A Cora Páez de Topel Capriles

A Cora Páez de Topel Capriles
A Cora Páez de Topel Capriles, gran amiga de Aziz Muci-Mendoza, él le recordaba al compositor de mediana edad Gustav von Aschenbach, protagonista de la película franco-italiana "Muerte en Venecia" (título original: Morte a Venezia) realizada en 1971 y dirigida por Luchino Visconti. Adaptación de la novela corta del mismo nombre del escritor alemán Thomas Mann.Se trata de una disquisición estético-filosófica sobre la pérdida de la juventud y la vida, encarnadas en el personaje de Tadzio, y el final de una era representada en la figura del protagonista.

domingo, 5 de octubre de 2014

La tragedia del Cuatricentenario

Tomado del blog Crónicas del Tánatos.


La tragedia del Cuatricentenario


terremoto de caracas
A las cinco y veinticinco de la mañana del sábado 29 de julio de 1967, un poderoso temblor sacudió el corazón de Colombia. Los somnolientos habitantes de Galán, Contratación y Socorro, impulsados por el pánico, salieron a las calles en ropa de dormir. En Chiquinquirá cuatro casas y la cúpula de la iglesia se vinieron abajo y en Bogotá los vecinos de los barrios sureños amanecieron en las calles con el corazón en la boca. Los colombianos tenían muy cerca en la memoria el recuerdo del terremoto que los azotó el nueve de febrero de ese mismo año y que dejó la triste cifra de 100 compatriotas muertos. Este nuevo temblor pese a sus cinco grados de intensidad no resultó en una gran tragedia. Luego de una replica a las 10:25 a.m. y recuperada del natural susto, la gente, poco a poco, regresó a sus hogares pasado el mediodía.
La noticia de ese temblor en el país vecino llegó a Caracas como un eco espectral, como parte de esas cosas que le pasan a los otros y que pensamos que jamás nos afectarán.
Los caraqueños disfrutaban de su semana aniversaria; en 1967 se cumplían 400 años de la fundación de la ciudad; los edificios públicos fueron remozados y las calles y avenidas estaban adornadas para la fiesta. El martes 25 de julio a la medianoche, el Cardenal José Humberto Quintero, acompañado por Obispos de todo el país, ofició una solemne misa pontifical en acción de gracias por la existencia de la ciudad. La catedral que lucía una rejuvenecida fachada albergaba en sus naves a representantes de los sectores políticos, militares y empresariales. A esa misma hora las campanas de todas las iglesias tañían repetidamente en señal de fiesta y en los cuarteles, 400 cañonazos daban la bienvenida al nuevo centenario.
Ese mismo martes 25, se inaugurarían los trabajos de remodelación de la plaza de San Jacinto y el Concejo Municipal, en Cabildo Abierto, recibiría al Dr. Arturo Uslar Pietri como orador de orden. A las 4 de la tarde, “El Comanche” purasangre que representaba a México coronó el primer lugar en los 1.800 metros para alzarse con la copa del Gran Derby Cuatricentenario en el Hipódromo La Rinconada. Los festejos de ese día culminarían a la diez de la noche con el baile de gala “Caracas 400” llevado a cabo en el Salón Venezuela del Círculo Militar. Durante toda aquella semana se realizarían fiestas en homenaje a la ciudad.
El viernes 28 la tarde cerró con un cielo encapotado y rojizo que se desplomaría en horas de la noche con una fuerte tormenta eléctrica. El sábado 29 los faroles de la plaza Bolívar amanecieron con una espesa capa de pintura verde que intentaba disimular su edad y la gente salía desde temprano a trabajar o a comprar sin imaginar la tragedia que vivirían en unas horas y que curiosamente algunos signos parecieron vaticinar unos meses antes.
Extrañas señales
Como ya era tradición para la época, los diarios y revistas del país combatían el sopor informativo de los meses finales del año apelando a magos y pitonisas. Las profecías del año por venir servían de relleno para las salas de redacción y de distracción pueril para los lectores. El 2 de noviembre de 1966 el profesor Luis Beltrán Reyes publicó en El Universal las predicciones de la vidente italiana Marina Marotti quien entre otras cosas vaticinaba “que una ciudad de América de Sur en la que se celebrarían muchas fiestas; estaría llena de polvo, ruinas, muerte y destrucción en julio de 1967”.
En enero de aquel año cuatricentenario, la revista Elite publicó un reportaje firmado por Luis Duque titulado: “¿Un terremoto destruirá a Caracas?” En el que se afirmaba que el sabio Alexander von Humboldt había dicho en 1800 que en un plazo de 150 años Caracas podía ser completamente devastada por un gran terremoto. La portada de ese número se ilustró con un dibujo a todo color en el que las torres del Centro Simón Bolívar, aparecían en primer plano resquebrajadas por los efectos de un sismo mientras los bloques de El Silencio caían al piso en una pavorosa nube de polvo. Uno de los párrafos del trabajo de Luis Duque decía lo siguiente: “Dejo a la libre imaginación del lector la escena de un fuerte terremoto en una ciudad donde la mayor parte de las edificaciones han sido construidas sin ninguna norma arquitectónica ¿Qué pasaría si se cumpliera con veinte años de retraso o más la profecía del gran sabio alemán Alejandro de Humboldt? Esta pregunta nos la responderá la historia, mientras que nosotros hacemos votos porque en esta oportunidad el Barón se haya equivocado ampliamente”.
Días después del terremoto se publicó en la misma revista un aviso que, casi en tono de disculpa, aseguraba que aquel reportaje de enero solo buscaba alertar a las autoridades y en ningún caso se había publicado con intención alarmista ni sensacionalista.
Diez días antes del temblor, el licenciado Luis Hernández, profesor del liceo “Jesús Enrique Lossada” y miembro de la Federación Espiritista de Venezuela se presentó en la corresponsalía del diario El Nacional en Maracaibo para soltar la siguiente frase: “Uno de nuestros médium ha logrado percibir que un terremoto de peores consecuencias que el de 1812 asolará a Caracas y ese día el Ávila rugirá”.
Ninguna de esas señales, como era natural que ocurriera, fue tomada en serio; para mucha gente no eran más que especulaciones y cosas propias de charlatanes. El sábado 29 de julio de 1967 Caracas seguía de fiesta.
terremoto de caracas vidente marina marotti
Tres historias y una cruz
 54 horas con la muerte
