1998

Un adiós a Carlos Noguera (1943-2015)

No más juegos bajo la luna. Un adiós a Carlos Noguera (1943-2015)

Carlos Noguera | Archivo
Carlos Noguera | Archivo
Nació en Tinaquillo, Cojedes. Fue miembro del grupo literario “En Haa”, además de Director de la Revista Nacional de la Cultura y Presidente de Monte Ávila Editores Latinoamericana. A menudo se olvida que Carlos Noguera fue poeta y ensayista, además de narrador, autor de novelas fundamentales como “Historias de la calle Lincoln” (1971), “Inventando los días” (1979) y “Juegos bajo la luna” (1994), entre otras. En el año 1969 fue ganador del Concurso de Cuentos de El Nacional con “Altagracia y otras cosas”. En 1971 obtuvo el Premio Internacional de Novela Monte Ávila, con “Historias de la Calle Lincoln”. También fue finalista del Premio Rómulo Gallegos

La vergüenza, ese sentimiento que salvará a la humanidad
Andrei Tarkovski, Solaris

La noticia de la muerte de Carlos Noguera me consigue lejos de casa, en la que creo fue una de sus ciudades favoritas, la mítica Buenos Aires. He olvidado ya las minuciosas recomendaciones que en su momento me diera respecto a la ciudad, a sus rincones habituales, sus restaurantes y temporadas dilectas o sus numerosos amigos locales. No ocurre lo mismo con la imagen de Carlos saboreando el recuerdo como un marinero atraviesa la bruma, propenso como era al anecdotario sin fin, a los largos circunloquios y las más lentas explicaciones: retos nada amables para una mente ansiosa e impaciente como la mía, siempre a la espera de alguna grieta en el relato para escapar a la realidad más concreta. Así lo recuerdo en el taller de narrativa de Monte Ávila Editores en donde nos conocimos, allá en el inverosímilmente lejano 2006, pero también en las esporádicas conversaciones de cafetería, o en las reuniones de gerencia de la editorial, que fue su bastión y su refugio hasta las fechas recientes de su muerte.
Ahora que lo sé irremediablemente lejano, me aqueja una silenciosa vergüenza respecto a un hombre que confió en mi talento mucho más que yo mismo, y que tuvo siempre una palabra paciente para los que empezamos el camino de las letras con pretenciosa inseguridad. Muchos años consecutivos a cargo del taller literario que ya mencioné comprueban semejante vocación: Noguera fue un entusiasta absoluto de las nuevas generaciones, de allí su insistencia en el Concurso para Obras de Autores Inéditos de la misma Monte Ávila, gracias al cual muchos autores de distintas tendencias estéticas y políticas publicamos nuestro primer ejemplar. Pero no quiero convertir esta nota en la típica despedida alabanciosa. Desconfío de esos textos demasiado luminosos con el fallecido, quizás por esa misma regla que aconseja no hablar mal de quien no está presente para defenderse. Los éxitos y fracasos de la gestión de Carlos Noguera a cargo de Monte Ávila serán juzgados por la historia editorial del país –cuando la haya– así como los de su obra narrativa serán asunto de la crítica literaria –ídem– y, en última instancia, de sus lectores.
Solo voy a permitirme una breve afirmación al respecto: a Noguera, junto a otros pocos funcionarios públicos del sector, se debe la preservación de instituciones como Monte Ávila o Biblioteca Ayacucho de los planes de transformación radical –llamemos así a la absurda propuesta de fusión con la editorial El Perro y la Rana, impulsada en gestiones previas del Ministerio de Cultura– que pretendían volver a fundar los organismos culturales creados durante la llamada IV República. Esto no quiere decir que Noguera no fuera militante del chavismo o que bajo su dirección la línea editorial de Monte Ávila no se aproximase a los lineamientos que la burocracia revolucionaria impuso al libro y a la cultura durante la última década y media, pero es probable que estando otra persona de menor conciencia institucional en el cargo, la editorial sería hoy prácticamente irreconocible –dirán algunos que ya lo es–, cuando no un mero recuerdo. Muchos, en todo caso, no habríamos hecho parte de su catálogo y menos aún con nuestras obras debutantes. En la adhesión al ideario chavista que tanto se reprochó a Monte Ávila, al punto de que los opositores más radicales retiraron a la empresa sus derechos de autor, es posible también vislumbrar un claro gesto de supervivencia: sus opciones eran o bien adaptarse, o morir.