Cuando empezaba a caer la noche, la señora Elvira de Pérez tenía rato esperando a que llegara su esposo. La joven mujer quien residía en La Candelaria tenía por costumbre bajar a su pequeña hija July a la plaza para que correteara y jugara con otros niños. Pasadas las siete vio aproximarse el auto de Julio, su amoroso conyugue, que aquel día sin embargo no tenía muy despierto el espíritu familiar. Siendo sábado, Julio Pérez prefería ir a tomarse unos tragos y jugar dominó en casa de un primo que vivía en el sexto piso del edificio “San José” de Los Palos Grandes. Así que cuando su mujer llegó con la niña a la puerta del vehículo el hombre la recibió cortante:
 – Mi amor, es mejor que te quedes porque voy donde José a jugar dominó y no sé a que hora regrese.
 A Elvira que no le agradó mucho que su esposo la dejara sola le pidió que la llevara con él, pero éste le dijo que no podía acompañarlo. La mujer contraviniéndolo se metió al automóvil y Julio con firmeza le ordenó que se bajara mientras decía:
 – Es probable que mi primo no esté, si es así me regreso a la casa; pero si está, no sé a que horas regresaré y no es justo que hagamos trasnochar a la pequeña.
 Sin quedar muy convencida y con cara de pocos amigos, Elvira bajó del auto sin saber que muy probablemente, ella y su hija acababan de evitar un viaje a la muerte.
 Una chica con suerte
Erika Harkopf quien había culminado el año escolar con excelentes calificaciones fue premiada por sus padres con un permiso para pasar unos días con una familia amiga en la Mansión Charaima de La Guaira. A los 14 años Erika parecía una persona mayor pues su rostro ovalado coronado por una rubia cabellera denotaba carácter y energía, con un sólido cuerpo sostenido por duros huesos alemanes la chica iba de un lado a otro disfrutando de sus vacaciones. Había una cosa que la incomodaba y esta era que el ascensor del lujoso edificio se mostraba reacio a responder correctamente a los mandos. Si pulsaba el botón de planta baja, el aparato la llevaba al piso 9 y cuando quería llegar a piso 4 donde estaba la habitación en la que se hospedaba terminaba sin más en el piso 6. Allí llegó pasada las 8 de la noche del sábado 29. Contrariada decidió bajar por las escaleras cuando sintió que el suelo que pisaba se movía como gelatina mientras un terrible quejido salía de las estructuras del edificio. Aterrada cayó de hinojo para rogar a la Virgen de la Coromoto que la sacara con bien de aquel trance.
 En medio del temblor varias personas salieron de las habitaciones buscando las mismas escaleras por las que bajaba Erika pero el paso les fue cortado por una enorme pared que se desplomó bajo el peso de los pisos superiores. En esa extraña ampolla de concreto partido, seis personas quedaron atrapadas. Todo estaba a oscuras, el aire se hizo irrespirable y una fina y persistente capa de polvo hería las fosas nasales. La chica pensó que era el fin y aumentó sus plegarias. De pronto el movimiento cesó y con este elensordecedor ruido que anunciaba el desplome de la estructura. Solo quedaba un zumbido que no venía de afuera sino de los acelerados latidos del corazón. Un último y angustiante movimiento que les hizo pensar en la muerte les abrió por el contrario una posible ruta a la vida. Erika Harkopf fue la primera en darse cuenta del boquete abierto en las ruinas pues era la que estaba más cerca del mismo. Desesperada como estaba por sobrevivir solo pensaba en llegar hasta allí cuando escuchó a sus espaldas un lamento; al voltear pudo ver a una joven mujer embarazada y a una domestica que la miraban con rostro suplicante. En el susto la chica no sabía si exponía su vida para ayudarlas a salir o sencillamente aprovechaba la ventaja de estar cerca del boquete.
El señor de la Catedral
Al terminar su labor en el templo, el viejo Mecerón salió a la calle a disfrutar de un cigarrillo. A los 66 años cumplidos era una de las pocas cosas que podía permitirse. Mecerón hacía pequeños trabajos en la Catedral y la devoción que sentía por los santos de su iglesia solo era comparable a la rabia que lo acometía cuando veía o padecía alguna injusticia. Al salir sintió una brisa seca que lo golpeaba en el rostro, se paró cerca de la placa de mármol que conmemora la independencia y comenzó a dar suaves jalones a su cigarro. Eran las ocho y cinco de la noche cuando sus viejas piernas sintieron el bramido del suelo, Mecerón que vivió la mortandad de la peste en el año 18, que oyó el plomo cerrado de las insurrecciones y conoció las protestas del 36 no tenía registrado en su mente nada parecido. Para él fue como que el mundo abriera sus fauces para tragarse a la humanidad; paralizado de terror no supo que hacer; a su lado la gente caía postrada de vista al templo para pedir misericordia, él mismo fue a hincarse cuando escuchó un fuerte ruido que venía de lo alto de la torre; esta parecía a punto de caer. Los que estaban cerca se alejaron a lo interno de la plaza Bolívar y cuando Mecerón quiso irse vio como la centenaria Cruz Pontifical que coronaba la fachada se desplomaba en caída libre hasta golpear el suelo y quedar marcada en el mismo. Más tarde recordaría el hecho con las siguientes palabras: “Vi cuando la cruz se desprendió y quedo grabada en el piso como una quemadura de hierro candente; en ese preciso momento el terremoto cesó”
 Eran las 8:05 de la noche y los caraqueños habían vivido 35 segundos de escalofriante terror.
terremoto de caracas 1967
54 horas con la muerte (II)
Trece minutos antes, exactamente a las 7:52, Julio Pérez tocaba el timbre en casa de su primo. Alguien acudió a abrirle y Julio pudo ver que ya había gente en la sala, contó más de cuatro hombres – “ya tenemos la partida de dominó” – pensó con cierto placer infantil. Su primo José le presentó a un matrimonio argentino que estaba de visita; solo alcanzó a oír que el señor se llamaba Hermes. Mientras le preparaban un trago se fue hasta el balcón, quería tomar un poco de aire fresco. Estaba en el sexto piso y desde allí veía las luces de la ciudad a la que había llegado desde La Coruña once años antes para trabaja en una editorial. De pronto el edificio se bamboleó como un enorme cajón de gelatina; asido de la baranda Julio sintió una sacudida seguida de otra mayor al tiempo que el mismo rugido que sintió Mecerón en el centro de Caracas, llegó hasta los oídos del asustado español. Dentro del apartamento alguien gritó:
- ¡Temblor, temblor! ¡Corran todos!
Él fue el primero en alcanzar la puerta, pero cuando llegó allí ya no había luz. Aguzando el sentido de la orientación alcanzó el pasillo, allí una voz desconocida aconsejó buscar cobijo bajo los dinteles, Julio se quedó muy quieto donde estaba, esperando que todo acabara pronto, pero lo peor estaba por venir. Un poderoso estruendo anunció que el edificio San José comenzaba a desplomarse. Julio Pérez supo horrorizado que los cinco pisos que estaban sobre su cabeza lo aplastarían como a un insecto y tuvo un pensamiento de despedida para su esposa y su pequeña hija. En pocos segundos el piso donde estaba cedió también a la gravedad. Julio sintió que el cajón de concreto en el que estaba caía al vacío para terminar en la calle como parte de una enorme montaña de escombros bajo la cual quedó sepultado en vida.
Una chica con suerte ( y II)
 Ubicada a pocos metros de los escalones Erika pensó en huir por el boquete, pero se condolió del llanto de la mujer embarazada y su acompañante y se regresó a prestarles auxilio. Las ayudó a llegar hasta la grieta. Una vez que salieron, la chica escuchó otra voz; en medio de la oscuridad pudo entrever el rostro grisáceo de una mujer que le rogaba sacar a sus dos pequeños hijos. La mujer tenía una pierna herida y estaba inmovilizada. Le volvió a suplicar a Erika que salvara a los niños. – Déjame aquí, pero por favor llévate a mis hijos, sálvales la vida – en trance hipnótico, la valiente púber tomó a los chiquillos de las manos y comenzó a salir. Cuando llegó a las escaleras corrió como loca pisos abajo hasta alcanzar la calle y una vez en ella no paró de correr hasta que se vio con los niños en las inmediaciones de un destartalado rancho. Allí se quedó a pasar la noche. Al día siguiente las autoridades la declararían oficialmente desaparecida y algún periódico la dio por muerta.
El señor de la Catedral ( y II)
Cuando la Cruz Pontifical se estrelló en la calzada, el metal del que estaba compuesta se fragmentó en mil pedazos. Los que estaban cerca, al ver la impresión perfecta en el piso se volvieran a hincar sumisamente en señal de respeto. Los fragmentos fueron rápidamente recogidos por los fieles para ser conservados como reliquias. La noticia de lo que, a ojos de muchos, era un milagro se corrió por la ciudad y en pocos minutos centenas de peregrinos llegaron al lugar. El viejo Mecerón pensó que con tanta gente pisando, la huella de la cruz podía desaparecer; así que se fue a buscar pipotes y mecate para delimitar el sitio. Como un antiguo cruzado obligó a la gente a mantener respetuosa distancia y con voz de patriarca bíblico repetía:
- Esta es la mano de Dios que advierte a los hombres que no pequen tanto con su egoísmo e indiferencia. No soy quien para juzgar a nadie pero se están cometiendo demasiadas injusticias.
En los días siguientes la calle donde quedó la huella de la cruz seguía recibiendo personas de todas partes que se aglomeraban para conocer el milagro; esto llevaría a las autoridades civiles y eclesiásticasa tomar una decisión.
54 horas con la muerte (y III)
Tuvo que pasar un buen rato para que Julio Pérez se recuperara del susto de la caída. Una vez que tomó conciencia de que seguía con vida, trató de averiguar donde estaba exactamente. Era casi imposible saberlo pues la oscuridad era cerrada. Solo sabía que estaba sepultado bajo toneladas de escombros. Escuchó un gemido y llamó pero no recibió respuesta. Comprobó que milagrosamente estaba casi ileso, no tenía heridas importantes ni huesos rotos. Solo una dolorosa contusión en la parte superior de la ceja izquierda. Al intentar moverse sintió que algo aprisionaba su mano derecha y entendió que no podía salir de allí sin ayuda. Trató de serenarse, volvió a pensar en su familia y musitó una oración para pedir a Dios que le permitiera regresar al lado de su esposa y de su hija. Solo quedaba esperar. -Pronto llegarán los rescatistas – pensó.
Recordó que alguna vez había leído que en casos como ese era importante economizar el oxigeno. Estaba conciente de estar encapsulado con una limitada provisión de aire y decidió no gastar energías inútilmente. Esperaría a que viniesen a remover los escombros y solo cuando sintiese a alguien cerca gritaría con toda su fuerza pidiendo auxilio. Lo que siguió a esto fueron largas horas de torturante silencio. ¿Cuánto tiempo había pasado? No podía saberlo, su cuerpo estaba entumecido pero seguía firme en su decisión de permanecer quieto, en algún momento creyó ver los cuerpos sin vida de dos personas cerca de él y esta idea lo llenó de angustia. Torturado por la idea de una muerte cercana quería gritar, quería salir de allí pero afuera nada se sentía. De pronto se escuchó el ruido de un tractor y voces que se acercaban. Julio gritó pero no con desesperación pues pensaba en el oxigeno que debía ahorrar. No recibió respuesta.
En ese momento recordó algo que lo llenó de pavor. – “Mierda, yo no vivía aquí. Seguramente las autoridades solo busquen con una lista a las personas que si vivían en el edificio y cuando los ubiquen a todos vivos o muertos, dejarán de buscar”Después son capaces de dinamitar los escombros pues no saben que estoy acá. Esta torturante posibilidad lo hizo olvidarse del preciado oxigeno y comenzó a gritar como loco hasta que entró en razón. Recordó a su pequeña July y decidió vivir para ella. Se prometió a si mismo que solo gritaría cuando sintiera gente cerca. Las horas seguían pasando, él no tenía idea de cuanto tiempo llevaba sepultado. ¿Serían horas? ¿Serían días? ¿Saldré vivo de aquí? Se sintió débil y cansado. Empezó a sentir sueño y la sola posibilidad de dormirse para no despertar jamás lo llenó de terror. ¡No podía dormir! Debía mantenerse despierto hasta que los grupos de rescate llegasen hasta él. Pensó que si se había seguido con vida hasta ese momento debía luchar hasta poder salir. Rezó nuevamente. Sintió que seguía respirando sin dificultad, si bien el aire estaba enrarecido lo seguía recibiendo generosamente en sus pulmones y fue cuando se dio cuenta de que muy encima de su cabeza había un pequeño agujero por el que recibía el oxigeno que lo mantenía con vida.