Si bien Carlos fue generoso en sus consejos y orientaciones, casi siempre nos encontramos en el más franco y afectuoso desacuerdo. Mientras él se empeñaba en un modelo de novela total, como las obras polifónicas y voluminosas del “Boom”, yo insistía en modelos narrativos mucho menos dependientes de la anécdota. Él predicaba el constante ejercicio de la escritura, a una misma hora todos los días –en su caso era el despuntar del día–, con la rigurosidad casi yogui de quien se hace un hábito; yo me refugio aún en el cómodo romanticismo de escribir cuando se quiere. Él se henchía rememorando su recorrido en la izquierda venezolana, mientras yo me afianzaba en las contradicciones propias de un inconforme político. Él se burlaba amablemente de mis experimentos de microcuentista y yo bostezaba con discreción oyendo las tramas de sus novelas de intriga. Y aunque sin importar lo necio de mis comentarios, Carlos siempre ofreció paciencia y disposición, estando con él me embargaba la sensación de rebotar una pelota contra la pared. Lo paradójico es que no existe un mejor método que la diferencia para conocerse a uno mismo.
Nuestro juego de opuestos jamás le impidió a Carlos contar conmigo, ni a mí contar con su inquebrantable fe en mi persona. No solo en el ámbito literario, cuando presentó mi primer volumen de relatos en 2009 en una librería abiertamente opositora, llevando orgulloso su acostumbrada boina azul ucevista, sino también en el laboral. A petición suya formé parte del equipo del II Encuentro Internacional de Narradores en Venezuela y conduje después la Gerencia de Promoción de Monte Ávila. Todo ello a sabiendas de no ser yo una figura apreciada en la dinámica palaciega del Ministerio, situación que ha cambiado muy poco en días recientes. Incluso, en un gesto sin precedentes y que a pocos pasó inadvertido, me pidió hacia finales de 2012 que lo sustituyera a cargo de su legendario taller de narrativa, cuando la enfermedad empezaba a sacarle algunas piezas de ventaja.
Yo, en cambio, jamás lo leí más allá de sus Historias de la calle Lincoln, no sé si por desinterés o más bien por temor a interrumpir nuestra partida de ping-pong, sumándome a los admiradores de sus célebres Juegos bajo la luna. Igual eso tiene inmediato remedio. Tampoco he intentado emular su método diario de escritura, ni su empeño ciego en la novela total, ni sus posiciones políticas ni profesionales. Carlos y yo nos despedimos entre silencios, cada uno en una orilla irreconciliable que la muerte acrecienta hoy día al extremo. No me arrepiento de haber sido firme en mis convicciones a pesar de nuestro alejamiento; ni lo hago de cara a su dolorosa partida. Quiero creer que él no esperaría otra cosa de mí, que siempre le dije a la cara lo que pensaba. Tan solo lamento que el tiempo se nos haya acabado, sin habernos tendido algún puente futuro, sin siquiera un apretón de manos de despedida. En eso, sin darnos cuenta, fuimos quizá una metáfora del país, uno que empieza también a quedarse sin tiempo. Por eso su muerte, recordatorio de lo irremediable de la existencia, me lleva a escribir esta nota, para decirle este adiós que no pude y romper el silencio que ambos, de alguna manera, nos teníamos bastante bien merecido.