De nuevo se oyeron voces y ruidos de motores, estaba vez estaban más cerca. Gritó nuevamente pero nadie escuchaba. – “Dios mío, haz que me escuchen por caridad” – Arriba se sentía el tractor removiendo la enorme masa de cascajos y cabillas. Julio cerró los ojos para pensar en su hija y los abrió aterrado cuando sintió que tenía dificultad para respirar. ¿Qué había pasado? Al mirar hacia el agujero vio que ya no estaba, el tractor lo había tapado cuando revolvía los restos del inmueble. Lleno de pánico el hombre comenzó a gritar con todas sus fuerzas, sabía que era su última oportunidad, el aire se enrarecía cada vez más. Si los de afuera no lo escuchaban saldría de allí días después en un saco rumbo a la morgue. Julio no supo cuantas veces gritó hasta que sintió apagarse el ruido del motor. Volvió a gritar una vez más. Al no ser atendido su llamado, empezó a torturarle de nuevo la vieja idea de que dinamitarían los escombros, se sintió desfallecer; estaba seguro de que estaba en el umbral de la muerte y de sus labios brotó un amargo lamento:
- ¡Y tan bien que había administrado el oxigeno y los gritos!
Sintió que se ahogaba y que los ojos se salían de sus órbitas, sintió un fuerte dolor en el pecho, los exánimes pulmones le pedían el oxigeno que ya se había agotado. Sintió que su pecho estaba a punto de estallar. “¿Coño, será que voy a morir así, con el pecho reventado?”. Ya se había resignado a morir cuando percibió que en lo alto las voces se hacían más nítidas. Julio lanzó un último y desesperado grito que hizo parar al tractor. Al fin oyó una voz que decía:
- ¡Alto! Aquí hay una persona viva!
La última cosa que vio Julio Pérez antes de caer desmayado fue el rostro de un bombero que se asomaba en lo alto de su prisión de concreto. Había estado allí 54 horas. 
cruz milgarosa de la catedral de caracas   
La Cruz Pontifical
El año que la tumbó el terremoto, la Cruz Pontifical estaba a punto de cumplir 100 años coronando la fachada de la iglesia Catedral. Fue colocada allí por orden de Monseñor Silvestre Guerrero y Lira en agosto de 1867. Contrario a lo que se lee en los muchos recuentos que hay sobre la tragedia del cuatricentenario en la prensa y en las páginas Web, no se trata de una Cruz de Caravaca sino de una Cruz Pontifical. Como saben nuestros lectores la Cruz de Caravaca es un símbolo de seis brazos mientras que la Cruz Pontifical es de cuatro. Esos cuatro brazos simbolizan la bendición doble que imparten los Arzobispos y su presencia en un templo lo distingue como sede del Arzobispado.
En una vieja foto de la Catedral tomada en 1867 y que reproducimos acá, ya se aprecia al símbolo rematando dignamente el frontis del templo. Esa Cruz existió materialmente hasta las 8:05 de la noche del sábado 29 de julio de 1967 cuando al estrellarse contra el pavimento se redujo a fragmentos de los que no se tienen pistas seguras.
La huella que dejó al caer, sin embargo, sigue viva y en resguardo, luego de una curiosa ruta que la llevó desde el improvisado perímetro que en torno a ella marcó el viejo Mecerón hasta el lugar donde hoy esta.
Días después del terremoto continuaba imparable el peregrinaje al sitio donde la cruz dejó su impronta, el fervor y el celo que demostraba la ciudadanía llevó a las autoridades a reunirse para decidir el destino de aquel nuevo símbolo. El Cardenal José Humberto Quintero y el Gobernador Raúl Valera decidieron en un primer momento rescatar el trozo de pavimento y enmarcarlo en una caja de concreto que sería colocada en la propia fachada de la Catedral, según lo reveló por aquellos días su párroco, el Presbítero Alfredo Laborén, en ese sitio debía quedar para ser venerada por siempre como emblema de fe. Sin embargo luego se tomó la decisión de rescatarla y colocarla en una ermita que se construiría expresamente en la Plaza El Venezolano.
Del trabajo de recuperación fueron encargados el artista plástico Alirio Oramas y el ingeniero Reinaldo García Tamayo. El trabajo, según recuerda Oramas se realizó en un día; lo primero que se hizo fue hacer una hendidura de 60 centímetros en el asfalto que después sería levantada cuidadosamente con ayuda de grúas. Cuando el bajorrelieve estuvo fuera del piso se limpió y restauró y luego se le construyó el marco de concreto que mide 1,88 metros. El trabajo se completó exitosamente pero al estar terminado y listo para su exposición, la iglesia desistió de la idea pues no quería que aquel símbolo pudiera convertirse en un fetiche. Un manto de silencio se ciñó sobre el mismo y la huella de la Cruz Pontifical en su marco de concreto quedó relegada a un depósito de la Ingeniera Municipal.
Tiempo después fue sacada de allí para ser llevada a la Capilla del Santo Cristo de las Misericordias bajo la custodia de las Hermanas Catequistas de Lourdes. En ese lugar, ubicado en la avenida Intercomunal de El Valle muy cerca de la estación del Metro Coche, la imagen que se encuentra en perfecto estado de conservación puede ser vista todos los días después de las 4 de la tarde, hora en la que el templo es abierto al público para las misas. Allí estuvimos esta semana de julio de 2012 para poder apreciar de cerca esta huella que para algunos es símbolo de fe y para otros de historia viva y poder obsequiar a nuestros lectores con su fotografía.
terremoto de caracas 1967
Epilogo
Julio Pérez luego de ser rescatado por efectivos del Cuerpo de Bomberos, estuvo a punto de perder el ojo izquierdo por la fuerte contusión con que resultó en la ceja, los esfuerzos médicos le salvaron el importante órgano y luego de una temporada en la clínica Ávila pudo regresar con su esposa y su hija a su casa de La Candelaria.
Erika Harkopf luego de ser considerada muerta por sus familiares apareció sana y salva en compañía de los dos pequeños que rescató de la muerte. Regresó a la vivienda de sus padres y días después viajó a la ciudad de Guanare en el estado Portuguesa para pagar la promesa hecha a la Virgen de la Coromoto. La madre de los niños que salvó fue rescatada con un hilo de vida, días después. Se recuperó.
El viejo Mecerón cuando por fin pudo regresar a su casa recibió el impacto de una laja en la frente que lo mandó como huésped a un centro asistencial. Apenas recuperado regresó a su puesto de centinela de la huella sagrada en la esquina de la Torre.
Cedemos el espacio de los comentarios para aquellos lectores que tengan a bien narrarnos sus historias personales del terremoto, ya bien sea que la hayan vivido o la hayan escuchado de sus padres o sus abuelos. 