Buenos Aires, febrero de 2015

La 87 edición de los premios Óscar será el domingo 22 de febrero de 2015, una ceremonia que tendrá como escenario el teatro Dolby de Los Ángeles. Estos son los largometrajes nominados a mejor película...

Estos son los filmes nominados al Óscar como mejor película

Michael Keaton, protagonista de Birdman en una escena de la cinta / Foto: AP
Michael Keaton, protagonista de Birdman en una escena de la cinta | Foto: AP
Hasta hora las películas favoritas para llevarse el galardón son Birdman, de Alejandro González Iñárritu y Boyhood, dirigida por Richard Linklater
La 87 edición de los premios Óscar será el domingo 22 de febrero de 2015, una ceremonia que tendrá como escenario el teatro Dolby de Los Ángeles. Estos son los largometrajes nominados a mejor película: 
1. Boyhood: este drama fue rodado durante 12 años (39 días de rodaje desde 2002 a 2013), sigue la vida de Mason (Ellar Coltrane) desde los 6 años por un poco más de una década, pasando por las turbulencias que sufre una familia moderna: adolescencia, mudanzas, bodas, diferentes colegios, primeros amores, primeras desilusiones ymomentos felices. Ya obtuvo el Globo de Oro como mejor película dramática y mejor director para Richard Linklater. 

2. Birdman: un actor (Michael Keaton), famoso por interpretar a un conocido superhéroe, lucha por realizar una obra de Broadway. Días antes de la noche de apertura, se enfrenta a sí mismo e intenta recuperar su familia, su carrera y a él mismo. El estilo de grabación está inspirado en La Soga de Alfred Hitchcock, que utilizó planos secuencia para las grabaciones. La dirección estuvo a manos de Alejandro González Iñárritu.
3. The imitation game: el filme narra la carrera del científico y matemático Alan Turing (Benedict Cumberbatch) en su intento de romper el cifrado de la máquina Enigma de la Alemania Nazi, asimismo, cuenta la polémica vida de Turing, tras admitir que mantuvo una relación homosexual, hecho que lo llevó a ser condenado. Es dirigida por Morten Tyldum. 
4. La teoría del todo: cuenta la historia del famoso físico Stephen Hawking y Jane Wilde, una estudiante de literatura, quienes se enamoraron mientras él estudiaba en Cambridge. Fue dirigida por James Marsh. 
5. El gran hotel Budapest: Gustave H. (Ralph Fiennes) es un legendario conserje de un famoso hotel europeo de entreguerras, crea una amistad con Zero Moustafa (Tony Revolori), un joven empleado a quien convierte en su protegido. La dirigió Wes Anderson. 
6. El Francotirador: narra la vida de Chris Kyle, el francotirador más letal en la historia militar de Estados Unidos, quien debido a sus increíbles hazañas en la Guerra de Irak se gana el apodo de "Leyenda". La dirección fue de Clint Eastwood
7. Selma: la película está basada en las marchas por los derechos a votar que sucedieron de Selma a Montgomery, lideradas por James Bevel, Hosea Williams y Martin Luther King, Jr. El filme fue dirigido por Ava DuVernay.
8. Whiplash: Andrew Neyman es un joven baterista que se inscribe en una de las mejores escuelas de música del país, allí será asesorado por Terence Fletcher, un director de música que tiene un estricto sentido perfeccionista

Un total de 198 escritores están nominados al Premio Nobel de Literatura 2015 a entregarse en la ciudad de Estocolmo, Suecia, reseñó este jueves la Real Academia Sueca de Ciencias