Elogio del sacudón..Por supuesto que oír la palabreja nos hace temblar y nos produce espeluzno, especialmente a los que vivimos el terremoto del 67; sí, aquel movimiento trepidante del 29 de julio de 1967 a las 20:02 horas, para colmo en menguante, un sismo cuyo epicentro estuvo en el Litoral Central, entre Arrecife y Naiguatá, de 6.5 a 6.7 grados en la escala de Richter que duró una eternidad: entre 35 a 55 segundos. Las agujas del reloj de la Catedral se detuvieron al punto de la hora triste, llenas de luto y contritas por tanta pena.Por eso llama a risa y vergüenza el ¨sacudón de Maduro¨, una triste parodia que como el diluvio universal fue muchas veces anunciado, donde nada cambió y todo siguió igual o peor. Quizá Salud sacó la peor parte...

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Elogio del sacudón...

Rafael Muci-Mendoza

Por supuesto que oír la palabreja nos hace temblar y nos produce espeluzno,
especialmente a los que vivimos el terremoto del 67; sí, aquel movimiento
trepidante del 29 de julio de 1967 a las 20:02 horas, para colmo en
menguante, un sismo cuyo epicentro estuvo en el Litoral Central, entre
Arrecife y Naiguatá, de 6.5 a 6.7 grados en la escala de Richter que duró
una eternidad: entre 35 a 55 segundos. Vivíamos alquilados en una casita en
Los Palos Grandes cuando sentimos bajo nuestros pies el ruido de un tren
subterráneo que no existía, pasando precisamente bajo nuestra casa. Graciela
mi esposa, embarazada de Gustavo, nuestro segundo hijo, me dijo, están
rodando muebles en el apartamentico de abajo -donde vivían unos levantadores
de oficio que vivían furruqueando las jevas que caían en sus artes amorosas
y nunca dormían-. Le grité, ¡es un terremoto, corre a la calle!, mientras yo
dando tumbos por el pasillo, iba a la habitación donde nuestro hijo mayor,
Rafa, por rareza dormía plácidamente. En la calle, los cables de la
electricidad chocaban unos con otros produciendo chispas, más ruido y humo
apestoso a caucho quemado. Dormimos en la calle, por un rato en nuestro
carro, luego lo hicimos en el porche con la puerta abierta. Al día siguiente
fuimos testigos del daño a los edificios Neverí y especialmente el Mijagual,
que cayeron como torres de naipes dejando tantas pérdidas de vidas útiles
qué lamentar. Un año antes, la vidente italiana Marina Marotti, había
profetizado que un sacudón de tierra de grandes proporciones ocurriría a
mediados del año siguiente y que el mismo dejaría un corolario de dolor,
muerte y  luto. Las agujas del reloj de la Catedral se detuvieron al punto
de la hora triste, llenas de luto y contritas por tanta pena.

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No estamos preparados para una experiencia similar en un futuro próximo;
también espeluzna imaginar el cálculo de las bases de los edificios de la
Misión Vivienda, los terrenos inadecuados donde se han construido, la falta
de preparación de la sociedad ante una contingencia, el estado catastrófico
de los hospitales, el estado de mendicidad en que han colocado al otrora
eficiente Banco Municipal de Sangre privado de sangre y de atención, la
ausencia de ambulancias, de insumos, de medicamentos simples por no hablar
de los más complejos. Cuando uno sólo piensa en el ¨póngame donde haiga¨
para robar, en ser populista, en escoger los hombres y mujeres deformados e
ignorantes para que hagan una tarea, cuando hay una catajarria de inanes
viceministros, simples sanguijuelas parasitarias, ¿Qué puede esperarse...?


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Por eso llama a risa y vergüenza el ¨sacudón de Maduro¨, una triste parodia
que como el diluvio universal fue muchas veces anunciado, donde nada cambió
y todo siguió igual o peor. Quizá Salud sacó la peor parte... Fue tanta la
propaganda a la supuesta movida de mata a través de todas las radios del
estado, que la noticia se diseminó hasta los pueblos más pequeños, y para
colmo también ocurrió un remezón, así que un alcalde bolivariano en un
remoto pueblito de los Andes, recibió un urgente telegrama y una llamada
desde el Palacio de Miraflores, entrecortada y lacónica, lejana y
tartamudeada, que entre interrupciones por bajones de voltaje, daba cuenta
de un sacudón sin explicar en qué consistía y que la primera autoridad
entendió más o menos así, ¨Movimiento telúrico trepidatorio, posiblemente de
8 grados en la escala de Richter detectado en su zona. Localizar epicentro e
informar alteraciones en la flora y en la fauna¨. Dispuesto el alcalde a
templar el mecate hasta donde pudiera, solo semanas después de la noticia,
orondo, pudo contestar el mensaje a sus superiores de Palacio donde decía,
¨Epicentro fue localizado, reducido y de inmediato arrestado, sin presiones
confesó y está bajo rejas; esperamos órdenes superiores. Telúrico, sin
escapatoria trató de huir y quedó muerto en el sitio. El tal Ritcher y otros
8 malnacidos del movimiento trepidatorio escaparon, pero ya conocemos sus
conchas y les será aplicada la justicia bolivariana hasta sus últimas
consecuencias. A la Flora y a la Fauna las echamos del pueblo por pu...
Patria, Socialismo o Muerte¨  Al pie del mensaje había una nota que decía,
¨No habíamos podido informar antes porque por estos lados hubo un terremoto
verraco¨...

El llamado en forma rimbombante, Estado Mayor designado para combatir la
epidemia de dengue y virus de Chikungunya es simplemente lamentable y
patético, en su totalidad constituidos por perdedores de oficio que habían
venido desoyendo con las orejeras de la indiferencia y la ineptitud desde
junio pasado que el virus retozaba por las islas del Caribe, que el mosquito
patas-blancas -uno parecido al que enviaron los gringos a infectar de cáncer
al comandante presidente- era el que transmitía de humano a humano la
pestilencia. Pero qué va, la política les carcome el alma y no han prestado
atención hasta que la parranda de casos es abrumadora...



 rafaelmuci@gmail.comrafael@muci.com



Addendum


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Mientras el pueblo padece mil carencias, los cánceres progresan a toda vela
y las colas bajo el sol inclemente por un paquete de harina pan se extienden
cuadras, una comitiva de 157 personas acompaña al ilegítimo presidente a la
Convocatoria de la ONU en Nueva York. El cuaderno de bitácora de su viaje
nos muestra toda clase de desmesuras, nuevorriquismo al rojo vivo con
dineros que no les pertenecen y que configuran el mayor insulto a quienes
habitamos en esta tierra y muy especialmente a las clases desposeídas que
crecen en marea alta y cuyos dolores al régimen nada le importa: La suite
presidencial del Hotel Marriot, donde se alojó la pareja presidencial, costó
10.000 dólares la noche. La cena en ¨Nello's¨, un exclusivo restaurante en
Madison Avenue tuvo un coste de 79.880 dólares. Se consumieron 4 botellas de
champaña Crystal Rosé, 3 botellas de vino Chateaux Petrus, y 3 botellas de
vino Latache, cada una valorada en 5.000 dólares. Un carpaccio de trufas fue
rechazado y como no había caraotas refritas, fue cambiado por uno de carne
con queso parmesano; los raviolis de caviar, tampoco gustaron. La propina
fue de 13.000 dólares... Me hizo recordar a mi profesor de quinto grado, el
hermano Gaspar en el Colegio La Salle de Valencia que nos decía, ¨la miel no
se ha hecho para la boca del burro ni el alpiste para el pico del zamuro¨.
La bazofia leída en el salón de sesiones ocupó una página en The New York
Times a un coste 200.000 dólares. De paso, ¨donó¨ 5 millones de dólares para
la lucha contra el ébola cuando carecemos de acetaminofeno. La comitiva
llevaba 500 dólares diarios de viáticos por persona, más pasajes, hotel y
transporte.

Se lee en El Quijote, ¨Y ansi, me parece a mi pues, cuando pudiera y debiera
estender la pluma en las alabanzas de tan buen caballero, parece que de
industria las pasa en silencio: cosa mal hecha y peor pensada, habiendo y
debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados,
y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan
torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo,
depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo
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jueves, 2 de octubre de 2014

La verdad que esa obsesión con el Imperio es patológica...

EN PLENA CRISIS MÉDICA EN VENEZUELA

Maduro, entre risas: "Obama me pegó la gripe"

En plena crisis médica en Venezuela, Maduro bromeó sobre la gripe que le afectó en Nueva York. Dice que le contagió Obama.


  (IBEROAMÉRICA) 
Nicolás Maduro ya está de vuelta en Venezuela. Llegó hace unos días después de un viaje a Nueva York para participar –casi solo– en la Cumbre Climática y en la Asamblea general de la ONU. En dicho viaje estuvo acompañado por una enorme delegación de 175 personas, lo que provocó un enorme gasto de unos dos millones de dólares.
Pero mientras el chavista gasta un dinero que haría falta para mejorar varios servicios en su país –incluida una donación de cinco millones de dólares para la lucha contra el ébola- y se mantiene la crisis médica en Venezuela, lo que ya ha provocado varias muertes, ahora hace bromas acerca de una gripe que le afectó en la ciudad estadounidense.
Durante un acto de Gobierno en Caracas y en medio de sus risas y las de sus acompañantes, Maduro reveló que "estoy sudando una gripe que se me pegó en Nueva York el día que hablé hace una semana, un día como hoy, yo estaba prendido en fiebre, 40 de fiebre (...), una gripe que me pegó Obama por allá, pasó por al lado y me pegó la gripe de Obama".
Además, dijo que para superar el malestar, una hora antes de su intervención en las Naciones Unidas se bebió un "brebaje" compuesto de "papelón" (jugo de la caña de azúcar) con limón y "algunas goticas" que le permitieron "agarrar fuerza" para su primer discurso: "Eso sí, después de que hablé, nuevamente me pegó".

Maduro y su presupuesto millonario para Nueva York Venezuela no parece en crisis a juzgar por los gastos del chavismo. Maduro viajó con 175 personas a Nueva York y gastó unos dos millones de dólares.