El Carabobeño 9 febrero 2015

198 escritores nominados al Premio Nobel de Literatura 2015

El ganador del año pasado, el francés Patrick Modiano. (Foto Archivo)
AVN
Un total de 198 escritores están nominados al Premio Nobel de Literatura 2015 a entregarse en la ciudad de Estocolmo, Suecia, reseñó este jueves la Real Academia Sueca de Ciencias.
El galardón es otorgado por la Academia Sueca cada año, y premia al escritor con mayor contribución en el área de literatura. Este año repite entre los nominados, el ganador del año pasado, el francés Patrick Modiano, por su obra “Arte de la memoria”.
Además del galo, por primera vez en la historia habrá 36 nuevos aspirantes al premio, pero en el mes de mayo habrá un filtro y solo cinco avanzarán. De ahí saldrá el ganador final.
Cada año, la Academia Sueca envía para el mes de septiembre, un aproximado de 600 y 700 cartas de nominación a personas e instituciones cualificadas para que sugieran candidatos a dicho premio, reseña Telesur.
Entre quienes pueden nominar a posibles futuros premios figuran miembros de la Academia Sueca o de otras organizaciones similares, profesores universitarios de Literatura y Linguística, premiados con anterioridad y presidentes de sociedad de autores representativas en sus países.
Después de conocerse los nominados, el secretario permanente de la Academia, Peter Englund, mostró su descontento en su blog, por considerar que va "contra las reglas" el hecho de que cada año haya nominados que revelen al público a quién han propuesto.
El Premio Nobel de Literatura es entregado desde el 1.901 en la capital sueca

miércoles, 18 de febrero de 2015

Keyla Ermecheo ha dedicado su vida a la danza.

"La situación obliga a las bailarinas a buscar otros empleos"

Keyla Ermecheo quiere seguir en la danza tras cierre de su academia.

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El Ballet de Keyla Ermecheo funcionó durante 46 años (Venancio Alcázares/Archivo)
MARÍA GABRIELA FERNÁNDEZ B. |  EL UNIVERSAL
martes 17 de febrero de 2015  11:38 AM
Keyla Ermecheo ha dedicado su vida a la danza. Tan estricta en clases como sonriente sobre el escenario, esta mujer que hoy cuenta con 72 años se convirtió en uno de los principales referentes de la práctica y enseñanza del ballet clásico en Venezuela. Fue bajo la tutela de su escuela y del Ballet Metropolitano de Caracas que se presentó por primera vez en Venezuela la versión completa de El cascanueces, con motivo del centenario del Teatro Municipal de Caracas, en 1981.

Sin embargo, fue también un montaje del Cascanueces, presentado en diciembre del año pasado en el teatro del Centro Cultural Chacao, el último espectáculo que brindó su escuela al público caraqueño. La decisión de detener las actividades de la academia, divulgada a inicios de febrero por la docente a través de un comunicado, marcó el cierre de unas aulas en las que se formaron jóvenes bailarines durante más de 46 años.

Cuando anunció la noticia, la bailarina aseguró, sin ofrecer detalles, que el entorno nacional había desatado varias de las principales causas para el cierre. Ahora, en entrevista, comenta: "Mi escuela exigía una disciplina que ya no estaba encontrando: alumnos y profesores llegaban con retraso por el tráfico, y les costaba dar una dedicación absoluta a la danza porque la situación obliga a las bailarinas a buscar otros empleos para poder sustentar a sus familias y para poder comprar las zapatillas y mallas".

Al ser consultada sobre el futuro de la danza clásica en Venezuela, declara: "Sin duda hay academias en todo el país que se están esforzando para seguir a pesar de las dificultades; yo decidí no hacerlo porque soy absolutamente clásica en la enseñanza del ballet, que me parece un arte muy elevado para llevarlo con conformismo".

Mientras se recupera en Miami de una afección de salud, Ermecheo asegura que, a pesar de todo, no planea dejar la enseñanza en Venezuela. Revela que su meta es continuar su carrera de coreógrafa y docente, brindando clases magistrales a agrupaciones de distintos estados del país. "La escuela está suspendida, pero Keyla, como artista, no va a cerrar sus puertas".

lunes, 16 de febrero de 2015

Gregory, Florentino, Gustavo y Eduardo demuestran una camaradería propia de las personas que se conocen al pelo. De los cuarenta años que cumple el Sistema, llevan la mitad siendo familia elegida.

Unidos por lazos sinfónicos

Cuatro músicos cuentan anécdotas de su vida en el Sistema de Orquestas.

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Eduardo Méndez, Florentino Mendoza, Gustavo Dudamel y Gregory Carreño (Fotos Nicola Rocco)
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JONATHAN REVERÓN |  ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL
domingo 15 de febrero de 2015  11:32 AM
La biblioteca del estudio de Gustavo Dudamel tiene poca narrativa. Está llena fundamentalmente de ediciones de bolsillo de partituras editadas por la Deutsche Grammophon. Sin embargo, entre la minoría de ensayos y novelas, destaca un pequeño libro que le regaló el argentino Daniel Barenboim, pianista y director de la Orquesta israelí-palestina West-East Divan. El ensayo se llama La sociedad de la transparencia, del coreano Byung-Chul Han. Palabras más, palabras menos, ese libro trata de explicarnos el infierno que pueden significar los endiosados y llamados espacios de libertad que llevan el título de redes sociales, ese lugar que Dante bien podría convertir en su jardín. Una de las grandes lecciones de Han es hacernos recordar que las cosas no se hacen transparentes cuando se expresan en la dimensión del precio y se despojan de su singularidad, sino al contrario.

Gregory, Florentino, Gustavo y Eduardo demuestran una camaradería propia de las personas que se conocen al pelo. De los cuarenta años que cumple el Sistema, llevan la mitad siendo familia elegida. 

La gerencia musical

Eduardo Méndez, director ejecutivo, aparta el lenguaje liviano y entra en las rigurosas palabras institucionales. El resto de ellos se sonríe, como cuando los compañeros de clases miran a un similar haciendo una exposición: "Lidiamos con un sistema educativo que requiere de una formación muy específica, adentrada hacia lo musical. Por eso la mayoría de los gerentes del proyecto somos músicos". ¿Cómo un músico se convierte en gerente? Eduardo comenta que sigue tocando el violín, Gustavo hace un chiste de doble sentido y se tapa la nariz. "¿Qué tal tocaba?", pregunto, vuelve el chiste, y todos hacen señas de que lo hacía regular. "Yo tuve la oportunidad de dirigirlo como solista", apunta Florentino Mendoza. "Yo tuve la oportunidad de tocar con él y dirigirlo", dice Dudamel. Continúa Méndez: "Somos músicos por convicción. Desde luego que extraño tocar en la orquesta, lo vivimos en el concierto de los cuarenta años el fin de semana pasado. Desde que uno está del otro lado del atril se acaba la paz de hacer sólo música, porque formas parte de otro andamiaje conformado por equipos que hay que desarrollar para esto. Todo lo que implica nuestra logística se hace conociendo las necesidades de los músicos". La gerencia sui generis ideada por el maestro José Antonio Abreu.

Un himno para el Sistema

Escuchamos juntos la Marcha eslava de Tchaikovsky, interpretada por la Orquesta Sinfónica del estado Aragua José Félix Ribas, dirigida por Christian Vásquez. Siempre se ha dicho que esa pieza es una suerte de bautizo para el movimiento orquestal.

Gregory Carreño, coordinador de los núcleos mirandinos, alza la mano: "Esa es una obra que contiene todos los elementos técnicos para lograr la sonoridad, sobre todo en las cuerdas, tiene una estructura sonora que es muy completa. Todos nosotros comenzamos a estructurar las orquestas con obras de Tchaikovsky. El maestro Abreu nos decía, imaginen una estampida de elefantes, avasallando, que derriba lo que esté delante de ellos, esa es la Marcha eslava. Esa es la imagen del niño tocando. Y nosotros hacemos los arreglos originales, siempre ha sido así, o es lo original o no se hace, porque este movimiento es algo original y único en el mundo". Tanto es el himno que los niños del Sistema son capaces de interpretarla de memoria.