COMITIVA DE 175 PERSONAS

Maduro y su presupuesto millonario para Nueva York

Venezuela no parece en crisis a juzgar por los gastos del chavismo. Maduro viajó con 175 personas a Nueva York y gastó unos dos millones de dólares.

Maduro, feliz en Nueva York junto a su esposa Cilia Flores (derecha). | Cordon Press
  (IBEROAMÉRICA) 
Los gastos del gobierno de Venezuela parecen propios de un país en bonanza económica y en pleno crecimiento, y no el de un país en plena crisis, con problemas en los hospitales y escasez de productos de primera necesidad. Y es que no sólo gasta una millonaria suma de dinero paramantener a las hijas de Hugo Chávez –unos 2,6 millones de euros diarios, según reveló el diputado opositor Carlos Berrizbeitia– sino que además contribuye con la colocación laboral de una de ellas: María Gabriela es ahora embajadora alterna de Venezuela ante la ONU.
Es justamente con ella con quien estuvo Nicolás Maduro la semana pasada en Nueva York tanto para la Cumbre Climática como para la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero además, el presidente venezolano viajó desde Caracas con una delegación de 175 personas que incluía "familiares, periodistas, ministros, militares, seguridad y otros funcionarios".
Es nuevamente Berrizbeitia, representante del estado de Carabobo ante la Asamblea Nacional, quien dio más detalles: "Solamente el pago de habitaciones, en el lujoso hotel cinco estrellas Stanhope, supera el escándalo de más de 550.000 dólares. Estamos hablando de que se ocuparon más de 35 habitaciones con un valor de 1.000 dólares diarios, alquiladas quince días antes de la llegada de la comitiva". Pero Maduro y su esposa Cilia Flores fueron más allá, ya que según la denuncia ambos se hospedaron en la suite presidencial en el Hotel Hyatt que "costó 10 mil dólares diarios". Además de eso, el diputado apunta que cada miembro de la comitiva recibió 500 dólares diarios en concepto de viáticos, mientras que la Casa Militar habría recibido 300 mil dólares en efectivo sólo para los gastos menores de caja chica".

Más derroche en medios y donaciones millonarias

Esos enormes gastos del chavismo, propio de un multimillonario, se suman a otros realizados en Nueva York. Así, el gobierno venezolano decidió publicar un aviso publicitario a página completa en el diario The New York Times en el que muestra una foto de Maduro con un titular en rojo: "We must build a new UN for peace (Debemos construir una nueva ONU para la paz)". También pide la descolonización de Puerto Rico y el fin del bloqueo comercial de EEUU a Cuba, además de anunciar que su gobierno donará 5 millones de dólares (unos 3,95 millones de euros) para la lucha contra el ébola en África, algo que ya había adelantado en uno de sus discursos en la sede de la ONU, donde estuvo prácticamente soloante la ausencia de representantes de los demás países.
Berrizbeitia indicó que "al excesivo costo de alojamiento y viáticos, hay que sumarle lo que se gastó en el acto en el Bronx, donde la pareja presidencial bailó salsa". En el video, que muestra la página La Patilla, se ve también al presidente tocando las "congas". El opositor apunta que "en alquiler para la transmisión en vivo vía satélite de promoción del acto, movilización, alimentos y bebidas para los asistentes y alquiler de vehículos, los gastos superaron los 105 mil dólares".

Las reacciones a estas revelaciones no se hicieron esperar. Henrique Capriles lanzó un mensaje a Maduro en su cuenta de Twitter: "Si tanto tienes para regalar Nicolás, ¿por qué sometes a nuestro pueblo a la peor crisis de salud en los últimos 50 años? ¿Cuál es tu prioridad?" y apunta que "con los 5 millones de $ regalados se abastecen 8 laboratorios durante 6 meses". El propio Berrizbeitia dice a través de la misma red social que "Nicolás Maduro es un funcionario público y debe rendir cuentas de sus viajes al exterior".

miércoles, 1 de octubre de 2014

Somos tantos los amputados... Alguien diría que es inmemorial a la humanidad. Los pueblos derrotados e invadidos crean la mayor cantidad de amputados, pero no esos que usted supone, sin brazos ni piernas, sin un ojo... sino aquellos a quienes han sido amputados sus afectos, las ramas de un árbol vigoroso para volverlo débil y tiñoso especialmente cuando la edad cuenta...

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Elogio de la amputación...

Rafael Muci-Mendoza



...les recordamos -como alguien dijo- que regresar es el motivo de todo
viaje...