La memoria, esa virtud que es uno de los sellos de Dudamel: "Una vez tocamos frente a 6.000 personas en Barquisimeto. Había muchos niños de los núcleos de Yaracuy y Lara. Tocamos la Quinta sinfonía de Mahler, y al finalizar el repertorio, los niños gritaban, como si se tratase de un concierto de rock, ¡Marcha eslavaMarcha eslava! Imagina lo simbólica que es esa obra. El maestro Abreu nos inculcó a Tchaikosvky como un referente técnico y espiritual. Además tiene una estructura balletista que ayuda a su vez a la estructura disciplinaria del niño, contiene frases que están muy bien medidas. Tchaivkosvky tiene algo especial. A mí me encanta ver los videos de archivo, hay uno de finales de los años setenta donde Abreu está dirigiendo y Florentino está tocando allí". El registro es otra herramienta prevista desde el inicio de esta sociedad de músicos, se miran en el pasado y reconocen o no en qué han evolucionado. 

La composición venezolana

En mitad de la conversación, Dudamel devora un plato de lechosa y piña picada, antes de sentarse entorno a sus compañeros, dirigía un largo ensayo para el concierto que tendrá hoy, La creación de Haydn, interpretada por la Orquesta Simón Bolívar y la Coral Nacional Juvenil. "Nosotros no hablamos ruso, pero hacemos que los rusos suenen barquisimetanos", apunta tras recordar que no sólo de compositores europeos vive el Sistema, y Florentino Mendoza, chelista, director del núcleo de Chacao, es una autoridad porque nació en la cuna del Quinteto Contrapunto. Hijo de uno de sus creadores, Domingo Mendoza, encontró otro nido en el proyecto de Abreu: "Antes de aprender a solfear, aprendí música venezolana. El Quinteto ensayaba en mi casa todos los días, esa era mi compota. Mi formación fue esa, por mi casa pasaban Inocente Carreño, Antonio Estévez, todos ellos eran amigos de mi papá, desde muy pequeño aprendí a apreciar y a ser muy exigente con la música venezolana. Hace poco Gustavo me puso una grabación del indio Figueredo. Desde la infancia yo decía que ese es el mejor arpista de todos los tiempos, no me equivoqué. Cuando regresé de estudiar un período en Alemania, conozco a José Antonio y me incorporé a la orquesta. Tuve el honor de trabajar con él todos los días, todas las semanas, durante los 13 años que él estuvo como director activo de la Orquesta Juvenil y de la Bolívar. José Antonio es una escuela de la vida, de valores humanos, un hombre universal. Nos familiarizamos con el repertorio universal, pero también tuvimos el primer encuentro con música venezolana académica, con obras de compositores venezolanos. Yo recuerdo que uno de los directores que comenzó con nosotros desde un principio fue Juan Carlos Núñez, que venía de Polonia pero fue discípulo de Abreu también. La primera vez que nosotros vimos a un director distinto a José Antonio y Juan Carlos Núñez fue Peter Mark". "Nosotros le decíamos Peter Pan", interrumpe Gregory. "Hoy en día han renacido valores venezolanos volcados a la composición, por ejemplo, en el festival internacional de compositores de Radio Francia (RTL), los tres primeros puestos, lo ganaron tres venezolanos y son los tres alumnos de Juan Carlos Núñez".

Se acaba este tiempo que a su vez le quita tiempo a la música, la eterna obsesión de Abreu. Gregory Carreño alza de nuevo la mano: "Antes de que se acabe esta entrevista yo quiero decir que las cosas que nos suceden son únicas, son como mensajes de algo superior y qué fortuna que nosotros, los niños y todos, estemos tocando los niveles superiores".

Los cuatro se levantan, se despojan del rictus que siempre ponen al tener un micrófono en frente y aceleran el paso compitiendo por quién hace el chiste más malo. Son eternos muchachos.

@elreveron