Somos tantos los amputados... Alguien diría que es inmemorial a la
humanidad. Los pueblos derrotados e invadidos crean la mayor cantidad de
amputados, pero no esos que usted supone, sin brazos ni piernas, sin un
ojo... sino aquellos a quienes han sido amputados sus afectos, las ramas de
un árbol vigoroso para volverlo débil y tiñoso especialmente cuando la edad
cuenta... Mostraba mi padre en su espalda pequeñas cicatrices lineales
dispersas. Eran tiempos de la dominación otomana en su amado Líbano. Las
magras cosechas que podían serle reclamadas a la tierra agreste, eran
escondidas bajo la tierra para preservarlas de los zorros y especialmente de
la rapiña invasora. Los más jóvenes eran torturados para que revelaran los
escondidos sitios de acopio. Apretó los dientes, nada reveló cuándo el
ferrete incandescente cimbró su cuerpo y quemó su carne inocente.
Desesperados los padres buscaban cómo aventar a sus hijos, como disecar la
carne de su carne en aquel dolorosísimo proceso de separar lo inseparable,
para enviarlos allende los mares y salvarlos así de la barbarie. Jóvenes
promisorios que en amplia y dolorosa diáspora se diseminaron por campos
afectuosos o mezquinos, y muchos como mi padre llegaron a esta tierra de
gracia, besaron su suelo y se hicieron tierra de la generosa tierra
conjuntándose con su gente y sus costumbres. No supieron de la muerte de sus
padres ni de la suerte de sus hermanos. Las comunicaciones eran tan exiguas
que las separaciones eran verdaderas amputaciones harto traumáticas. Traían
en sus alforjas deseos de trabajar, de hacer patria en patria ajena, de
ayudar a su familia lejana. Los de su raza eran gente sana, industriosa,
inteligente, duros y dispuestos para el trabajo sin pausa y de vida austera,
que venían al país sin un centavo en el bolsillo pero con cinco mil años de
ventaja en el arte del comercio, ese legado de antiguos navegantes fenicios,
arriesgados y batalladores, y en razón de ello, pronto eclipsaban a los
nativos. Su vocación de trabajo y sus vidas sobrias permitió a esos como mi
padre ahorrar y financiar, no sólo los estudios de sus hijos, sino los de
sus sobrinos que habían quedado en ¨su tierra¨ y de innumerables ahijados
que adquirieron mi mamá y él, entre sus paisanos, inmigrantes europeos y
nativos, a quienes dieron y mucho, sin intereses malsanos y sin ser
requeridos. Lágrimas de amargura pujaban por brotar de sus curtidos ojos
cuando nos contaba que salió a escondidas al puerto evitando la guardia
otomana para abordar un barco como polizón y no pudo despedirse de sus
hermanas ni recibir la bendición de sus padres en el puerto de Trípoli que
en la antigüedad había sido centro de la confederación fenicia que
conformaba con otros distritos: Tiro, Sidón y Ruad. Mucho tiempo después se
enteró con dolor que cayeron víctimas de esa pandemia que fue la gripe
española de 1918 que solo en un año mató entre 50 y 100 millones de
personas. Después vendría el batallar en tierra, costumbres y lenguaje
extraños, todo, facilitado por la acogida bondadosa y desinteresada de los
habitantes de Guayabal del Estado Guárico, donde encontró una mujer insigne
y fiel que le acompañó por más de sesenta años y que fue mi admirada madre.


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Pero además de todas esas virtudes que adornaban a los libaneses, aunque
tenían fama de avaros, eran por lo contrario, también muy caritativos. Lo
que muchos ignoran es que venían de una cultura de carencias en la que
aprendían a guardar un equilibrio entre la abundancia y la escasez: Durante
la cosecha se consumía lo necesario y se guardaba el excedente. Era la
cultura de pueblos semíticos como árabes, judíos y fenicios. Allí
adquirieron un alto sentido del ahorro, que como dijimos era visto como
codicia, sin que se llegase a comprender que su sistema metódico en el
aspecto económico obedecía más a la necesidad de mantener un respaldo
monetario en un país desconocido, que un puro afán de lucro. Quizá por eso
mi padre clamaba en sentido figurado que le dieran a Venezuela para
gobernarla ¨un año¨, para hacerla productiva y ordenada, para sembrar
doquier seriedad, felicidad, prosperidad y justicia para todos; y
especialmente honestidad y compromiso. A Dios gracias se fue hace muchos
lustros y no alcanzó a atisbar los negros nubarrones que se arremolinaban en
el poniente debido a la incuria de muchos venezolanos y que finalmente
desembocó en la borrasca comunista de nuestros días... que, borrasca al fin,
con absoluta seguridad se extinguirá en su propio accionar...

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Ahora somos nosotros, sus hijos, los que vivimos la invasión extranjera,
suerte de ocupación otomana agavillada donde se conjugan cubanos, rusos y
chinos aupada por Chávez y sus sucesores, que dispendiosos y sin
consentimiento traicionaron y regalaron la patria y malbarataron sus
riquezas. Hemos sido echados de lado, perseguidos por no pensar igual, por
aspirar al mérito y a la excelencia, por ser fieles a la palabra empeñada y
al juramento prestado. Legiones de mal vivientes han sido lanzados a las
calles para secuestrarnos y matarnos, para hacer el país invivible, para
sobre la base de amputaciones forzarnos a abandonar el país en nueva
diáspora de jóvenes íntegros, bien formados, inteligentes que a su vez,
echarán raíces en predios desconocidos. Deseamos para ellos la mayor suerte
y el mejor de los éxitos, pero al mismo tiempo les recordamos -como alguien
dijo- que regresar es el motivo de todo viaje...

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Ahora se repiten tiempos de ocupación extrajera, cubana para más señas,
regalado el país a traidores, ladrones y asesinos y sus métodos de
amedrentamiento del colectivo para hacerse del poder omnímodo, y que les han
sido útiles por más de medio siglo en aquella isla de la infamia, injertados
en esa tierra que mi padre admiró y nunca se cansó de agradecerle, para que
la triste diáspora se repita. Ahora perdemos parte de nuestros cuerpos, se
nos amputa la carne por desgarramiento, nuestros hijos huyen con nuestra
aprobación cuando temen por sus vidas y por la culminación de sus metas cada
segundo, y de paso nuestros nietos se llevan parte de nuestro corazón
desecho sin que sepamos cuándo será el último encuentro, el último abrazo,
el último beso... Pero al menos sabemos que en tierras extrañas sus derechos
humanos y ciudadanos les serán respetados y podrán -como mi padre- echar
fuertes raíces y emprenderán una nueva vida llevando las enseñanzas de su
hogar bajo su piel y transparentándolas en sus acciones. Por ello, nos
conforta el poema  de la Hermana Teresa de Calcuta:




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Pero no se crean que esto se queda así... Ustedes, traidores, ya son
¨periódico de ayer¨. Les derrotaremos con la verdad, con el deseo sincero de
hacer una Venezuela digna y próspera para todos los venezolanos sin ningún
distingo, donde se respete y se promueva la excelencia, la jerarquía del
espíritu y el poder del intelecto en beneficio del bien común, seremos como
el mito del ave Fénix que renacerá de sus cenizas con toda su gloria y será
símbolo del renacimiento físico y espiritual, del poder del fuego, de la
purificación y la inmortalidad con la virtud de sus lágrimas curativas. Por
ello muchachos tengan fe, ustedes regresaran a un país decente, nos
encargaremos de que así sea.


Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas
aromáticas, ponía un único huevo que empollaba durante tres días, y al
tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a
cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna.

Esto ocurría cada quinientos años.




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